Tal día como hoy, en 2007, publicábamos: San Lucas se abre con una cabalgata muy espectacular
Tal y como publicó este periódico hace diecinueve años, el 12 de octubre de 2007, la Plaza de Santa María bullía de vida. Y no era para menos. Cientos de personas aguardaron, abrigados por el símbolo jiennense del Renacimiento, la Catedral, uno de los mejores momentos de la Feria de San Lucas, el tradicional pasacalles-cabalgata. Un espectáculo que supuso el comienzo de ocho intensas jornadas de fiesta, pero también el que más expectación generaba entre el público, no sólo por la originalidad y vistosidad que lo envuelve, sino por la imagen que dibuja en los rostros de una ciudadanía, que, desde hace días, espera con emoción este momento. Y es que si de algo pecaba, afortunadamente, la cabalgata del presente año fue de grandiosidad. Ninguna palabra reflejaría mejor lo que miles de ojos tuvieron, la oportunidad de ver en la capital jiennense.
Quinientas personas, entre músicos, figurantes y miembros de diferentes compañías de espectáculos, ataviados con los trajes típicos del Medievo, tomaron las calles de la capital para hacer partícipes a los ciudadanos de una parte de la historia popular de Jaén. Una tierra culturalmente muy rica, que se escribe cada día. Moros, cristianos, cetreros, contrabandistas y hasta ninfas que parecían sacados del mejor de los sueños recorrieron algunos de los rincones del casco urbano de la ciudad, pero, sobre todo, brilló la majestuosidad, la grandiosidad y el esplendor de las carrozas y de los espectáculos que integraban un pasacalles-cabalgata, que algunos jiennenses calificaban, de “nunca visto”.
La enormidad de alguna de ellas era tal que impactaba al observador, más allá de la sorpresa primera. Ocurría, por ejemplo, con la que representaba a un caballero armado gigante que, sobre su espada, transportaba a una mujer. Pero no sentada, confortablemente, sobre un trono, sino de pie, sobre una espada que el caballero, cual Lancelot, parecía dispuesto a entregar de un momento a otro. Y todo esto manteniendo el equilibrio. Una propuesta espectacular, atrevida y temeraria casi para un ciudadano de a pie.
Pero había mucho más. Un oso que respondía, en gestos, hasta doscientas palabras formuladas por su amo; una fortaleza medieval, con reyes incluidos; un encierro de toros; un caballo gigante que recordaba al de Troya y que procedía de Alcoi, y, por supuesto, una imagen popular sin la cual la capital de Jaén se quedaría huérfana: el “lagarto de Jaén”. Una figura que, más que miedo, despertaba sonrisas y, entre los padres, las primeras palabras a sus hijos sobre una de las leyendas más conocidas de la ciudad del Santo Rostro.
En definitiva, por una vez, fue la imaginación la que se apoderó de las calles, al compás de hasta cinco bandas de música y de las gestas, a caballo y a pie, que resucitaron una época que marcó por siempre a esta región oriental de Andalucía.