Enrique Fuentes Ibáñez, otra vez detenido por adulterar aceites

La Guardia Civil arresta al empresario jiennense y a otras ocho personas

28 may 2016 / 11:15 H.

Otra vez Enrique Fuentes Ibáñez. El nombre del empresario jiennense, encarcelado desde hace menos de un mes por el caso Iniosa, vuelve a estar relacionado con una supuesta trama dedicada a la adulteración de aceite de oliva. La Guardia Civil lo sitúa en el centro de una “organización criminal” dedicada, presuntamente, a mezclar distintas grasas de girasol, aguacate y palma con aromatizantes y colorantes, para que el producto resultante pareciera aceite de oliva. Los agentes se incautaron de 120.000 toneladas de esta mercancía fraudulenta que iban a ser distribuidas como oro líquido.

En el marco de esta investigación, denominada operación “Cloroil”, han sido detenidas nueve personas: además de Enrique Fuentes Ibáñez, han sido arrestados su hijo Enrique F. P., también en prisión desde hace varios meses por un fraude a la Hacienda Pública; y los dueños de cuatro almazaras de las provincias de Jaén, Córdoba y Granada. A todos los arrestados se les imputan delitos de pertenencia a organización criminal, contra la salud pública, contra los consumidores y falsedad documental. El caso tiene extraordinarias similitudes con la operación “Lucerna”, desarrollada por la Guardia Civil en 2012 y que también tuvo a Fuentes Ibáñez como principal protagonista. Entonces, se desmanteló una supuesta trama dedicada a mezclar aceites de coco y palma con oliva.

La nueva investigación, desarrollada por la Policía Judicial de la Comandancia de Jaén, comenzó a principios de este año, gracias a informaciones aportadas por el propio sector aceitero. Diversas fuentes alertaron al Instituto Armado de que en la planta de refinado de Mengíbar, vinculada a la familia de Enrique Fuentes, se podría estar manipulando aceite utilizado para la fabricación de combustible biodiésel con la intención de hacerlo pasar por aceite de oliva.

A partir de ahí, la Guardia Civil activó un dispositivo de vigilancia, tal y como relató el jefe de la Comandancia, Luis Ortega Carmona, cuando ayer dio a conocer los detalles de la operación “Cloroil”. Se detectó que la refinería estaba recibiendo partidas de aceite de girasol, procedentes de Francia, de Palma, que llegaba desde Ecuador, y de aguacate, exportado de Grecia. “Traer esos productos a España es totalmente legal”, aclaró Juan Lillo, el subdelegado del Gobierno.

Sin embargo, lo que resultó sospechoso es que la planta de refinado de Mengíbar también adquirió aromatizantes y colorantes, “productos que no son necesarios para la actividad que desarrolla”. Los agentes, además, tuvieron en cuenta un indicio más. Esa fábrica no está dada de alta para manipular alimentos. Las piezas comenzaban a encajarse en un puzzle de gran complejidad y cuyo centro volvía a situarse la figura de Enrique Fuentes Ibáñez.

Así que la Guardia Civil, apoyada por técnicos de la Consejería de Agricultura, realizó un registro en las instalaciones de la fábrica y en los espacios administrativos de la empresa. A partir de ahí se puso al descubierto que los aceites de palma, aguacate y girasol, convenientemente manipulados, habían sido enviados a dos almazaras de la provincia, situadas en la aldea alcalaína de San José de la Rábita y en Mancha Real, y a otras dos ubicadas en Las Gabias (Granada) y Carcabuey (Córdoba). Presuntamente, la intención era mezclar el producto obtenido en la refinería de Enrique Fuentes con aceite de oliva y distribuirlo como tal. “Estamos casi completamente seguros que ese producto fraudulento no ha llegado ni al mercado ni a los consumidores”, aclaró el teniente coronel Ortega Carmona.

El negocio era redondo. Un litro de girasol a granel cuesta entre 40 o 50 céntimos. Hay que tener en cuenta que, según los investigadores, por cada cinco litros de ese aceite manipulado se añadía tan solo un litro de aceite de oliva. A pesar de la escasa proporción, la mezcla era tan perfecta que podía engañar a los catadores más expertos, con lo que las ganancias eran cuantiosas.

