Visita a la utopía del “Cerro Libertad”

El SAT mantiene desde abril la “okupación” de la finca, propiedad de un banco, pese a la sentencia de desalojo

23 ago 2017 / 10:45 H.

Llegar a la finca “El Aguardentero”, rebautizada por el Sindicato Andaluz de Trabajadores, como “Cerro Libertad”, no es tarea fácil. El que suscribe este reportaje tan solo sabía que para llegar a esta inmensa finca de 75 hectáreas y unos 6.500 olivos había que coger un carril agrícola ubicado en algún punto de la carretera entre el Puente Tablas y el Puente de la Sierra. Cuando le pregunté a un vecino que estaba dando un paseo por la zona, me miró con cara de extrañeza. Después, cuando le dije que estaba ocupada por jornaleros, al paisano se le iluminó la cara: “Ah, sí. Esa debe ser la finca a la que va la Guardia Civil todos los días”, respondió para indicar, a continuación, cuál era el camino de acceso. Nada más entrar en la vereda de tierra, se aprecia bien a las claras que la finca es territorio del SAT. La bandera de este colectivo ondea por todos lados.

La visita de un periodista y de un fotógrafo de Diario JAÉN se hace por sorpresa. Sin avisar. El objetivo es comprobar cómo se vive en la parcela, que fue “ocupada” por un centenar de personas el pasado 1 de abril. Han pasado más de cinco meses y medio y la vida pasa en “Cerro Libertad”. En el porche del inmenso cortijo existente en la parcela almuerzan los cinco jornaleros que ese día —el pasado 10 de agosto— están en la finca. Son Alberto, Víctor, Fran, María y Zora. “Acabamos de venir de la huerta”, dicen, mientras nos muestran las sandías, los melones y las berenjenas que han recogido. Nos invitan a sentarnos con ellos. Varios perrillos remolonean en busca de las sobras. “No te preocupes que no hacen nada”, dice Alberto, el que lleva la voz cantante. La primera pregunta es obligada: ¿No os habéis movido de aquí desde el 1 de abril? “Siempre procuramos que haya gente. Hemos hecho turnos y nos relevamos. Aquí hay mucho que hacer”, explica Víctor, mientras apura el plato de comida. Es una especie de pipirrana, hecha solo con productos criados en la huerta de la finca. “Con la okupación, además de pedir la libertad de Andrés Bódalo, también queremos reivindicar que la tierra no puede estar inactiva. No puede ser que el banco mantuviera esta finca parada desde hace cinco años. Nosotros estamos demostrando que puede dar jornales y que puede mantener a muchas familias”, añade este joven sindicalista, quien anuncia que tienen muy avanzados los trámites para crear una cooperativa agraria.

Alberto Aranda, el mayor de los cinco y uno de los sindicalistas más activos, hace de guía por el “Cerro Libertad”. Hace mucho hincapié en mostrarnos fotos de cómo estaba el cortijo el 1 de abril y cómo se encuentra en la actualidad. El cambio, desde luego, es evidente. Hace cinco meses y medio, la maleza envolvía el edificio y prácticamente no se podía entrar. Hoy, es una casa en la que se puede vivir. Eso sí, sin lujos. En la parte de arriba están los dormitorios, donde hay varios camastros. Abajo, la cocina, con un hornillo y un frigorífico; la despensa —en la que se almacenan las hortalizas frescas y los botes de conservas que ya han hecho— y un salón grande. La vida diaria se hace en el porche, al aire libre. Allí tienen, incluso, una pequeña piscina de plástico, como la que utilizan los niños pequeños. Aseguran que todos los arreglos se han hecho con aportaciones de miembros del sindicato y con las ventas de los productos que han ido cosechando. Otra parte de la producción, según el SAT, se ha repartido “en cestas para los más necesitados”.

Los miembros del colectivo se muestran especialmente orgullosos del trabajo que han hecho en el campo: han desbrozado olivos que estaban “prácticamente perdidos” y, donde antes había un picadero de caballos, ahora recogen tomates, pimientos y berenjenas. Al lado, cuidan de dos cerdos y de una docena de gallinas: “La tierra debe ser para quien la trabaja”, dice, utópico, Alberto. La finca es propiedad de un banco, que lo adquirió a raíz de un embargo a una empresa constructora. “Hemos querido sentarnos a negociar con ellos para tratar de alcanzar un acuerdo y que esta parcela sea productiva. No quieren”, remarca Víctor. La entidad, que declina comentar este asunto, presentó una denuncia por la ocupación y un juzgado condenó a una mujer por un delito de usurpación. Los otros 19 acusados fueron absueltos. “A la Junta le pedimos que aplique su propia ley de la Reforma Agraria y que expropie esta finca, porque lleva cinco años sin que nadie la explote”, analiza Alberto. Lo que puede ocurrir es lo contrario, que la Guardia Civil acuda cualquier día y los desaloje en cumplimiento de la sentencia judicial que así lo ordena. Solo falta que esa decisión sea firme. “Cuando vengan, nos iremos”.

Mientras tanto, la vida pasa en “Cerro Libertad”, donde ya se prepara la cosecha de otoño. Están labrando otra parcela para plantar cebollas y patatas; y siguen desbrozando olivos: “Si tuviéramos un tractor...”

146 días “de trabajo”
idcon=12904420;order=16

La finca “El Aguardentero”, ubicada junto al cerro San Cristóbal, entre Jaén y La Guardia, fue ocupada por miembros del SAT el pasado 1 de abril. El acto de protesta estaba encabezado por Diego Cañamero, el líder jornalero y diputado de Podemos por Jaén. Participaron más de un centenar de personas, que hicieron coincidir este acto de protesta con el primer aniversario de la entrada en prisión de Andrés Bódalo, condenado a tres años y medio de cárcel por lesiones. Desde entonces, han pasado 146 días en los que, según el SAT, la presencia de miembros del colectivo ha sido permanente: “Aquí no hemos hecho otra cosa que trabajar”, aseguran.