Adolfina Martínez Guirado: “Mi reto es que la gente pueda vivir dignamente de su territorio”
LA ENTREVISTA
Su nombre sorprendió cuando Juanma Moreno anunció el equipo con el que remará los cuatro años de travesía de su tercera legislatura como presidente de la Junta de Andalucía. Veinticinco años en la Administración no la habían preparado para una llamada que nunca olvidará. Adolfina Martínez Guirado (Pozo Alcón, 1975) es una de las voces con mayor responsabilidad sobre el futuro de una provincia que conoce desde dentro: Jaén, su tierra, sus sierras y sus pueblos. Con la mirada puesta en sus raíces, los valores inculcados desde la humildad y su acento de mujer, está preparada para afrontar desafíos como la despoblación, los incendios, los montes, los espacios protegidos y la actividad económica ligada al medio rural.
—¿Quién es Adolfina Martínez Guirado?
—El 99% del tiempo soy Fina Martínez Guirado, porque es verdad que es en los dos últimos meses cuando más me han llamado Adolfina que en toda mi vida. Fina es hija de Manuel Martínez y de Adolfina Guirado, una familia muy humilde de Pozo Alcón, unos padres que me enseñaron todo lo que soy hoy, que me inculcaron el valor del esfuerzo y del sacrificio y me dieron lo poco que materialmente tenían. Aquí estoy, prueba de que, con el trabajo y el tesón, se pueden alcanzar metas.
—¿Qué significa la provincia de Jaén para usted?
—Para mí Jaén es casa. Vengo a Pozo Alcón normalmente una vez al mes a visitar a mi padre, que todavía está vivo, y visito también a mi madre, que ya no está viva, pero voy para contarle las cosas, porque sé que es la persona que más se alegraría del mundo de saber el puesto que estoy desempeñando ahora. Vengo a mi casa, a Jaén, a la sierra del Pozo, a Segura y Las Villas, que la he recorrido durante toda mi infancia y mi adolescencia, por lo tanto, para mí es paz y tranquilidad. Ahora la provincia ha pasado a ser mi responsabilidad, soy la referencia que tiene el Consejo de Gobierno de esta tierra y es un orgullo representarla como se merece, porque es un territorio con espacios naturales muy importantes, con el parque protegido más grande de España y el segundo de Europa.
—Tiene recorrido en la Administración autonómica. ¿Se esperaba el nombramiento?
—Esa la pregunta me la han hecho mil veces, o más, desde que me nombraron. Mi respuesta es: ¿Tú te esperarías que te llamara Juanma Moreno? Y me dicen que no. Pues exactamente lo mismo. La verdad es que me quedé muy sorprendida, no daba crédito, y eso que llevo veinticinco años en la Junta de Andalucía, que no son pocos.
—¿Se lo pensó?
—Hay que pensarlo, porque es necesario contextualizar todo. Lo pensé, pero había poco tiempo, porque el presidente esperaba una respuesta rápida y, en este sentido, la vocación de servicio público que siempre me ha caracterizado fue lo que me empujó a asumir la responsabilidad.
—Fue acertada la respuesta...
—Sí, desde mi punto de vista. Estoy conociendo muchas cosas, porque se trata de una Consejería que tiene mucha implicación en todo el desarrollo económico y lo que afecta a la vida diaria de las personas, porque el medioambiente y la sostenibilidad son un factor común. Sigo aprendiendo y estudiando mucho y, en resumen, haciendo lo posible para estar a la altura del servicio público.
—¿Ha recibido consejos de su antecesora, la también jiennense Catalina García?
—Sí, tuvimos posibilidad de hablar el día que hicimos traspaso de carteras. Yo creo que ha hecho un grandísimo trabajo, ha dejado el listón muy alto y ha representado a la provincia de manera magnífica. Me dio varios consejos, muy útiles, de los que me acuerdo cuando sale algún tema. Nos seguimos viendo, porque es parlamentaria y confrontamos ideas a menudo.
—Cuando se sientan los consejeros en una mesa, ¿cuáles son las directrices de Juanma Moreno para el equipo que conforma el Gobierno autonómico?
—Gestión, gestión y gestión, que es por lo que nos tienen que conocer los andaluces. Una gestión, además, eficiente. Él siempre está muy volcado en que tenemos que ser eficientes, dar respuesta a las necesidades de la ciudadanía y, por supuesto, cada uno en su ámbito.
—¿Cada consejero barre para casa o el concepto es común?
—Al final representamos a una provincia, lo llevamos a gala, con orgullo, pero hay un sentir común en el Consejo de Gobierno de servir a Andalucía, a toda la ciudadanía al completo.
—Su primera visita a la provincia como consejera fue a La Olivilla. ¿Qué significado tiene el gesto y que prevé la Junta en este centro?