En esas cuatro almazaras, cuyos responsables fueron detenidos, la Guardia Civil inmovilizó las 120.000 toneladas de aceite “maquillado”. Según los análisis, era grasa de girasol, aguacate y palma, con aroma de tomillo y ajo y una sustancia que resultó ser clorofila magnésica liposoluble al 16 por ciento —de ahí el nombre de la operación—. “De este modo, conseguían darle la apariencia externa de aceite de oliva”, explicó el jefe de la Comandancia.

El rastro de la mercancía. En los cinco registros realizados, la Guardia Civil también intervino numerosa documentación. En un primer análisis, los investigadores han comprobado que se han falsificado “albaranes de entrada, salida, cartas de porte y lugares de origen y destino”. Con ello, pretendían borrar el rastro que deja el aceite de oliva, es decir, impedir su trazabilidad.

El jefe de la Comandancia quiso dejar claro que la mezcla de aceites es un fraude y, también, un peligro para la salud pública. Explicó que la combinación de distintas grasas puede ser un riesgo para aquellas personas que presenten sensibilidad a ciertas sustancias por la presencia de alérgenos (aguacate y palma), ya que no podrían ser identificadas por el consumidor. Asimismo, aclaró que, en el proceso de calentamiento del producto obtenido, se podrían generar residuos perjudiciales para la salud, ya que cada uno de los componentes se quema a una temperatura distinta.

La operación, que ya se da prácticamente por concluida, conllevó la detención de Enrique Fuentes Ibáñez, considerado el cabecilla del grupo, y de su hijo mayor, Enrique. Curiosamente, ambos encarcelados para cumplir condenas por otras causas también relacionadas con su actividad empresarial. Se da la circunstancia de que el aceitero ingresó voluntariamente en prisión por la estafa del caso Iniosa un día antes de que la Guardia Civil culminara los arrestos de la operación “Cloroil”.

Los otros detenidos en el marco de esta investigación son trabajadores de la refinería de Mengíbar y los cuatro responsables de las almazaras donde se había llevado el aceite adulterado para su posterior mezcla.

El precedente de la operación “Lucerna” se quedó en fraude fiscal

Si fueran películas, la operación “Cloroil” parece la segunda parte de otra operación, bautizada como “Lucerna”. Siguiendo con el símil cinematográfico, ambas comparten a Enrique Fuentes Ibáñez como protagonista en el papel de “malo”, mientras que “los buenos” son los agentes de la Guardia Civil. La trama en ambas historias tiene que ver con la supuesta mezcla fraudulenta de aceites. “Lucerna” supuso un terremoto en el sector oleícola en el año 2012. Entonces, la Benemérita dio por desarticulada una organización que, presuntamente, comercializaba como aceite de oliva una mezcla de caldos de calidad inferior —principalmente, coco y palma— que habían sido exportados desde Suramérica. Hubo 19 detenidos. Finalmente, solo se presentaron cargos contra dos de los acusados por no pagar impuestos. En concreto, los empresarios oleícolas Enrique Fuentes Íbañez y Calogero Agro fueron condenados a cuatro años de cárcel y al pago de una multa de un millón de euros cada uno. La Audiencia de Jaén los condenó por defraudar casi 900.000 euros a Hacienda a través de un complejo entramado de sociedades centradas en el negocio del aceite de oliva. Esa sentencia está recurrida ante el Supremo. Fuentes Ibáñez está cumpliendo condena por el caso Iniosa, una estafa a decenas de olivareros de Jaén y Córdoba.

Expertos. Un complejo sistema de refinado
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“Utilizaban procedimientos muy complejos. Afinan cada vez más a la hora de hacer las mezclas”, explicó el jefe de la Comandancia. En la refinería de Mengíbar, se podían “convertir”, al menos en apariencia, caldos de menor calidad en aceite de oliva. Presuntamente, se sometía el girasol a un refinado y se mezclaba con aceites de palma o aguacate, se le añadían aromatizantes (tomillo, ajo), colorantes, clorofila magnésica y carbón activo. Para su detección ha sido fundamental la ayuda de los técnicos de la Junta.

Tranquilidad. El producto no llegó al mercado
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La Guardia Civil quiso lanzar un mensaje de tranquilidad a los consumidores para asegurar que el aceite adulterado no llegó a los anaqueles de los supermercados. Según desveló el jefe de la Comandancia de Jaén, la intención era combinar las grasas de aguacate, palma y girasol convenientemente maquilladas con aceite de oliva y venderlo como tal. “No tenemos constancia de que lo hicieran anteriormente”, sostuvo Luis Ortega Carmona. Juan Lillo, el subdelelgado del Gobierno, agradeció la colaboración del sector.