María Maroto Muñoz: “No queremos barreras, sí accesibilidad y respeto”

La vicepresidenta de Aprosoja reclama en el Día Internacional de las Lenguas de Signos, el cumplimiento de los derechos de las personas con discapacidad auditiva
María Maroto Muñoz y José Ramón Izquierdo Piedra, presidente de Aprosoja.
Elisabeth Ruiz Martínez

LA ENTREVISTA

—¿Qué es lo que más le cuesta en su día a día por tener discapacidad auditiva?

—Lo que más me cuesta es algo tan básico como poder comunicarme plenamente. Vivimos en una sociedad mayoritariamente oyente y muchas veces somos nosotros quienes tenemos que hacer un esfuerzo constante para adaptarnos. Creo que la sociedad necesita más empatía y ponerse en nuestro lugar. No pedimos privilegios, pedimos que se nos permita vivir y comunicarnos en igualdad de condiciones.

—¿En qué situaciones nota más la diferencia respecto a una persona oyente?

—La diferencia se nota prácticamente todos los días, sobre todo cuando no existe accesibilidad o falta sensibilidad hacia las personas sordas. Hay muchas situaciones en las que una persona oyente puede desenvolverse con total normalidad y para nosotros se convierte en una barrera. Las personas sordas seguimos teniendo menos oportunidades y menos facilidades en muchos ámbitos. Lo que reivindicamos es algo muy sencillo: que se nos respete y se nos trate como a cualquier otra persona, con los mismos derechos y las mismas oportunidades.

—¿Le resulta difícil comunicarse con personas que no saben lengua de signos?

—Sí, muchas veces, pero la comunicación no tiene por qué limitarse a la lengua de signos. Existen muchas maneras de entendernos: vocalización, lectura labial, escritura, mensajes de texto, aplicaciones... Hay miles de formas. Lo importante es tener voluntad de comunicarse. A veces basta con algo tan sencillo como escribir un mensaje. Un audio, por ejemplo, no nos sirve si somos personas sordas. La comunicación es posible cuando las dos partes quieren encontrar la manera de entenderse.

—¿Cómo hace cuando necesita hablar con alguien que no conoce la lengua de signos?

—Intento buscar estrategias y, cuando es necesario, un intérprete de lengua de signos. El problema es que no siempre tenemos acceso a uno. Esto se hace especialmente complicado en reuniones, charlas, conferencias, cursos o situaciones en las que se utiliza un vocabulario muy técnico. Y ahí aparece una barrera muy importante: no poder acceder a la información en igualdad de condiciones. No debería depender de la suerte de día para poder entender lo que está ocurriendo.

—¿Le ha pasado alguna vez que alguien no haya tenido paciencia para comunicarse contigo?

—Sí, muchas veces. Hay personas que, cuando descubren que somos sordos, se ponen nerviosas, se asustan o directamente no saben cómo reaccionar. Pero somos personas, simplemente tenemos otra forma de comunicarnos y otras capacidades. Lo que más necesitamos muchas veces es algo muy sencillo: paciencia. Que la otra persona no abandone a la primera dificultad y que haga el esfuerzo de comunicarse con nosotros. Nosotros estamos acostumbrados a esforzarnos cada día para entender un mundo pensado principalmente para oyentes.

—¿Le resulta complicado hacer gestiones en bancos, tiendas, hospitales u oficinas?

—Sí, y especialmente cuando se utiliza un vocabulario específico o técnico. Una consulta en un hospital, una gestión bancaria o un trámite administrativo puede convertirse en una situación muy complicada si no existen medios accesibles para comunicarnos. Para una persona oyente puede ser un trámite de diez minutos. Para una persona sorda puede convertirse en una situación de incertidumbre, frustración e incluso dependencia de otras personas.

—¿Qué reivindica en este día?

—Reivindico que las leyes se cumplan de verdad. Tenemos derechos reconocidos en normas como el Real Decreto 674/2023 y las Leyes 11/2011 y 27/2007, pero no basta con que los derechos estén escritos sobre el papel: tienen que hacerse realidad en nuestra vida cotidiana. Y especialmente me preocupa la situación de los niños y niñas sordos. Actualmente tenemos 19 niños que no están suficientemente respaldados en las aulas. Algunos cuentan con ILSE y otros no; faltan profesionales de Audición y Lenguaje, PTI y otros recursos necesarios para garantizar una educación verdaderamente inclusiva. No podemos permitir que un niño tenga que luchar desde pequeño para conseguir algo que debería estar garantizado: el derecho a aprender, comunicarse y participar en igualdad. Este día no quiero que se quede solamente en una celebración o en unas palabras bonitas. Quiero que sirva para recordar que detrás de cada persona sorda hay una persona con sueños, capacidades, derechos y mucho que aportar a la sociedad. No queremos más barreras. Queremos accesibilidad. Queremos respeto. Queremos igualdad. Y, sobre todo, queremos que nuestros derechos se cumplan.