—La primera visita institucional fue a La Olivilla porque me comprometí a que sería a un espacio emblemático dentro de la provincial. Lo que más me sorprendió, a diferencia de otras consejerías en las que he tenido oportunidad de estar, es cómo la gente te cuenta su vida, no un trabajo, porque la vocación de servicio público que tienen las personas que trabajan allí es sorprendente en términos positivos. La gente vive lo que está contando, lo traslada con mucha emoción y esa empatía te impregna. Fue la primera vez que vi un lince en directo, por lo que fue muy gratificante... Es uno de los cuatro centros de referencia internacional de la Península Ibérica, en el que la Junta de Andalucía invertirá en torno a dos millones de euros para la mejora de las instalaciones y ampliación de aforo, porque hablamos de una historia de éxito, donde han nacido 227 crías y 107 han sido liberadas, una experiencia absoluta de éxito que permite que la colonia esté por encima de los 2.600 y, en Andalucía, 885 hay censados, casi el doble de los que había en 2019, que eran 457. Estamos muy contentos y con ganas de seguir apoyando.
—Pasa algo parecido con el quebrantahuesos...
—Todavía no he podido visitar este centro, pero sí me consta que la recuperación del quebrantahuesos es otra historia de éxito.
—Usted es de Pozo Alcón y conoce bien la realidad de Jaén. ¿Qué problema medioambiental de la provincia cree que lleva demasiados años sin resolverse y que quiere poner personalmente encima de la mesa?
—Hay algo que está en todo el contexto de Andalucía, que son las consecuencias del cambio climático. Los cambios son patentes, suben las temperaturas, hay fenómenos meteorológicos cada vez más extremos, el nivel del mar ha subido..., por lo que hay que hacer lo máximo posible para adaptarse y para mitigar los efectos. En la provincia tenemos una actuación en la finca de Tordesillas, en Montizón, que son veinticinco hectáreas que van a permitir absorber al año más de 1.700 toneladas de CO2, una apuesta importante para contribuir a paliar y mitigar el cambio climático, que lo tenemos aquí y convivimos con él.
—¿Cree que la lucha contra el cambio climático ocupa un lugar predominante en la agenda autonómica?
—Entiendo que sí, sinceramente. El presidente, Juanma Moreno, es un firme convencido y defensor de que el cambio climático existe, está avalado científicamente y que es verdad que los efectos en Andalucía, por su situación geográfica, al sur del sur, pueden ser más incisivo que en otros territorios. Es una convicción que él tiene, que me trasladó personalmente y defendemos que hay que hacer actuaciones y, en este sentido, ocupa un lugar determinante.
“El presidente, Juanma Moreno, es un firme convencido y defensor de que el cambio climático existe y sus efectos son incisivos”
—¿Qué queda por hacer en el bosque andaluz de Jaén?
—Muchas cosas. Uno de los principales problemas, que engarzo con la pregunta de qué cuestión quería poner en la agenda de Jaén, es conseguir que la gente pueda vivir en el entorno rural. Tenemos que ser capaces de compatibilizar el desarrollo económico sostenible con la protección del patrimonio natural. Tiene que ser así. Ese equilibrio es un reto, por lo que tenemos que conseguir que los montes puedan ser aprovechables de manera sostenible, que la ganadería extensiva también forme su papel y sea un medio de vida, lo mismo que la caza, con todo lo que moviliza económicamente... En definitiva, un medio rural sostenible y económicamente viable.
—¿Está aprovechado suficientemente el espacio protegido de Jaén como instrumento para luchar contra la despoblación?
—Nosotros tenemos los planes de desarrollo sostenible que intentan dinamizar toda el área de influencia de los espacios naturales. Tenemos la marca Parque Natural, que da ayudas, que asesora, que pone en valor los productos de la tierra, tanto la miel como los quesos, y todo es susceptible de ser mejorado con más recursos. Es verdad que invertimos todo lo que está a nuestro alcance, intentamos que las infraestructuras estén a la altura de lo que se necesita, como las vías pecuarias o los caminos forestales, y llevar a cabo las inversiones para que la gente entienda que es un modo de vida viable y puede localizarse en el territorio.
“Tenemos que ser capaces de compatibilizar el desarrollo económico sostenible con la protección del patrimonio natural”
—¿Es usted partidaria de la declaración de un quinto Parque Natural en la Sierra Sur?
—La verdad es que no nos ha llegado demanda alguna. Lo que puedo decir es que, como siempre, tenemos la mano tendida hacia cualquier propuesta.
—¿Qué actividad concreta considera hoy que está excesivamente limitada por la normativa ambiental?
