Tradición, riesgo y risas en el singular redondel de Noalejo

La provincia disfruta de una tarde única de toros marcada por la bravura de las reses, la maestría de los valientes y el ambiente festivo entre remolques y sombras
Algunos momentos de la suelta de reses. / Juanfran Paredes / Diario JAÉN.
Juanfran Paredes

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Madera, hierro y albero. Materiales conforman una argamasa que da forma a un vibrante espacio muy diferente a los que se pueden contemplar en los otros pueblos de la provincia de Jaén. Noalejo tiene uno de los festejos taurinos más diferentes y divertidos de los que se pueden divisar entre todos los que hay en el periodo estival. Y lo disfrutan en compañía de propios y varios extraños que no se quieren perder lo que se vive en este cuadrilátero irregular donde las reses son dueñas y señoras de la arena.

La segunda jornada de la suelta de astados en este curioso corral cercado por vallas de madera y hierro y remolques que sirven como gradas, comenzó pasadas las siete de la tarde. Aguantando el calor del ocaso canicular, tanto espectadores como valientes buscaban las sombras de los chambaos montados encima de los remolques y que dotaban de algún respiro para aquellos que buscaban recuperar el resuello tras los primeros quiebros, carreras y engaños a las vacas que campaban a sus anchas por el recinto.

El tanteo entre animal y hombre siempre hacía las delicias del respetable, cuyo clamor se alzaba en cada momento que las situaciones de lance se sucedían, a las daban cuenta de su éxito con una sonora tromba de aplausos, o por lo contrario, alertando del peligro si la vaca andaba más lista de la cuenta y adivinaba el quiebro. Pocos fueron los percances que hubo en la tarde noalejeña. Alguna cogida, algún susto que mantuvo por unos segundos en vilo los corazones, pero sin mayor importancia. Es más, viendo que tras los percances no les pasaba nada a los agraviados, no tardaban las voces del público en bromear y dar juego a una tarde donde reinaron las risas, causadas por el trapío de unas vacas con bravura y tamaño.

Una tradición que conjuga mucho más que el disfrute y el riesgo, sino que va más allá de las raíces del pueblo. Familias unidas que se divierten igual que lo hicieron sus antepasados.

El sentir de los vecinos reflejó la honda arraigo de este festejo. Joaquín Sánchez López, que lleva “más de 30 años montando la plaza para las fiestas”, destacó cómo la gente ”lo vive con mucha vida” en un recinto que “siempre está lleno”. Para José Lomas Valdivia, se trató de “un evento para el pueblo, una tradición de siempre” que rememoró con nostalgia: “Mi padre me traía cuando yo era niño y nos encantaba a los dos”. Por su parte, Francisco Valverde Olivas subrayó el carácter pasional y festivo de la localidad asegurando que “este pueblo es taurino y en las fiestas se disfrutan dos cosas: los toros y la Virgen”, en unas jornadas donde “se sueltan cuatro vacas todos los días”. El peso de la historia lo refrenda Manuel Santos Ruiz, recordando que ”esta tradición data de siglos; antes los toros se hacían dentro del pueblo, y mucho antes en la Plaza de España”. Finalmente, Francisco Valverde Martínez coincidió en que estas fechas representaban “los mejores días de las fiestas, estos y la procesión de la Virgen”, remató que “esta fiesta se vive con mucha afición y mucha sangre”.