Tal día como hoy en 2009 publicábamos: Homenaje de La Guardia a Cristóbal Robles por sus cien años
Tal y como publicó este periódico hace diecisiete años, el 7 de junio de 2009, Cristóbal Robles López recibió el cariñoso homenaje de sus familiares y convecinos de La Guardia. Cumplía un siglo de vida marcado por el trabajo para sacar adelante a una abundante prole y por un carácter afable que lo hace muy querido. Cuando Cristóbal Robles López vino al mundo reinaba en España Alfonso XIII. Este guardeño cumplía, justo ese día, un siglo de vida. En esos cien años, sus pupilas presenciaron los principales acontecimientos que han marcado el municipio durante buena parte del siglo XX y el comienzo del XXI.
La conmemoración de tan especial aniversario fue aprovechada por la familia de Robles, sus amigos, vecinos y el Ayuntamiento para tributarle un sentido reconocimiento. Pese a lo desapacible de la situación meteorológica, decenas de personas se reunieron en el domicilio del protagonista, una casa de la calle Portillo San Pedro que albergó una fiesta conmemorativa. La música animó la velada. No quisieron faltar sus seis hijos, sus trece nietos y sus nueve biznietos. Muchos de ellos lucieron unas camisetas conmemorativas del cumpleaños, con la cifra 1909 (el año de nacimiento de Robles). Asimismo, se acercaron hasta su hogar vecinos y amigos, así como las autoridades, representadas por el alcalde, Juan Morillo, que entregó a Cristóbal un recuerdo alusivo de la ocasión. Las viandas y las bebidas completaron el ambiente festivo de la noche.
Nació en el entorno de La Plaza. Desde niño su quehacer estuvo ligado al campo. De su matrimonio con Ángeles Sánchez Rosa nacieron seis vástagos. Su desvelo fue, siempre, trabajar con ahínco para que no le faltara de nada. Para ello, se dedicó a la agricultura, principalmente a cuidar los pocos olivos que tenía, y a la ganadería. Criaba cabras y ovejas, de las que vendía la leche, y otros animales domésticos como cerdos, conejos o aves. Uno de sus nietos, Cristóbal Robles Jiménez, destaca la humanidad del que es el habitante más longevo de La Guardia y su carácter afable y sencillo. Esta circunstancia hace que sea un hombre muy apreciado. El “abuelo” guardeño conservaba una mente muy lúcida y llena de recuerdos e historias.