—Fíjese que en eso tengo la sensación de que se barrunta o hay una concienciación por parte de la ciudadanía de que las licencias medioambientales limitan la actividad económica. Yo creo que ahí tenemos que poner en valor, en esta legislatura, que el desarrollo económico sostenible y la preservación del espacio natural no son objetivos contrapuestos, sino que tienen que ir de la mano, y que, más que limitar, lo que tenemos que conseguir es responder en tiempo y forma a la ciudadanía. Las personas necesitan saber pronto si pueden llevar a cabo su proyecto de inversión o no, y luego es responsabilidad de la Administración determinar si se cumplen o no los parámetros para lograr esa puesta en marcha de la actividad que se pretende. Ahí es donde tenemos el reto.
—¿La política ambiental de la Junta de Andalucía tiene en cuenta el riesgo de despoblación de los municipios de montaña o se trata el medio ambiente y desarrollo rural como dos políticas separadas?
—No se tratan como separadas. Nosotros, con la Consejería que lleva a cabo todo lo que tiene que ver con el Desarrollo Rural tenemos una relación fluida, constante e inmediata, porque son políticas sinérgicas, no puede ser de otra manera. Al final, lo que hace Agricultura para fijar la población al territorio tiene que estar en simbiosis con Medio Ambiente. Se trata de sumar y lograr un mayor valor añadido. En esa coordinación estamos el consejero y yo.
—¿Qué respuesta tiene usted a la preocupación de los ayuntamientos por la implantación de plantas de biogás?
—Efectivamente, preocupa a los ayuntamientos porque son ellos los que tienen la llave final, para decidir la implementación de los proyectos en sus territorios. La Junta de Andalucía tramita todas las peticiones que llegan, no puede ser de otra manera, y en función de unos parámetros que se aplican se consigue, o no, la autorización ambiental. Eso se produce al margen de que, después, el ayuntamiento, en pleno, tiene que determinar el valor social extra para decidir sobre el futuro de esa planta. Nosotros solamente aplicamos la normativa.
—¿Cuál es su posicionamiento?
—El respeto a la norma. Todos tenemos que tener en cuenta que el desarrollo económico sostenible y la protección del patrimonio natural tienen que ir de la mano y en la búsqueda de ese equilibrio es donde nos tenemos que encontrar y seguir avanzando.
—Empezó el verano con la reparación de la Ruta del Río Borosa a medias. El ciudadano de Jaén tiene la impresión de que las administraciones siempre llegan tarden. ¿Está de acuerdo?
—Puedo compartir esa impresión, desde el punto de vista del tiempo que llevamos, pero creo que fue muy ejemplificante ver cómo tuvo que llevar un helicóptero las pasarelas de la Cerrada de Elías, lo que pone de manifiesto que no es nada fácil. Es prácticamente un trabajo artesanal, mediante el que hay que ir moviendo casi piedra a piedra y tratando al terreno con delicadeza. En Semana Santa se abrieron dos kilómetros, luego se amplió hasta la Central Hidroeléctrica y para antes de que acabe el año esperamos tenerlo terminado. La inversión es de 500.000 euros y hacemos lo posible para llegar en tiempo y forma, pero no nos lo pone nada fácil la orografía.
—¿En qué punto se encuentra la redefinición del convenio de gestión forestal que existe, desde 1944, entre el Ayuntamiento de Jaén y la Junta?
—Efectivamente, desde 1944, un antiguo consorcio. Tenemos la mano tendida para poder llegar a un convenio que ya tienen treinta y cuatro municipios en la provincia conforme a la nueva normativa. Seguimos trabajando y estamos a disposición del Ayuntamiento de Jaén.
—Cuando hay un incendio, un temporal o árboles caídos en el monte de Santa Catalina, ¿quién tiene realmente la responsabilidad de actuar: el Ayuntamiento o la Junta?
—La gestión integral corresponde al Ayuntamiento y nosotros tenemos lo que se llama la gestión del vuelo forestal, el aprovechamiento de la masa forestal, ya está. Ese consorcio hace que las cosas sean así. Si evolucionamos y consensuamos un convenio, adaptaremos a la normativa del siglo XXI las condiciones de gestión.
—¿Están preparados los montes para reducir los incendios?
—Se hace un esfuerzo tremendo. Es verdad que la actualidad nos pone de manifiesto que los incendios grandes pueden suceder en cualquier momento, y a la prueba nos remitimos con Niebla, Los Gallardos o Gibraleón. Es cierto que se trata de auténticas tragedias y catástrofes. ¿Se hacen actuaciones desde la Junta de Andalucía? Sí, directas y a través de ayudas para los titulares de los montes privados para que puedan llevar a cabo tareas preventivas selvícolas. Hay que tener en cuenta un dato muy importante: la mitad del territorio de Andalucía, más de cuatro millones de hectáreas, son forestales, de las que el setenta y uno por ciento son de titularidad privada. El esfuerzo tiene que ser conjunto y siempre intentamos ayudar para que la prevención sea prioritaria. Los fuegos no se apagan cuando se producen, sino en invierno, con tareas de prevención.
