Tal día como hoy, en 2002, publicábamos: Ya se escucha la berrea en la Sierra de Andújar y el Parque Natural de Cazorla, Segura y Las Villas

Los sesenta mil ciervos de la provincia se aparean en un bello espectáculo que sirve de reclamo turístico
Dos ciervos en el Parque Natural de Cazorla, Segura y Las Villas. / Archivo histórico Diario JAÉN.
Diario de Jaén

Tal y como publicó este periódico hace veinticuatro años, el 14 de septiembre de 2002, por estas fechas, las sierras de Jaén se inundaban de sonidos excitados. Los machos de ciervo bramaban sin cesar al amanecer y al anochecer: era tiempo de berrea. Durante el celo, los ciervos emitían un sonido profundo y largo, parecido a un mugido de vaca. Al parecer, el berrido se relacionaba con su habilidad en la lucha. Contemplar a los ciervos durante la berrea era un espectáculo para los sentidos y en la provincia de Jaén se convirtió en un reclamo turístico. Agustín Madero, jefe del Departamento de Flora y Fauna de la Delegación de Medio Ambiente de Jaén, auguraba que este año no tendría tanta espectacularidad porque, para ello, tendría que haber llovido en agosto. Aún así, Sierra Morena y el Parque Natural de Cazorla, Segura y Las Villas se preparaban para recibir a numerosos visitantes. Agustín Madero les hacía una recomendación. No era aconsejable acercarse demasiado a los ciervos en celo. Estos animales eran inofensivos sólo en apariencia. Si se les molesta podían llegar a ser muy peligrosos. La comarca de la Sierra de Andújar y, sobre todo, la de Cazorla, con su economía poco boyante, encontraron una nueva e importante fuente de ingresos.

Los turistas que acudían a las sierras para contemplar la belleza de la berrea no tenían un perfil concreto. Eran en su mayoría ecologistas, fotógrafos y cazadores, pero también predominaban las personas que sólo deseaban disfrutar del gran espectáculo natural. Peleas de astados Después de la berrea, los mugidos de los ciervos dejaban paso al sonido de las astas. Los ciervos se peleaban entre sí porque rivalizaban para conseguir el mayor harén de hembras. Su objetivo era cubrir a todas las que podían para transmitirles sus genes. Tras varios días de luchas agotadoras, los machos ganadores cubrían a las hembras. Desde mediados hasta finales de septiembre los machos de ciervo se encontraban en su máximo esplendor. Lucían unos cuernos regenerados y fuertes con los que golpearán a sus contrincantes sin llegar a herir al rival. Los ciervos perdían y renovaban cada año su cornamenta; a últimos de marzo, el animal sufría la pérdida de astas y a los pocos días comenzaban a crecerle los nuevos cuernos.

Delimitación del territorio

Las cuernas no eran su único carácter identificativo, pues solían marcar sus territorios con glándulas odoríferas que poseían en los lagrimales del ojo y con orín. En esta época, los machos adultos presentaban el vientre y las patas de un color mucho más oscuro que el resto del pelaje a causa de sus años en charcos empapados de barro y orín. Esta costumbre tenía una función territorial de carácter olfativa. Otros cambios fisiológicos que aparecían en el macho eran el desarrollo de una fuerte musculatura en el cuello, que le serviría para la lucha, y cambios en la caja torácica, que le permitirán emitir los profundos bramidos de la berrea. El celo ocurre en septiembre porque en los campos nace mucha hierba en mayo para que las crías pudieran comer. No sólo la estacionalidad de la comida provocaba la concentración de la berrea en esta época. También, la presión de los depredadores clásicos del ciervo, como el lobo, puede influir. Una población de lobos se verá desbordada si todos los cervatillos nacen al mismo tiempo. También, el hombre hace un efecto parecido cuando, por medio de la selección artificial, eliminaba las crías tardías de las poblaciones de ciervos.

La caza también constituía una importante fuente de ingresos en las comarcas pobladas de ciervos. Mariano Pastos, delegado de la Federación Andaluza de Caza en Jaén, destacaba que, por un trofeo de primera categoría, se podían dar trescientos euros. Pastor fue partidario de matar a los ciervos antes de que entraran en decadencia; esto ocurría cuando el animal llegaba a su octavos o noveno año de vida.