Tal día como hoy en 2009 publicábamos: Cinco generaciones de mujeres juntas

Clara Pelegrín era de las pocas que pueden presumir de conocer a su tataranieta
Clara Pelegrín, Carmen Barajas, Carmen García, Laura Gámez y Erika Ocampo. / Archivo Histórico de Diario JAÉN.
Diario de Jaén

Tal y como publicó este periódico hace diecisiete años, el 6 de octubre de 2009, cuando a Clara Pelegrín López y a su marido les dijo el cura el día de su boda “que veáis a los hijos de vuestros hijos”, poco podía imaginar ella que vería también a los hijos de sus bisnietos. Y es que a sus 85 años es la matriarca de una familia que puede presumir de reunir bajo el mismo techo a cinco generaciones. Clara Pelegrín López nació en Huelma hace 85 años. Se casó muy joven, con 17 años, y tuvo cinco hijos. Uno de ellos falleció de difteria a los tres años, dos más murieron con 25 años y 52 años después de sufrir graves discapacidades sobrevenidas después del parto, y los dos restantes, Carmen y Antonio, acompañan a su madre en la actualidad. Carmen Barajas Pelegrínes, a sus 58 años, la hija mayor de Clara. Está casada en segundas nupcias y tiene tres hijos (dos mujeres y un hombre) de su primer matrimonio que lo celebró cuando tenía 16 años. La segunda de sus hijas y, por lo tanto, nieta de Clara, es Carmen García Barajas, que tiene cuarenta años.

También está casada en segundas nupcias aunque, al igual que su madre, su primera boda fue muy joven, con 17 años, y los dos hijos que tiene (una niña y un niño) son también de aquel primer enlace. La hija mayor de Carmen García Barajas, nieta de Carmen Barajas Pelegrín y bisnieta de Clara Pelegrín López, es Laura Gámez García que, siguiendo esta tradición familiar de casarse muy joven, contrajo matrimonio hace dos años, cuando tenía veinte, y ha sido madre hace dos meses y medio de una preciosa niña que se llama Erika Ocampo García y que, de momento, ha inaugurado una nueva generación en esta familia jiennense. Explican que se mantienen unidos como una piña, a pesar de que cada miembro sabe que niño. Luego Carmen regresaba al país germano para poder seguir mandando fondos con los que cuidar a la familia. Hasta tres pequeños, que llegaban a Jaén con menos de un mes y que la abuela se encargaba de cuidar. Tiene libertad de movimiento. Aseguran que han pasado muchas dificultades, pero que la ayuda mutua que siempre se han prestado hace que el balance general de los años transcurridos sea muy positivo. Clara, la matriarca de la familia, recuerda que, cuando su hija Carmen se casó se fue a Alemania a trabajar y que, cada vez que venía, le traía un Clara se juntó con los tres niños de Carmen muy pequeños, (se llevan entre ellos catorce meses y dos años) y con sus dos hijos discapacitados y postrados en una cama. Su única ayuda era la de su marido y la de su otro hijo, Antonio, que tenía nueve años cuando comenzó a recibir sobrinos y que ejerció, más que de tío, de hermano mayor para todos ellos. Los años pasaron y Carmen Barajas Pelegrín alternaba los periodos en Alemania y en Jaén. Después de la separación de su primer marido se vio obligada a pasar otros ochos años allí para poder recuperar la economía familiar, fue cuando su hija Carmen García Barajas, se decidió, junto a su primer marido, a viajar también a aquellas tierras a probar fortuna. Para entonces, Carmen García, que prácticamente, había crecido con su abuela (Clara) ya tenía a sus dos hijos con 4 y 5años y ¿en qué mejores manos que dejar a los pequeños? Clara, de nuevo, como la piedra angulard e la familia, se hizo cargo de los dos menores durante los ocho meses que duró aquella aventura. Las circunstancias vividas hacen que, en esta casa, no haya abuelas, ni bisabuelas, ni tatarabuelas, todas son madres —mama, la mayor; mamá,s uhija; mami, su nieta, y ahora, “mamita”, su bisnieta—. Después de tantos años y de tantos trabajos pasados, Clara, Carmen, Carmen y Laura se sienten realmente orgullosas de poder disfrutar de estar juntas y quieren que la pequeña Erika aprenda avalorar el importante respaldo de una familia que siempre está ahí.