Tal día como hoy en 2005 publicábamos: Sueños blancos, números rojos
Tal y como publicó este periódico hace veintitrés años, el 28 de abril del 2003, son muchos días, semanas y hasta meses de cuantiosos preparativos. Porque en una celebración tan especial y con tantos detalles, nada puede quedar suelto. Este año unos dos mil niños pincelarán los domingos de color, contagiarán a la ciudad de magia, de cuentos de princesas y de príncipes. Todo está ya listo o casi ultimado para que cada pequeño protagonista —de nueve o diez años— viva un día muy especial en un reino de veinticuatro horas, en su trono diseñado exclusiva y especialmente para él. Como todo cuento de hadas que se precie, para llegar a una moraleja feliz, hay que pasar por un camino de espinas, o al menos, por una historia de arduo trabajo. Los príncipes protagonistas se han tenido que preparar como el sacramento que van a recibir requiere. Y sus padres también se han visto obligados a ponerse a punto para otra prueba, para construir euro a euro un sueño para el príncipe de la casa sin despertar al ogro del endeudamiento. Los pequeños han tenido que ser constantes en catequesis durante un mínimo de dos años.
En el primer curso se les aproxima a la imagen de Jesucristo y el segundo se les adentra en la Iglesia católica como comunidad de creyentes a la que van a pertenecer sin ir ya de la mano de nadie. Se trata de que el chaval reconozca la figura de Dios y su palabra como la que le podrá conducir a la felicidad en su vida, que empieza a recorrer en su recién estrenada “madurez cristiana”. Después de esta primera comunión tan especial vendrán otras, ya podrá participar como uno más en la fiesta católica, en la reunión de los que creen en Dios.
Este mensaje es el que se les ha recalcado en las iglesias. En cada una de las diecinueve parroquias de Jaén capital hay una media de diez grupos. En cada grupo hay unos diez chicos que son formados por un total de doscientos catequistas. Lo que les enseñan día a día en los salones parroquiales dista mucho del cada vez mayor consumismo que gira en torno a estas celebraciones. Ellos lo saben y sus sueños blancos están trufados de regalos, de detalles mágicos que fuera de la primera comunión no llegarían a sus manos. Una celebración muy especial justifica cualquier capricho, por cercano a la luna que esté, que en este día de comunión se convierte en realidad. Sin duda, es uno de los momentos más mágicos para los pequeños. Y en el envés de la magia, la dura realidad, la cuesta de mayo. Los padres de una niña se gastarán en torno a los cuatro mil euros y los de un niño, unos tres mil ochocientos.
Sólo en Jaén capital se generarán unos ingresos de ocho mil euros, es decir, unos mil doscientos millones de pesetas de las de antes. El margen variará hacia arriba o hacia abajo dependiendo de la capacidad de cada economía. Aparte del varapalo a los bolsillos de los hogares, también supone un estímulo para la economía jiennense, que en muchos sectores se ve activada este mes con las tradicionales comuniones. Sin duda, todo bolsillo es vapuleado en estas fechas. Quien no tiene en casa un niño que haga la comunión, seguro que al menos ha sido invitado a una, a la que con frecuencia se le suele sumar alguna que otra más.
Según apunta la Unión de Consumidores, cada vez es mayor el número de invitados. Los comensales que antes se reducían al entorno familiar más cercano, ahora se ensanchan cada vez más. Además, celebrarlo con unos canapés queda mal visto y lo más cómodo y usual es optar por el restaurante que lo da todo hecho y bien preparado. Son pequeñas bodas. Como los niños también son pequeños novios, más altos, más arreglados, y más y más ilusionados en un día cargado de sorpresas.