“Los fuegos no se apagan cuando se producen, sino en invierno, con tareas de prevención. El esfuerzo tiene que ser público y privado”
—¿De qué manera incentiva la Junta de Andalucía las labores propias del pastoreo para mantener limpio el monte?
—Eso es competencia de la Consejería de Agricultura y Desarrollo Rural y, a través de ayudas de la PAC, fomentan el pastoreo. Nosotros, de forma sinérgica, nos aprovechamos de la ganadería extensiva, que es la que contribuye a comerse la biomasa que luego alimenta los incendios. Hay ovejas bomberas voluntarias que tenemos muy en cuenta.
—¿Cuál es su compromiso con el problema de accesibilidad en Roblehondo?
—Confieso que lo conozco mucho antes de ser consejera. Es algo que, sin contexto, cuenta mucho entenderlo. Son personas que, por la propia orografía, están situadas en una zona de muy difícil acceso, ellas mismas lo reconocen, hacer una pista forestal es prácticamente imposible, y me consta que se está haciendo por parte de las administraciones implicadas un estudio para darles una solución, que no es fácil ni rápida, pero hay trabajo detrás.
—¿Está bien gestionada la caza como recurso de conservación del ecosistema?
—Los números de la caza hay que ponerlos en contexto siempre para que seamos capaces de ver la importancia que tienen en el desarrollo económico de Andalucía. Son más de 163.000 cazadores, que mueven más de 1.700 millones de euros en el Productor Interior Bruto. ¿Están los recursos bien gestionados? Ellos tienen que poner en valor, y nosotros en colaboración, las funciones fundamentales que realizan, porque ayudan a conservar la biodiversidad, dinamizan la economía y fijan a la población en el territorio.
—Pasa como con el olivar, recurso ambiental interesante.
—Este paraíso interior, mar de olivos, es mucho más que producir uno de los mejores aceites de oliva, y no digo el mejor por aquello de no tirar para la tierra, por lo que ahora tenemos el reto de poner en valor los setenta millones de olivos como recurso ecosistémico, es decir, desde el punto de vista de sumidero de carbono, porque absorbe mucho CO2. Es muy importante junto con el valor de potenciación del turismo y ser parte de actividad económica con todos los derivados que tiene.
—¿Qué camino queda en lo concerniente a la economía circular y la gestión de residuos?
—Creo que queda un camino importante hasta que la sociedad asuma que, efectivamente, la economía circular es la solución a muchos problemas. Yo digo habitualmente en la Consejería que los vertederos son las minas de ahora y del futuro, con más fácil acceso que las que están debajo de tierra, algo que debemos tener en cuenta. Tenemos que potenciar los hábitos de consumo, de producción y de todo lo que afecta al medioambiente y debemos ser capaces de cambiar ese mantra de usar y tirar por la nueva idea de que el producto tiene que ser duradero, tiene que reintegrarse tantas veces como se pueda dentro de la cadena productiva, que pueda ser usado varias veces y reducir los residuos. El esfuerzo es importante, las inversiones son cuantiosas y la Junta apostará por esta materia y, además, apoyando a los ayuntamientos, que son los que tienen la competencia directa en la gestión de los residuos.
—Usted llega a una Consejería que conoce desde fuera y a una provincia que conoce desde dentro. Dentro de cuatro años, cuando vuelva a Pozo Alcón, ¿qué le gustaría poder decir que cambió en Jaén gracias a su propia gestión?
—Me gustaría poder ver a la gente de mi generación allí, que está viviendo de forma digna y que es un pueblo que tiene dinamismo económico, que ha sido capaz de mantener y atraer a la población, porque ha sabido conjugar lo que siempre digo, el desarrollo económico y la preservación del espacio natural, que en Pozo Alcón es importante y les animo a visitarlo, si no lo conocen.
—¿Qué le quita el sueño?
—Para ser sincera, esta noche pasada me ha quitado el sueño esta que es mi primera entrevista. Con carácter general me preocupa la exposición pública que lleva aparejado el cargo. Es cierto que con veinticinco años de funcionaria he visto cómo funciona la Administración, el trabajo no me da miedo, pero la exposición pública es una variable nueva y temo no saber controlarla.
—¿Qué le hace feliz?
—La felicidad son pequeñas burbujas de felicidad, que nos van alimentando día a día, y en el ámbito que me toca y con la responsabilidad que tengo me hace feliz terminar el día y llegar a casa con la convicción de que como servidora pública he hecho todo lo posible para mejorar Andalucía, y en concreto Jaén. Eso es lo que me llevo a la cama todas las noches y me da fuerza.