Martinho supone el último “vagón” de borrascas
La expresión “tren de borrascas” se ha hecho popular. Y es que, desde principios de mes, sucesivas perturbaciones han regado la España peninsular, Andalucía y, por supuesto, Jaén. De las perturbaciones que han circulado las últimas semanas, cuatro han sido bautizadas al tratarse de depresiones de alto impacto. Se trata, por este orden, de Jana, Konrad, Laurence y Martinho. Con los frentes de esta última tempestad, que, entre hoy y la próxima madrugada, da sus últimos coletazos, se cierra, de momento, el grifo jiennense. Eso está claro. La cuestión es, a partir del martes, ¿habrá anticiclón o “anticiclonazo”? Dicho de otra forma, las célebres altas presiones de las Azores se quedarán solo unos días o marcarán la primavera. Aunque todavía es pronto para vaticinarlo, las últimas salidas de los modelos apuntaban a una situación transitoria, con lo que abril llegaría, al menos en sus comienzos, húmedo. A favor de la opción mojada, está un acontecimiento meteorológico espectacular ocurrido a cientos de kilómetros, un calentamiento súbito estratosférico.
Sus consecuencias son una alteración de la dinámica atmosférica, con una enorme transferencia de energía. Dicho de otra forma, en desalojos de aire frío. Lo que queda por ver es si esas lenguas gélidas afectan a la península ibérica o a otras áreas, como Norteamérica. La clave también estará en que persista en bloqueo anticlónico en latitudes altas, como Islandia, Groenlandia o Escandinavia. Igualmente, debe tenerse en cuenta que la primavera, con el creciente calor que la caracteriza activa tormentas, sobre todo si las condiciones en las capas altas de la atmósfera acompaña. Sin embargo, hay que recordar el ejemplo de 2024, cuando, después de un marzo mojado, con más de trescientos litros por metro cuadrado en varias zonas, que deslució la Semana Santa, en abril prácticamente no cayó una gota, a excepción de tormentas puntuales, como la que descargó en la aldea alcalaína de Charilla. Luego llovió a principios de abril y ya prácticamente no hubo precipitaciones, salvo algunos chubascos muy irregulares en junio y los chaparrones que descargaron a lo largo de agosto.
Balance
A falta de las cantidades definitivas que se sumen estos días, se espera que los volúmenes de precipitación de marzo de 2025 no superarán a los de 2024 en muchos sitios por el parón pronosticado para la próxima semana. Durante el fin de semana, dentro de los observatorios de la red Suremet, el récord estaba en los 32,5 litros por metro cuadrado en el observatorio del Camino de la Plata, en la sierra de Andújar. El de La Carolina Sur, rondaba los 18,5.
Los datos de marzo, recogidos por la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, registraban hasta ayer, hasta 343 litros por metro cuadrado en El Encinarejo, también en la Sierra Morena andujareña y 306,2 en Siles, como valores más significativos. En la mayoría de los casos se han superado los cien e incluso los doscientos. Las excepciones se hallan en sombras orográficas, como Larva, con 70,6; El Cortijuelo (Quesada), con 78,1, y Pedro Marín y El Donadío (Úbeda), respectivamente con 96,9 y 96,5.
Como aspecto curioso, en muchas áreas de campiña —abiertas a los vientos procedentes del valle del bajo Guadalquivir— ha llovido lo mismo o más que en las montañas. Y es que las borrascas, como impulsadas por un trampolín han entrado en dirección norte, noroeste, de modo que han regado comparativamente más a los puntos occidentales, con independencia casi de su altitud. En cuanto al año hidrológico, las precipitaciones de marzo han alterado los niveles que había, hasta superar la media anual cuando aún faltan abril, mayo o incluso junio, que pueden dejar agua. En otros puntos, aún no se ha llegado a la media por estas fechas.