Abogada de las causas perdidas
Estudió en el colegio Manuel Andújar de La Carolina y terminó COU en el instituto Martín Alhaja con matrícula de honor. Eligió Sevilla para estudiar Derecho por cuestiones de operatividad familiar. El tiempo libre que busca debajo de las piedras lo dedica a su familia y a sus amigos. Define a sus primos como sus hermanos primos y busca excusas para propiciar el reencuentro. Leer es otra afición.
En un rincón de la provincia, allí donde José María Aznar tenía el padrino de sus hijos, nació la mayor de tres hermanas en el seno de una familia que encontró en las políticas sociales el pilar para sustentar una vida no exenta de dificultades. Ángeles Férriz Gómez, de la quinta del 78, apuntaba maneras desde la cuna y, después de los avatares de una trayectoria que quedará resumida en esta crónica, se propuso derrotar a la derecha en un verdadero bastión nacional y, con esfuerzo, lo consiguió. Rompió moldes dentro y fuera de su casa, porque no tuvo antecedentes políticos, se convirtió en la primera secretaria general del Partido Socialista de La Carolina, representó el estreno de una mujer en la Alcaldía y, ante todo, fue la única que logró “jubilar” a don Ramón —Ramón Palacios—, un histórico del Partido Popular cincuenta y ocho años mayor que ella.
Siempre apegada a su tierra, estudió en el colegio de su pueblo, terminó el instituto con Matrícula de Honor y, como su abuelo le llamaba “abogaílla de pobres”, decidió estudiar Derecho, precisamente, para intentar acabar con las injusticias. Eligió la Universidad de Sevilla porque unos tíos le facilitaban la estancia y, gracias a las becas y a sus buenas notas, terminó la carrera y se colegió en Jaén. Lo de la oratoria nunca se le dio mal. Desde pequeña despuntó en los consejos escolares y, ya como universitaria, fue portavoz de los estudiantes de Derecho de toda España. Por cierto, empezó la Licenciatura de Periodismo en el viejo edificio de la calle Gonzalo de Bilbao, pero tuvo que abandonar para trabajar. Sin embargo, nunca abandonó la formación y, en la actualidad, estudia Gestión y Administración Pública en la Universidad de Jaén.
Se afilió al Partido Socialista el 20 de febrero de 1996, con los 18 años recién cumplidos. El primer acto público que recuerda fue repartiendo condones, en el Día Mundial contra el Sida, en la puerta de los institutos. Lo hizo en un municipio en el que los negaban, entonces, en las farmacias. Ahí empezó a tomar conciencia de lo que tenía a su alrededor y justo en ese momento sintió que empezaba a “señalarse” en un entorno poco propicio para ello. Residía con su madre y sus dos hermanas en una vivienda social que les permitió la independencia y levantar cabeza en un contexto de estrecheces en el que, no obstante, imperaba el optimismo. Es un ejemplo para quienes promueven las políticas sociales como herramienta para llegar hasta el lugar que una persona se proponga con el único límite de la capacidad propia. Sin trampa ni cartón. Su primera inclusión institucional fue con 25 años, como concejala en la oposición en tiempos de Javier Casino. Fue subir al atril y dejó a todos con la boca abierta. Ángeles Férriz se convirtió en el azote de la derecha y empezó a dar más de un dolor de cabeza a quienes, según sus propias palabras, manejaban el Ayuntamiento de La Carolina como un “cortijo”.
Fue su verdadera puesta en escena y, a tenor de las circunstancias, centró las miradas y enamoró a propios y extraños. Sirva como paréntesis que la soltura con la palabra hablada le viene de su trabajo en Liga Española de Debate Universitario, en la que hoy es jueza. El caso es que, en la siguiente legislatura, fue candidata a la Alcaldía y, contra todo pronóstico, la democracia descabalgó del poder a don Ramón. La primera mujer en lo orgánico y en la gestión, demostró que se crece ante las adversidades y, sobre todo, dejó como legado para su tierra el lema de que “se puede”. Pasó por el calvario de una moción de censura y aguantó el tipo en la oposición.
Ya estaba Ángeles Férriz catapultada a la fama. Hasta recibió la llamada de José Luis Rodríguez Zapatero, entonces presidente del Gobierno, como síntoma de su trascendencia política. Doce años estuvo apegada al municipalismo hasta que, siempre a disposición de su partido, se estrenó en el Parlamento de Andalucía como número tres por Jaén, una provincia de la que nunca se desligó y en la que mantiene su residencia y su proyecto de vida como madre de un hijo que cambió por completo su horizonte.
No se quedó atrás en el seno de unas siglas en las que llegó a ser la número dos cuando Gaspar Zarrías, después de definirla como “animal político”, dejó lo público y le sustituyó Francisco Reyes. Diputada provincial, parlamentaria, portavoz de Presidencia y del partido... Ha tocado todos los palos y, ahora, quiere ser secretaria general del PSOE de Jaén. Su intención es demostrar, una vez más, que “se puede” y su carta de presentación no es más que una vida en la que nunca salió de su boca la palabra “pereza”. Inmune al desánimo, tremendamente familiar, cercana, con carácter y de armas tomar, no llegó a ser jueza como quizás hubiera querido, pero tiene la suerte de estar en un lugar en el que se puede luchar contra las injusticias y defender a los más vulnerables. Sus mejores amigos se los dio la política y aspira a conservarlos.
FORMACIÓN: Licenciada en Derecho por la Universidad de Sevilla
AFICIONES: La familia, los amigos y la lectura
Militante desde los 18 años
Se afilió al Partido Socialista justo cuando cumplió los 18 años. Guarda “como oro en paño” aquel carné de cartón doblado que sólo tienen los históricos.
Concejala en la oposición
En las elecciones municipales de 2003, con 25 años, el Partido Socialista le dio la oportunidad de estrenarse como concejala. No consiguieron ganar, pero ejerció el municipalismo desde la oposición.
La primera alcaldesa
La Portada de Diario JAÉN del día después de las elecciones municipales de 2007 fue compartida entre Ángeles Férriz y Carmen Peñalver, dos mujeres que hicieron historia en La Carolina y en la capital, respectivamente. Dos años y medio después, regresó a la oposición por culpa de una moción de censura que dio la Alcaldía a Francisco Gallarín. Se mantuvo en la oposición y, en las siguientes elecciones, fue en la lista al Parlamento de Andalucía como número tres por Jaén.