Feriantes y caseteros rezan para que no llueva durante las fiestas

Últimos detalles antes de que arranquen los días grandes de la capital

11 oct 2019 / 11:00 H.

Difícil es ir en contra de la tradición, y pocas hay tan “certeras” como el agua en plena Feria de San Lucas en la capital. Aun así, los que viven de las fiestas hacen todo lo que está en sus manos para poder abrir al público en unas horas. “Solo espero que no llueva, sería una lástima, porque cuando empieza a caer agua la gente se queda en el centro y entonces no baja al ferial”, comenta Antonia González en mitad del montaje de la hamburguesería “El Chato”. De hecho, si las nubes se están quietas, las expectativas “son muy buenas”. Es la primera vez que su familia abre en el recinto ferial “Alcalde Alfonso Sánchez Herrera” y afirma que han recibido muy buenas recomendaciones para estar en Jaén. González y su familia son de Zafra, en Badajoz y viven de feria en feria. Son unas trece las que han recorrido este verano y esperan “cerrar a lo grande” en Jaén.

Juan Rivas y Paqui Ramírez son un matrimonio que lleva varias décadas con su puesto de almendras garrapiñadas a la entrada de la feria. Son parte de este mundo de olor a algodón de azúcar y farolillos desde antes del nuevo ferial, cuando San Lucas se celebraba en Felipe Arche. “Siempre hay mucha gente, sí, pero también es verdad que no gastan como antes”, apunta Juan Rivas, que recuerda con nostalgia cómo, hace años, bajaban por las mañanas al ferial los matrimonios. “Ya no vienen tanto, más bien en los días fuertes, los festivos, no es el movimiento de antes”, detalla Rivas. Sin embargo, vuelve a colocar su puesto porque tienen buena previsión. “Jaén no se puede comparar con Málaga o Sevilla, es imposible, tienen menos habitantes y la gente también es diferente, pero las ganas de feria siempre están presentes y nosotros intentamos ofrecer lo mejor”, señala y, por ello, continúan ofreciendo las garrapiñadas al mismo precio que hace veinte años, al menos para intentar recuperar con las ventas lo gastado por estar ahí. “Los precios aquí son una barbaridad, hemos pagado lo mismo que en Sevilla, a ver si para más adelante lo bajan, porque esto es una barbaridad”, concluye Juan Rivas.

Antonio Hoyos es jiennense “de toda la vida”, de Ejido de Belén. A sus 61 años, prácticamente se crió en la Feria de San Lucas y, de ahí, al resto del país. Entre él y su hijo se han recorrido este año más de cincuenta ferias y, tras acabar en Jaén, volverán a coger carretera para más ferias pequeñas y medievales. “El problema de este oficio es que hay mucho trabajo y poco beneficio, entre las tasas, dar de alta al personal y lo demás, son gastos continuos”, apunta Hoyos, que añade el aumento de las inspecciones de trabajo. “Hay todos los días, por lo que es importante estar con todos los papeles al día o pueden cerrar el puesto al momento”, explica.

“Yo lo único que pido es que no llueva, porque se carga la feria, la gente no viene y nosotros, que ya hemos encargado y pagado el género, nos quedamos con él, sin poder hacer nada”, cuenta Hoyos, que mira al cielo a la espera de ser escuchado y que el tiempo respete los días de feria.

Mientras tanto, la maquinaria sigue en funcionamiento para ultimar los detalles antes del gran día de apertura. Las estructuras ya están montadas y el sonido de los martillos dio paso al de las escobas y los recogedores, para dejarlo todo “como los chorros del oro”. Feriantes y caseteros se dedican en cuerpo y alma para ofrecer durante los días de celebración los momentos de diversión que tanto ansían los jiennenses y cientos de visitantes que pisarán el recinto ferial a partir de mañana, sábado. Solo falta que se rompa la tradición y, con suerte, no llueva.