Tal día como hoy en 2008 publicábamos: Así son las vacaciones en el paraíso interior de Jaén

El Parque Natural de Cazorla, Segura y Las Villas y las riberas de los caudales que cruzan Sierra Morena esconden rincones mágicos en los que se puede compartir chapuzón con los peces
Dos niños juegan en la orilla de la zona recreativa de El Charco de la Pringue, en Villanueva del Arzobispo. / Archivo histórico Diario JAÉN.
Diario de Jaén

Tal y como publicó este periódico hace dieciocho años el 18 de julio de 2008, disfrutar de la naturaleza al aire libre durante el día es algo que estaba casi vetado para los jiennenses en esta época del año. Las altas temperaturas complicaban los paseos por el campo y restringen el horario para hacer deporte. Las piscinas municipales se convertían en un recurso asequible para quienes no querían pasarse el día entre cuatro paredes, y las escapadas a la playa los fines de semana hacen que, los pequeños oasis de la provincia pasen desapercibidos para quienes aprovechaban sus días libres para huir de la provincia. Pero en el interior, generalmente entre frondosos árboles, se escondían pequeñas playas naturales. En el Parque Natural de Cazorla, Segura y las Villas cualquier charco era bueno para darse un chapuzón, siempre y cuando el bañista se comprometa a hacer un pequeño esfuerzo por mantener limpio el lugar y tenga cuidado con las rocas. Pero para mayor tranquilidad de las familias existían zonas habilitadas para el baño. Una de ellas es el Charco de la Pringue, en el municipio de Villanueva del Arzobispo. Cuenta con un área acondicionada para los domingueros, con un pozo que aprovecha el cauce del Guadalquivir para hacer las veces de una bañera gigante con el agua muy fría. La Cueva del Peinado también era ideal para pasar el fin de semana en familia. Una plataforma de madera hacía las delicias de los más intrépidos, que trepaban a lo más alto para saltar a la parte más profunda del pozo. Para mayor seguridad de los más pequeños, Mogón aprovechó el transcurso del río Aguascebas para construir una piscina natural para los habitantes y visitantes de este pueblito de la Sierra. A 200 metros, las aguas en las que todos los días se entretenían jóvenes y no tan jóvenes desembocaban en el Guadalquivir. Los pantanos de Sierra Morena, a la altura de la Sierra de Andújar, también podían salvar un fin de semana de aburrimiento. El embalse del Encinarejo, que se abastecía de las aguas del río Jándula, contaba con una zona habilitada para los bañistas. Es un paraje ideal, adornado por vegetación de ribera, como sauces, alisos, almeces, tamujos o adelfas. Para quienes preferían disfrutar de la naturaleza en su estado más puro había un rincón semioculto en la misma sierra, cerca de La Carolina. El Centenillo era una zona casi desconocida para los jiennenses, que parecían preferir la playa a las aguas casi cristalinas de este río, poblado por los habitantes propios de la ribera. Por eso, si alguien pensaba acercarse hasta el charco, había que estar preparado para compartirlo con ranas, grillos y peces.