José Luis Munuera Montero ofrece una estimulante conferencia en el Attendis Talks
El domingo impartió justicia en el derbi madrileño entre el Real Madrid y el Atlético de Madrid, y ayer volvió a la tierra que le vio nacer para dar una lección de esfuerzo y superación. José Luis Munuera Montero es, aunque a él no le guste definirse así, un ejemplo a seguir en muchas facetas de la vida. El árbitro internacional jiennense participó en una conferencia del Attendis Talks organizada por los colegios Altocastillo y Guadalimar en el Teatro Infanta Leonor, donde hizo un repaso por su trayectoria vital y profesional para analizar aspectos como la gestión del error o el valor de las oportunidades.
El acto, que registró una gran asistencia, comenzó con la presentación por parte de la directora del colegio Guadalimar, Inmaculada Sánchez-Tembleque Letamendía, y el director del colegio Altocastillo, Manuel Martínez Collado, que pusieron en valor la carrera de su antiguo alumno, al que agradecieron su predisposición. Durante su intervención, Munuera Montero puso el foco en lo que denominó “la tribu”, ese entorno cercano donde, según explicó, empieza todo lo que somos. En este sentido, subrayó el papel fundamental de la familia como base del desarrollo personal. “Compartir momentos, especialmente los difíciles, es lo que más te curte y te mantiene con los pies en el suelo”, manifestó.
En este sentido, el colegiado repasó también episodios clave de su vida, como las dificultades económicas que obligaron a su familia a abandonar su hogar en 1998. Una experiencia que, lejos de debilitarle, contribuyó a forjar su carácter y su forma de enfocar sus desafíos, y de la que asegura haber extraído una lección muy importante. Sobre su carrera profesional, iniciada a los 15 años, insistió en desterrar la idea de que los logros son fruto inmediato. “Ningún resultado es flor de un día. Hay un recorrido detrás”. Además, introdujo un elemento poco habitual en discursos sobre éxito: el azar. “Yo no sé por qué he llegado yo. Existe un factor de suerte. Uno no llega porque sea mejor que otro, sino por circunstancias”, afirmó, aunque admitió que sin una base de trabajo detrás, triunfar resulta extremadamente complicado.
En esa línea, reivindicó una definición distinta del talento. “El talento es levantarse, analizar por qué no lo has conseguido y seguir adelante”, aseguró. Uno de los ejes centrales de su ponencia fue la gestión del error, ámbito en el que quiso compartir su propia experiencia como árbitro. “Es imposible eliminar el error. La vida no funciona con certezas, sino con probabilidades”, señaló. Por ello, defendió la importancia de la humildad. “Tenemos que reconocer cuando nos equivocamos. Es mejor abrirle la puerta a los fallos”, apuntó al mismo tiempo que reconoció que en su día a día se enfrenta a distintas situaciones en las que se equivoca, algo que se acentúa con la llegada del VAR, una herramienta que ayuda a rectificar, pero que implica reconocer que se ha cometido un fallo.
Asimismo, quiso desmontar algunos prejuicios sobre su profesión, tan denostada, injustamente, en el mundo del deporte. “El árbitro es quien aplica la norma. No somos los sancionadores ni los malos de la película, aunque podamos equivocarnos”. Finalmente, Munuera Montero puso en valor el papel de las oportunidades como motor de cambio. “La oportunidad transforma la vida de las personas, tanto la nuestra como la de los demás”, expresó mientras añadió que la vida está llena de momentos de este tipo, en los que la toma de decisiones pueden resultar determinantes. Una idea que ilustró con distintas historias personales, con las que buscó conectar con el público más allá de su faceta profesional. “El éxito nunca es individual, siempre es colectivo”, concluyó.
Para terminar, los representantes de los centros educativos, junto a los patrocinadores, hicieron entrega de dos cheques a la Asociación Red Madre y la Fundación Escuela y Familia, beneficiarias al 50% de la recaudación económica.