Rafi Lorente, maestra y defensora de las tradiciones: “Con 19 años ya era maestra y empecé a trabajar”
Hablar de educación y de tradiciones populares en Villanueva de la Reina es, para muchos vecinos, hablar inevitablemente de Rafi Lorente López. Maestra durante más de cuatro décadas, directora del Colegio Público Santa Potenciana durante más de veinte años y una de las primeras mujeres que ocupó ese cargo en la zona en los años de la Transición Española, su trayectoria está profundamente ligada a la vida cultural y social del municipio. Su vocación nació muy pronto, cuando apenas era una niña. La responsable fue una maestra que marcaría su destino: Isabel Agüero, natural de Villa del Río (Córdoba), quien despertó en ella la pasión por la enseñanza y por las actividades culturales dentro de la escuela. “Fue una maestra extraordinaria. Le gustaba mucho cantar, le gustaba el teatro, y cuando yo tenía ocho años me puso a hacer teatro. Aquello me marcó mucho y me dieron ganas de ser como mi maestra”, recuerda Rafi.
“Isabel Agüero fue una persona clave en mi vida. Cuando yo tenía ocho años, me puso a hacer teatro. Aquello me marcó mucho y ahí surgió las ganas de ser como mi maestra”
En una época en la que no era habitual que las mujeres estudiaran, especialmente en entornos rurales, ella fue la única de sus hermanos que continuó su formación. “Éramos cuatro, pero yo fui la única hija que estudió. Luego ya la situación económica mejoró, pero en aquellos años no todos tuvimos las mismas oportunidades”, explica. Aquella influencia fue decisiva. Entre funciones teatrales y actividades culturales, Rafi descubrió que su lugar estaba en las aulas. Su formación también fue acelerada. Durante su etapa académica cursó varios niveles prácticamente al mismo tiempo, realizando ingreso, bachillerato y las pruebas necesarias para acceder a la Escuela de Magisterio. Ese ritmo le permitió empezar a ejercer muy joven. “Con 19 años era maestra y con 19 años empecé a trabajar”, recuerda. Sus primeros destinos estuvieron vinculados a la Educación Infantil, lo que entonces se denominaba párvulos o preescolar. Comenzó en su propio municipio, después pasó por centros de la zona —entre ellos, Andújar— hasta que finalmente desarrolló gran parte de su carrera en el CEIP Santa Potenciana de Villanueva de la Reina. Allí impartió sobre todo matemáticas, una asignatura que siempre se le dio especialmente bien. “La memoria no era lo mío. Me estudié la Reconquista muchísimas veces y nunca me la supe, pero las matemáticas siempre se me dieron bien”, comenta con humor.
Para preparar algunas materias, tuvo que esforzarse especialmente. Durante una época, viajaba muy temprano a Andújar para recibir clases particulares con un profesor del instituto y regresar después a tiempo para entrar al colegio donde trabajaba. Su llegada a la dirección del colegio tampoco fue algo planificado. Surgió de forma inesperada cuando el entonces director, Roque Lara, dejó el cargo para asumir responsabilidades políticas en la Diputación y en el Ayuntamiento. “Eso vino caído del cielo”, recuerda. El consejo escolar decidió que ella debía asumir el puesto. Así comenzó una etapa que se prolongaría durante más de dos décadas al frente del centro. Su nombramiento fue también significativo en un momento en el que la presencia femenina en cargos directivos era aún muy reducida. “En las reuniones de directores éramos tres o cuatro mujeres nada más. Incluso cuando estuve en la comisión provincial de comedores escolares durante mucho tiempo fui la única mujer”, explica.
“Era muy importante que los niños vivieran las tradiciones desde el colegio. Cuando cantaban las coplas, tocaban la zambomba o participaban en el carnaval o la romería, no solo era una actividad, sino que aprendían la cultura de su pueblo”
La figura de Rafi Lorente trasciende la educación académica. Para ella, la escuela también debía ser un espacio donde los niños conocieran y vivieran las tradiciones del pueblo. Desde el colegio, impulsó numerosas iniciativas culturales que, con el tiempo, se convirtieron en parte esencial del calendario festivo local. Una de las más destacadas fue su labor en Las Mononas, una celebración popular que combinaba música, canto y convivencia. El trabajo comenzaba desde el inicio del curso. “Entrábamos en septiembre con el almirez y la zambomba y ya empezábamos a ensayar las coplas del nacimiento”, recuerda. Durante los recreos reunía a los niños que querían participar. El grupo no pertenecía a una sola clase: cualquier alumno que quisiera cantar o tocar un instrumento podía sumarse. Allí aprendían a manejar instrumentos tradicionales como la zambomba, las castañuelas o el bombo. Cada niño encontraba su lugar. “Al que no se le daba bien cantar le decía: tú tocas muy bien el bombo”, explica entre risas. Otra de las celebraciones que impulsó fue el carnaval escolar. Inspirándose en el modelo de los coros carnavalescos, organizaba agrupaciones de alumnos que preparaban repertorios completos. Los niños interpretaban introducciones, pasodobles, cuplés y popurrís, además de disfrazarse con temáticas diferentes cada año.
A lo largo del tiempo surgieron agrupaciones con nombres como “Los Pijos”, “Los Plastilinas” o “Los de Luto”, siempre con el objetivo de fomentar la creatividad y el trabajo en grupo entre los estudiantes. Otra de sus iniciativas más recordadas fue la creación de la romería infantil dedicada a Santa Potenciana, patrona de Villanueva de la Reina. La idea surgió después de visitar en Andújar una romería infantil vinculada a la Virgen de la Cabeza. “Pensé que si ellos tenían una romería chica, nosotros también podíamos tener una”, explica. Con la colaboración de vecinos y familias se organizó todo: una pequeña imagen de la santa, estandartes, estatutos y la elección de hermanos mayores infantiles. Incluso los costaleros ensayaban con la ayuda de voluntarios. El día de la romería, los niños se vestían con trajes tradicionales y recorrían el pueblo cantando, en una procesión que unía tradición, educación y convivencia. Su implicación con las tradiciones del municipio también se extiende a la Semana Santa. En su propia casa se custodian elementos vinculados a una de las devociones más arraigadas del pueblo: el Señor de la Columna. Aunque no poseen la imagen, en su vivienda se conservan parte de los enseres del paso: la ropa, las velas y otros elementos que forman parte del patrimonio de la cofradía. “En mi casa tenemos el estandarte y muchas cosas del Señor de la Columna. Mi marido es el encargado de custodiarlo porque en su familia siempre han sido muy devotos”, explica. Durante sus más de cuarenta años, Rafi Lorente vio pasar por sus clases a varias generaciones de vecinos de Villanueva de la Reina. Esa relación cercana facilitó también su etapa como directora, basada en el respeto mutuo y la colaboración entre familias y profesorado. A lo largo de los años impartió principalmente matemáticas en la segunda etapa de primaria, combinando la docencia con la gestión del centro. Tras más de cuarenta años en la enseñanza, Rafi Lorente se jubiló en 2010. Su legado, sin embargo, permanece en la memoria de quienes fueron sus alumnos, en las tradiciones que ayudó a mantener vivas y en la historia educativa de Villanueva de la Reina.