Emoción y tradición en el primer encierro de la Feria de Villacarrillo
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La mañana en Villacarrillo se abrió con olor a churros con chocolate y barreras. Los vecinos salían de sus casas escondidos entre los burladeros para llegar a las principales calles que más tarde se convirtieron en la carrera oficial por la que pasaron los toros y bueyes. A las 9:00 horas de la mañana ya se arremolinaron los villacarrillense en torno a las barreras con sus grupos de amigos, familias o peñas. Ataviados con las camisetas que se diseñaron para el momento y con bolsas de churros en sus manos comenzó la primera mañana de suelta de reses en Villacarrillo. Con motivo de la Feria y Fiestas de 2026 en honor del Santísimo Cristo de la Vera Cruz y Nuestra Señora del Rosario, se preparan unos días alrededor de los tradicionales encierros que tanto disfrutan desde vecinos hasta visitantes de este municipio. Sonaron los cohetes cerca de las 9:35 horas, con cierto retraso de lo marcado en el itinerario pero que hizo estallar al público en un grito de emoción casi al unísono junto a la charanga “Politonos” que marcaron el comienzo del encierro. En la esquina de la calle del Convento, donde aparece la curva de Santa Ángela, fue donde más personas esperaron a los reses. Dando saltos y echando unas miradas a los compañeros, veían cómo a lo lejos se acercaban más y más los animales. En las barreras de madera, subidos y tras ellos, vecinos y aficionados de los encierros vitoreaban a los valientes que echaron a correr delante, detrás o incluso al lado de los toros. En la primera tanda, los ejemplares llegaron rápido a la curva donde alguno resbaló pero no llegó a caer. Los hubo que no dudaron en provocarlos con pañoletas sobre sus cabezas o tocando los lomos de los animales sin respuesta alguna a la provocación ya que iban de cabeza a la plaza de toros. En la segunda tanda, las calles se notaron más abarrotadas y hubo más corredores por delante de los animales. Tres bueyes y un toro fueron los encargados de cerrar el ciclo de carreras por la calle dejando una jornada sin lamentar ningún trágico suceso y con toda normalidad. Tras ello, pasaron a la capea de tres toros en el coso del municipio, donde el público pudo bajar al albero y realizar una exhibición de recortes durante la cita. Allí, fueron numerosos participantes los que se atrevieron a ponerse delante de los ejemplares en la plaza para poder recortarlos y correr delante de ellos. El primero dio bastante juego a los que saltaron, pero el segundo se atascó. Cuando parecía que ya no podía más, los responsables de la ganadería intentaron llevárselo pero no hubo manera hasta que lo torearon durante otro largo rato más. Con silbidos en las gradas tras el largo tiempo del segundo ejemplar, tuvieron que sacar los bueyes para intentar encerrarlo. El último de ellos disfrutó poco sobre el albero. Una mañana inolvidable.
Francisco Turnes Salido destacó que “Es una tradición muy multitudinaria, viene mucha gente y disfrutan mucho. Son días para ello y para estar todo el día en la calle con amigos y familia”, un sentimiento que complementó Maribel Castillo Martínez al afirmar que “Estas jornadas es lo mejor que tenemos. Es pura adrenalina y emoción. Nosotras ya somos mayores y nos subimos a los balcones de amigos para verlos mejor”. Por su parte, Andrea Colomina Ruzafa enfatizó la importancia de mantener vivas estas costumbres señalando que “Yo que ya no vivo aquí, vuelvo cuando puedo en estos días porque me gustan estas tradiciones y hay que seguir con esto de mayores a los más pequeños”, al tiempo que José María Ruíz del Barco compartió la perspectiva generacional explicando que “Como padres ahora lo vivimos de otra manera diferente a cuando éramos más jóvenes. Aún así, vengo con ellos para que disfruten como yo lo hacía”. Finalmente, Juan Tíscar Hidalgo resumió el ambiente festivo concluyendo que “Estos días son una locura. Viene una gran cantidad de gente y nosotros que vivimos aquí todo el año, nos encanta ver las calles llenas para los encierros”.