Jesús Cañones Cañones: “Jaén es un pueblo que está harto de callar”

A sus 94 años, el sacerdote, profesor y periodista mancharrealeño rezuma sabiduría por los cuatro costados. Rememora su trayectoria profesional con todo lujo de detalles en una visita a su hogar
Jesús Cañones Cañones, sacerdote, profesor y periodista / Foto: F. J. Marín.
Francisco J. Marín

En la calle Obispo Estúñiga de la capital jiennense habita una persona menuda, de 94 años, con la sapiencia de un coloso ilustrado. Cada estancia revela que fue una persona importante y adelantada a su tiempo por la cantidad de libros y reconocimientos que reposan sobre sus estanterías, así como por los títulos universitarios enmarcados que cuelgan de las paredes, que, además, desvelan que fue un hombre polifacético en el ámbito de la filosofía y de las letras. Jesús Cañones Cañones (Mancha Real, 1930) es un sacerdote que, en diferentes etapas de su vida, estuvo ligado al Ejército y al mundo periodístico con la docencia como sólida base de su vasta trayectoria profesional. Fue páter en el Tercio Sahariano Don Juan de Austria III de la Legión durante cinco años, alcanzando el rango de teniente capellán. Y también fue colaborador de Diario JAÉN cuando los periodistas titulados eran calificados de rara avis. A menudo bromea con que no recuerda algunos interesantes episodios de su vida, pero en cuestión de segundos los recita al dedillo sentado en el sillón del salón de casa, donde conversa largo y tendido.

—¿Qué recuerdos tiene de la época en el Seminario de Jaén?

—No muy agradables. Algunos de los educadores tenían la mano bastante suelta, recuerdo. Tenía once compañeros que, por supuesto, han muerto.

—¿A dónde le destinaron cuando se ordenó?

—Salí en el año 1954 y fui a parar a Andújar. Allí estuve aproximadamente dos años y luego marché a Cartagena, donde me envió la Diócesis para ejercer como capellán movilizado.

—¿Cómo surge la posibilidad de entrar en el Ejército de Tierra?

—Mediante una oposición, como ahora. Me propuse entrar y accedí. Mi vida siempre ha estado vinculada a los estudios. He sido una persona a la que le ha gustado mucho estudiar y no tuve demasiados problemas para superar la prueba. En el Tercio Sahariano Don Juan de Austria III de la Legión estuve cinco años. Esta unidad es la que saca cada año al Cristo de Mena o al Cristo de la Buena Muerte en Málaga. Una de las procesiones más relevantes del país.

—¿Qué rememora de aquella estancia en el tercio?

—Le tengo una profunda devoción. Agradezco encarecidamente el excelente trato a los capellanes y a los legionarios. Lo conformaban y lo conforman grandes personas. Gente muy honrada y muy honesta. Yo no puedo hablar del tercio nada más que bien.

“Le tengo una profunda devoción al Tercio Don Juan de Austria”

—Es doctorado en Filosofía y Letras, obteniendo la calificación de cum laude, además de completar periodismo cuando las titulaciones, a la sazón, brillaban por su ausencia en las redacciones.

—Para mí estudiar nunca ha sido algo molesto, todo lo contrario. Leía, leía, leía. Y era inevitable adquirir conocimientos. Volví a presentarme a una oposición cuando salí de la facultad, pero en este caso fue para ejercer como profesor de instituto. Una labor que he desempeñado en Madrid, Marbella y Jaén. En la capital impartí clase en el Jabalcuz y en el Fuente de la Peña, donde me jubilé.

—¿Cómo se introduce en el mundo del periodismo?

—Mediante Diario JAÉN. Fui colaborador del periódico durante muchos años. Conocí a cinco directores, imagínese. También estuve en la COPE en Jaén, siendo el primer periodista titulado. Los géneros periodísticos en los que más profundicé fueron los de opinión. Recuerdo que acudía al periódico y depositaba mis textos en la mesa del redactor jefe por aquel entonces, Manolo Ruiz de Adana.

