Devoción sin límites bajo el sol de Venta de los Santos

El Santísimo Cristo de la Expiración procesiona por la pedanía arropado por multitud de vecinos en un emotivo reencuentro con sus raíces
Santísimo Cristo de la Expiración. / Pablo Espinosa Luna / Diario JAÉN.
Diario de Jaén

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Llegó el día más esperado en Venta de los Santos, cuando la alegría se desboca y todas las miradas apuntan al mismo lugar: el divino rostro del Santísimo Cristo de la Expiración. Con un cielo raso y un sol de justicia, comenzaron a caminar los valientes anderos del Señor, para llevar al guardián de sus desvelos por los rincones de la pedanía de Montizón. Con sones de palio se iniciaron las maniobras para encarar la calle Nueva, resonando en el inmenso azul los cohetes que anunciaban a Sierra Morena que los días de gozo y alegría se detendrían mientras la fe inundaba cientos de corazones. El cortejo del Rey de los Cielos fue multitudinario. Nadie quiso perderse LA ÚLTIMA. Los anderos del Cristo de la Expiración alzaron al cielo al Señor antes de regresar a su templo, con un pueblo entregado ante la fe que no fue quebrada bajo un sol de justicia. Las fiestas serán siempre la vuelta a las raíces, a los orígenes, donde Él siempre espera a los hijos que un día se fueron. la cita con la devoción por una imagen que sana al contemplarla, por la que las lágrimas se derraman al suplicarle, y a la que las plegarias se encomiendan para resguardarlos en la salud. Una de las curiosidades de la muestra popular de fe en el núcleo de El Condado, fue la disposición del acompañamiento musical. Normalmente, la instrumentación suele flanquear detrás del misterio, pero en Venta de los Santos fue la que anunció y antecedió al Santísimo Cristo de la Expiración, escoltado por mantillas que lucieron sus abanicos como el complemento perfecto para la jornada de calor. Al igual que los vecinos, los balcones también lucieron sus mejores galas, vistiéndose de rojigualdos y con la imagen de Él pregonando la devoción de todo un pueblo que no dudó. Los acordes más flamencos se entonaron en la calle Escuelas, antes de tomar Vistalegre para refugiarse en la sombra proyectada de las casas. Se aprovechó ahí aliviar la garganta con agua fresca, aunque muchos prefirieron huir de las altas temperaturas admirando al Señor de Venta de los Santos, al que no fallaron un año más, y por el que se tomaron cientos de instantáneas que inmortalizaran un momento único. La emoción no se pudo contener cuando se dedicó la última “levantá” a Pedro, un vecino muy querido, quien tuvo el inmenso honor de dirigir a la cuadrilla de anderos que devolvieron con valentía al Santísimo Cristo de la Expiración a su templo.

Juan Antonio Medina Rubio expresó que, aunque se fue a Cataluña hace 63 años, se siente hijo del pueblo y no se ha perdido un Cristo desde entonces, aun reconociendo que los años le van apartando. En un sentido muy similar, Sara González Fernández manifestó que el Cristo de la Expiración supone volver a las raíces, reencontrarse con los vecinos y sentir una gran emoción por regresar al lugar de origen. Por su parte, Pedro Montes Floro, que actualmente vive en Jaén, subrayó que hace un hueco cada año para acudir a ver al Cristo que lo vio nacer, asegurando que es una experiencia que hay que vivir porque no se puede explicar. Asimismo, Lola Sanz Floro señaló que, al haber vivido allí toda su vida, la imagen lo significa todo para ella, destacando además que la afluencia de gente dinamiza notablemente la actividad local y las ventas. Finalmente, Benito González Sanz concluyó que el Cristo representa el mayor orgullo para todos los del pueblo, afirmando que no tiene palabras para describir lo que ha sido compartir la procesión junto a todos sus vecinos.