Tal día como hoy en 2006 publicábamos: Una familia vive desde hace tres años sin electricidad
Tal y como publicó este periódico hace veinte años, el 12 de junio de 2026, pocos jiennenses imaginan hoy su vida sin electricidad. Un día sin suministro se convierte en un calvario. El agua para beber está caliente, se tiene que lavar la ropa en la pila, velas han de iluminar cada habitación, no se puede almacenar comida porque se estropea, el calentador no funciona, la televisión y el ordenador tampoco y hay que olvidarse del aire acondicionado y hasta de un antiguo ventilador. Sin electricidad vivía, en pleno siglo XXI, una familia jiennense. La forman Alfonso Sánchez Jiménez y Matilde García Pérez, junto a su hijo. Su hogar estaba en un cortijo muy cerca de Puente Tablas. Se conoce como la Vega de la Reina y hay que tomar uno de los carriles que llevan a las antiguas cortijadas cercanas a la orilla del río. Llevaban 3 años así, aunque la luz eléctrica sí que la habían conocido en años pasados. El apagón llegó a su casa después de un proceso en los tribunales. Vivieron 10 años con electricidad, pero después de terminar en pleitos en los tribunales, se cortó el cable que se la daba. Al principio pensaron que sería por unos días, pero ya llevan 36 meses. Su problema es sencillo de entender, pero complicado de solucionar. La compañía eléctrica tenía una torre de luz en este paraje. De allí tomaban la corriente algunos chalés que se habían construido, muchos aún en vías de tener todos los documentos burocráticos en orden. Llamaba la atención que la casa de Alfonso y Matilde sí tenía todas las escrituras y los permisos dentro de la ley. Era un cortijo agrícola totalmente legal para atender la parcela agrícola de la que disponían.
El cable de la electricidad ha de llegar a la vivienda. Desde el punto de la compañía suministradora hasta su cortijo no pasa sólo por su tierra, sino por las propiedades de otras personas. Y esta familia tuvo, hace décadas, algunas rencillas propias de agricultores. Hubo disputas por acequias y el aprovechamiento del agua. Matilde García Pérez afirmaba que se cobran la revancha. El cable ha de pasar por su tierra y deben de dar el consentimiento. Pero no lo hacen. La propietaria del inmueble decía que la compañía le solicitaba un documento con las firmas de todos los propietarios. Sin embargo, sólo pudo presentar ocho de las diez autorizaciones necesarias. Y si no llega el cable, no hay electricidad. Su vida cada vez era más complicada, ya que su hijo se hacía mayor y necesitaba tener un nivel de vida similar al de sus compañeros de centro educativo. No obstante, resultaba imposible. Sin luz, su vida no se iluminaba. Incluso, ya había una tensión enorme entre los propietarios.
Matilde García Pérez insistía en que era muy duro ver cómo los vecinos tenían sus casas iluminadas y ellos no. Y sólo porque no daban su consentimiento para darles un punto del que poder tomar electricidad.