Tal día como hoy en 2005 publicábamos: Una tormenta de granizo destroza los olivares de media provincia
Tal y como publicó este periódico hace veintiún años, el 16 de junio de 2005, en el periodo más seco que se recuerda, el tiempo sigue sin dar tregua. La peor tormenta de granizo de los últimos años destrozó los olivares de media provincia. En algunas zonas, se perdió hasta el 80% de la cosecha. Carreteras cortadas y cuantiosos daños materiales completaron el desastre. Las comarcas de La Loma, la Sierra Sur y El Condado fueron las más castigadas por un fenómeno meteorológico muy temido por los agricultores. Algunos olivareros aseguraron que en sus fincas cayeron granizos como “huevos de perdiz”. Además, la fecha en la que descargó la tormenta es la peor para el proceso de gestación de la aceituna, que en este mes comienza a formarse y a engordar. La escena del fruto arrancado del árbol por la fuerza de la tormenta se repitió en numerosas fincas de la provincia. Algunas explotaciones quedaron completamente “arrasadas”. Así lo confirmó el secretario regional de UPA, Agustín Rodríguez, que visitó una de las zonas más afectadas, entre Jódar y Úbeda. “Hemos estado en las fincas de El Chantre y La Rueda y la nube ha hecho un daño terrible. En algunos sitios ha tirado al suelo el 70 y el 80 por ciento de la cosecha de aceituna”, explicó.
La misma situación se repitió en casi todas las comarcas. Domingo Moreno, el alcalde de Chiclana, en El Condado, relataba cómo, en apenas 20 minutos, el granizo se llevó por delante ramas enteras de olivo de la zona de Los Mochuelos o La Umbría. “Es un desastre para la economía de nuestro pueblo, pues casi todos los vecinos vivimos del campo”, decía con preocupación. La tormenta también se cebó con los agricultores de Baños de la Encina, que perdieron la mitad de su cosecha: “El campo se había recuperado con las lluvias de la primavera. Después de un mal año, esperábamos recuperarnos y, ahora, nos llega este mazazo”, dice un agricultor de ese municipio. La granizada no sólo causó daños en el olivar. Otros cultivos, como el tomate y los frutales, también sufrieron las consecuencias. Las pocas cerezas que quedaban en los cultivos de Torres fueron tiradas al suelo y arrastradas por el torrente.
Todavía peor fue en Torreperogil, donde a los destrozos en el campo hay que sumar los graves daños materiales que ocasionó el granizo. Fuentes municipales estimaron que más de 700 vehículos sufrieron destrozos (rotura de lunas y bolladuras). Además, también registraron desperfectos el mercado municipal, el asilo de ancianos y los colegios públicos, además de numerosas cubiertas de las naves del polígono. Incluso, la caída de árboles originó el corte de tres de los cuatro accesos al pueblo durante unos minutos.
Los problemas en las carreteras también se produjeron en otras zonas, sobre todo, por la suciedad y el barro acumulados en la calzada. Hubo cortes en la carretera de Chiclana, en la de Santisteban, en la JV-2238, de Castillo a Alcalá, y en la A-315, entre Quesada y Huesa, según informan fuentes del Servicio de Emergencias 112. Las dificultades de circulación más graves se produjeron en la N432, a la altura de Castillo de Locubín, donde se acumuló una capa de 10 centímetros de granizo, y en la N-322. Allí, un árbol caído obligó a los conductores a detenerse y mantuvo la carretera cortada hasta que cesó la tormenta.
En la capital, la granizada se dejó notar con especial virulencia en los accesos y en los núcleos residenciales. Así, el agua entró en varias viviendas del Puente Tablas y resucitó, por unos momentos, el fantasma de las tristemente famosas inundaciones que, periódicamente, asolaron esta zona de Jaén. El tráfico fue aún más caótico en la hora punta en la que los trabajadores acudieron al polígono.