Gurumbé: el campamento itinerante que une valores, diversidad y naturaleza en Jaén
Gurumbé era el término relacionado con el ritmo olvidado de los esclavos andaluces en la época colonial. Cientos de años después, el Campamento Supervivientes acoge esta palabra como su apellido para plasmar los valores que les representan. El Campamento Supervivientes-Gurumbé es más que una colonia de verano para niños: es un grupo de personas que prestan su tiempo y su voluntad con el objetivo de crear un mundo mejor.
Este original campamento tuvo sus orígenes en el municipio de Fuensanta de Martos, cuando un grupo de jóvenes de la parroquia se unió con la finalidad de que los niños jiennenses conocieran el patrimonio natural, humano e histórico de su propio pueblo, ya que “muchas veces ni ellos mismos son conscientes de toda la riqueza que tiene su pueblo”. El coordinador del campamento, Jesús Castro, declara cómo surgieron los inicios: “Fue la inquietud de un grupo de personas de la parroquia en aquel momento, con jóvenes del pueblo, que veían que había pocas alternativas de actividad de ocio y tiempo libre para los niños y jóvenes de allí”.
Y es que en esta aventura estival tienen muy claros sus valores y principios. Se representan con las siglas SIEN: Solidaridad, Interculturalidad, Espiritualidad y Naturaleza. Castro explica que, de todos estos términos, la interculturalidad es el más representativo: “Vienen muchas familias musulmanas y latinas. Sabemos que en nuestra sociedad se necesita el diálogo entre distintas culturas y sentirnos familia todos, entender la diversidad como una riqueza. También cuidamos mucho la alimentación, si ellos tienen una comida especial, el tema de alergias y demás. Compramos carne halal y hacemos lo posible para que nos sintamos todos incluidos en el conjunto de actividades”.
La solidaridad hace referencia a la globalidad del campamento, empezando por el dinero: son 80 euros para una convivencia de 7 días con todo incluido, así que las familias con menos recursos también participan. El valor humano y social que ayuda a otros de manera desinteresada es una de las filosofías más importantes para esta iniciativa. En cuanto al término “espiritualidad”, que no suele ser tan conocido como el resto de principios mencionados, nació en el ámbito cristiano creyente, pero ellos lo entienden como una manera global. Es decir: ampliar la mirada de los chicos a un enfoque más profundo y contemplativo del entorno y de las personas. Durante 7 días, los niños permanecen sin móvil y en contacto con la naturaleza, lo que les permite atender y concentrarse mucho más. “Le damos mucho valor a ese sentimiento de unión que nos conecta a todos, ya sea desde la empatía, la fraternidad o los valores compartidos”. La naturaleza hace referencia al entorno en que pasan todos estos días. El paisaje cercano de los pueblos está presente en todas las ediciones. De hecho, una de las actividades propuestas más clásicas es pasar el día entero en zonas de río que no son tan conocidas.
Esta edición del campamento está formada por 170 niños, 30 monitores y 16 coordinadores. En total, entre participantes, monitores, coordinadores y equipos de cocina y habilitación, cada día se implican alrededor de 300 personas. A pesar de que los inicios comenzaron en Fuensanta de Martos, cada año cambian de localización. Una de las muchas peculiaridades de este camping está en el dinamismo y la riqueza de ubicaciones naturales a lo largo de la semana. Durante todos estos años han pasado por municipios jiennenses como Cabra del Santo Cristo, Bedmar, La Iruela, Cazorla, La Carolina y Santa Elena, entre otros. Este año se congregan en la comarca de Sierra Mágina, en Cambil, Arbuniel y Huelma. El cambio de sede implica un despliegue logístico importante. “Se trata de un campamento itinerante. Tenemos un equipo de cocina de Cambil, con colaboradores de aquí, pero cuando pasemos a Arbuniel tendremos un nuevo equipo de cocina de allí, y cuando pasemos a Huelma tendremos un nuevo equipo, y todo lo van a hacer altruista y gratuitamente, por lo que, de algún modo, creen en los valores de este campamento”, explicó Jesús Castro ante la complejidad de organizar algo así, con énfasis en la importancia de las personas que se prestan de manera voluntaria a cooperar. “Esto solo se puede hacer con la ayuda de los colaboradores de los pueblos. Si no se implican sería imposible, porque ellos son los que nos reciben, los que nos facilitan, los que si hay cualquier imprevisto tenemos confianza con ellos para solucionarlo”. La cooperación de los pueblos está directamente relacionada con el principio de solidaridad: dar sin esperar recibir nada a cambio con la intención de hacer del mundo un lugar mejor.
Otra de las singularidades son las temáticas propuestas. Cada año, el campamento acoge un tema que abarca toda la semana. Esta edición es el turno de los planetas del sistema solar, bajo el título “El Valle de las Estrellas”: “El año pasado éramos insectos, para apreciar las cosas pequeñas del universo. Este año, somos planetas, nos hacemos llamar consejeros estelares”. Las temáticas planteadas no son casualidad: son una manera dinámica y creativa de enseñar y concienciar a los niños. Es una forma diferente de enseñar historia, ciencia, valores y conocer el entorno que les rodea. Todo empezó el primer año con el eje temático de animales de la península ibérica en peligro de extinción. “La primera edición, en 2015, la llamamos superviviente, en el sentido de, no tanto de sobrevivir a lo que sea, sino de cuidar lo pequeño y lo frágil. Es decir, que lo pequeño sobreviva, y que se revivan y revaloricen los pueblos pequeños, y también aquellas cosas que debíamos cuidar. Entonces, el primer campamento fue animales de la península ibérica en peligro de extinción. Luego ya fuimos añadiendo otros objetivos que entran dentro de nuestros principios básicos del campamento”, explicó el coordinador.
Algunos otros ejemplos de hilos conductores a lo largo de estos años fueron las tribus y pueblos del mundo en peligro de extinción; “Tierra a la Vista” por el 500 aniversario de la vuelta al mundo de Magallanes desde el punto de vista de los pueblos; “Arborígenes”, árboles del mundo en peligro de extinción; “El Sentido del Agua”, con la dinámica de cuidarla; “El Tesoro de Sierra Mágina”, para aprender sobre los pueblos medievales de la provincia y, por último, “Insectividas”, ya que los insectos son los grandes olvidados del planeta a la vez que son la mayoría de los seres vivos.
Este año, para realizar actividades relacionadas con la temática, los niños tienen una noche de visión a las estrellas. Otra de las cosas que más les caracteriza es la dinámica de dormir al aire libre. “Muchas familias preguntan: Pero, ¿dónde van a dormir, en un albergue? ¿Se llevan tiendas de campaña?’ Digo, no, no. Van a dormir al aire libre”, recalca.