La Casa-Palacio de Torrequebradilla reúne a sus moradores tras ocho décadas

Los antiguos inquilinos se dan cita ante el inmueble para reivindicar su legado histórico y su recuperación
Los antiguos moradores de la Casa-Palacio de los Condes de Torralba, en el encuentro celebrado en Torrequebradilla. / P. Espinosa / Diario JAÉN.
Pablo Espinosa Luna

Antonia, Paqui, Ana, Carmen, Diego, María Dolores, José, Agustín, Jacinta, Francisco, Damián, Dolores, Josefa, Rosario y Valentina. Quince nombres, quince historias de vida que confluyen a través de los años en un lugar, a veces onírico, a veces real: la Casa-Palacio de los Condes de Torralba. La otrora casa solariega fue el escenario donde se dieron cita ayer tras años lejos de sus puertas, las mismas que un día daban la bienvenida al que fue su hogar, donde corrieron, rieron, trabajaron, lloraron y la realidad de la vida les pasó por encima. Eran los primeros años de la posguerra, cuando el hambre apretaba, y el sustento se ganaba de sol a sol en los campos de cereales y cebada que circundan lo que hoy toma el nombre de Torrequebradilla.

Así la encontraron llegados desde Jamilena, Ciudad Real, Vados de Torralba, Figueras (Gerona), Baeza o Almería, quebrada. Quebrada por el inexorable paso del tiempo, con puntales sosteniendo las vigas de madera que forman su estructura, con tejas desprendiéndose poco a poco de una cubierta que hoy ya no existe, y con las aves anidando en lo que un día fueron sus habitaciones. La tristeza por la estampa se conjugó con la alegría del reencuentro de los Checa, Liébana, Pérez, Padilla, Burgos, Cámara, Cazalla, Jiménez u Olmo, apellidos que daban sentido a la “oficialidad” del registro censal, aunque a la lumbre confluyeran las ollas de los Periche, los Paleta, los niños de la Expiri, o los Papica.

El encuentro estuvo auspiciado por los Ayuntamientos de Villatorres y Jamilena —la mayoría de jornaleros provenían del municipio del sur del Área Metropolitana— aunque el nombre de Margarita González sea el auténtico valedor —aunque no el único— de la apuesta por reconocer y conocer el legado histórico que estrecha lazos a más de cincuenta kilómetros de distancia. Un autobús fletado acortó el camino entre generaciones, poniendo luz a los años del hambre, dando sentido a las “batallitas” que se contaron, porque las familias de los “supervivientes” de la Casa-Palacio de los Condes de Torralba estuvieron presentes, arropando los abrazos que hacía décadas que no se daban, escuchando los derroteros vitales de sus mayores, y comprendiendo de donde vienen y teniendo un poco más claro a donde van.

Tras los saludos protocolarios y los deseos de los representantes institucionales de que la cita no quedase en el recuerdo y diera paso a la tradición, los protagonistas se dirigieron hacia la plaza de la parroquia de San Francisco de Paula, donde la organización tenía dispuesta una pantalla que sirvió de altavoz a los que no habían podido estar presentes. A ello se le sumó un día de fiesta pendiente, llegado desde el mes de abril, pues a San Marcos se le debía una fiesta que la lluvia arrebató por aquel entonces, una deuda que se saldó a golpe de barra, parrilla y música. La programación llevó al cronista oficial de Jamilena, José Carlos Gutiérrez hasta el atril dispuesto en la escalinata parroquial. Allí tomó la palabra para repasar lo que los censos electorales marcaban, el número y el nombre de los que la habitaron, de los que engrosaron la casa solariega durante años, con especial atención a los que llegaron desde Jamilena.

El relevo lo tomó el historiador local Arcángel Bedmar, quien repasó la historia que envuelve al núcleo de Torrequebradilla, pasando y repasando las labores del campo que le dieron sentido o las circunstancias de la época que lo labraron. Gutiérrez y Bedmar coincidieron en un mensaje que fue ovacionado con rabia: “Hay que recuperar la Casa-Palacio”. Un mensaje directo a las instituciones para que una parte de la historia, del legado, no se pierda en la oscuridad del tiempo. El Coro Rociero San Marcos cerró con música una cita que sus protagonistas grabarán a fuego en sus corazones.