Los mejores momentos de la procesión extraordinaria de la Buena Muerte por su centenario
Al fin llegó el día y la eterna espera culminó en júbilo y emoción, con los sentimientos agolpados en la garganta y la fe desatada por las calles de la capital. La Hermandad de la Buena Muerte celebró junto al resto de la ciudadanía un centenario histórico, confeccionado con mimo y gusto, una efeméride que culminó con el Señor de la Catedral caminando de nuevo entre mortales. Las inmediaciones de la Seo de la Asunción presentaron un ambiente de gala, con balcones ataviados con el logo compuesto para tan distintiva fecha. Hasta el templo se acercaron representantes del tejido cofrade de la ciudad, quienes presentaron sus respetos ante el Santísimo Cristo de la Buena Muerte en una cita que quedará reflejada en los anales del Santo Reino.
Antes de que el fervor inundara las calles, la eucaristía revistió de solemnidad la noche, con los últimos rayos del sol del otoño bañando la fachada de la obra cumbre de Andrés de Vandelvira. En Santa María se aguardó la liturgia, con la voz de Francisco Juan Martínez, deán-presidente de las catedrales de Jaén y Baeza, además de capellán de la hermandad, pronunciando palabras de alabanza hacia la labor de una de las cofradías más queridas de la capital, una que trasciende la mera dimensión religiosa para adentrarse en la sociedad buscando ayudar a quienes más lo necesitan.
La Puerta del Perdón se abrió en torno a las 20:00 horas y la Luz volvió a vencer a la oscuridad entre sones de la Banda de Cornetas y Tambores de Nuestra Señora de la Salud de Córdoba, acordes que anunciaron a los jiennenses que cien años no son nada, que la aceptación del trance final solo conducirá a los que creen en Él a la vida eterna, a la esperanza de la redención y el triunfo sobre las tinieblas.
Las lágrimas comenzaron a enjugarse sobre las mejillas cuando el descendimiento por Colón desembocó en Álamos, después de una excelsa faena por la siempre complicada calle Maestra. En San Francisco, las plegarias se volvieron a lanzar al cielo, buscando la mirada del Santísimo Cristo de la Buena Muerte, pidiéndole como un deseo, que el sueño no acabara nunca. Entonces, cuando la exaltación parecía no tener parangón, el homenaje a los cofrades difuntos en la Cripta del Sagrario rompió todos los moldes.
El recuerdo a los que ya no están se digirió por la calle Ancha, con la Plaza de San Ildefonso aguardando otro de los momentos cumbres de la salida procesional extraordinaria. En el regreso, Bernabé Soriano se convirtió en la lluvia de pétalos de amor, en la sempiterna fe, en el consuelo del Padre que recorrió Campanas hasta Santa María, donde de nuevo, en la seo capitalina, se resguardó para su descanso al Señor, que volverá a pregonar la fe en la vida eterna la próxima primavera con cien años sobre su madero.
José Lendínez Sánchez puso en valor que es un enamorado del Santísimo Cristo de la Buena Muerte y le ha encantado ver esta salida en procesión por su centenario. “Le pido, ante todo, salud”, añadió. Asimismo, Rafi Ceballos Izquierdo apostilló que le gustó mucho el cortejo, como algo extraordinario que es. “No soy cofrade, pero le pediría al Santísimo Cristo de la Buena Muerte mucha salud”, añadió. “Hay un ambiente muy bonito, se ve mucha gente. A mí, lo que más me ha llamado la atención es el paso de los legionarios que iban en el cortejo”; valoró Mateo Vílchez Garrido. Por otro lado, Natalia Lendínez Torres dijo que estaba desde la salida, y que le ha sorprendido que vinieran tantas y tantas cofradías a acompañar en el año del centenario. “Sinceramente, esta celebración supera las expectativas de todos; yo no me imaginaba que la extraordinaria sería así, me ha gustado mucho poder verla”, resaltó José Manuel Lendínez Torres.