—En esa época presidía el periódico Esteban Ramírez. ¿Qué recuerda de su figura?

—Era una buena persona. Yo estaba uno o dos años por encima de él en el Seminario de Jaén. Teníamos una gran amistad. Él fue delegado nacional de Cáritas y de la noche a la mañana no quiso continuar en el cargo. Me decía que era una persona de confianza y todavía no me lo he creído, porque Esteban era muy cuco (risas).

—Sigue siendo miembro de la Asociación de la Prensa de Jaén. ¿Le estimula para seguir pensando que es periodista a pesar de que se jubiló hace años?

—Abono el recibo religiosamente cada mes. Me hice miembro hace muchos años y seguiré siéndolo. Pero no es algo que me estimule para creer que sigo siendo periodista. El oficio siempre permanece en la persona pese al retiro laboral.

Jesús Cañones Cañones se ordenó como sacerdote en el año 1954. Su primer destino como capellán fue la ciudad de Andújar, donde estuvo dos años. La imagen que ilustra el texto es del momento del Sacramento del orden en Jaén.

“Esteban Ramírez era una gran persona. Teníamos una gran amistad”

—¿Qué periodistas del periódico provincial destaca de aquella época?

—José Sánchez del Moral es una enciclopedia. Un gran hombre, muy honrado y muy trabajador. También a Carlos Briones y a Juan Espejo.

—Cuando era niño fue vecino de una eminencia musical, del maestro Emilio Cebrián. Tenía una estrecha relación con él. ¿Cómo que no le dio por estudiar música?

—Cuando uno es niño, difícilmente sabe lo que quiere ser de mayor. Cebrián vivió en el número 29 de la calle Martínez Molina y mis padres en el 27. Un callejón angosto, que sube hasta Santiago, separaba ambas casas. Él vivió ahí toda la Guerra Civil. Tuvo cierta aceptación por parte del Frente Popular. Una vez nos llevaron a pasar unas vacaciones a Jabalcuz y las autoridades del Frente Popular estuvieron un día con nosotros. Emilio Cebrián, junto con la banda musical, interpretó el himno de Jaén y la marcha de Nuestro Padre Jesús Nazareno, embelesando a todos los presentes. También recuerdo que, a menudo, me llevaba al Ayuntamiento para enseñarme música. Y en algunas ocasiones me escapaba de las clases junto con otros niños. A pesar de estas travesuras infantiles, Cebrián nunca se enfadó. Era un hombre bondadoso, quería mucho a los niños. Era muy cariñoso y muy atento. Esta es la estampa que yo recibo del maestro Cebrián. Las clases de música en el Ayuntamiento estaban subiendo las escaleras a mano izquierda. Allí había un piano.

“Emilio Cebrián fue mi vecino. Vivió en el número 29 y yo en el 27”

—Ha tenido una vida muy interesante, no cabe duda. ¿Le ha quedado algo por hacer?

—Bastantes cosas, claro. Me habría gustado haber seguido estudiando en Madrid, en la Universidad Complutense. Pero estando en Madrid ascendí a capitán. Y entonces me fui a Almería, a la base Álvarez de Sotomayor, en Viator, donde reside el Tercio Sahariano Don Juan de Austria III de la Legión.

—Capellán, periodista y profesor. ¿Con qué profesión se queda?

—Con las tres.

Además de la orden sacerdotal, el mancharrealeño es doctor en Filosofía y Letras con calificación “sobresaliente” cum laude en el año 1969. También completó los estudios de periodismo en el año 1976. Ambas licenciaturas las cursó en Madrid.

“Era un hombre bondadoso, quería mucho a los niños”

—¿Cuáles han sido para usted las personalidades más representativas en la provincia de Jaén?

—Virgilio Anguita, una persona que fue delegado de Educación. Era todo un señor. Y también hago un canto a un compañero sacerdote, a don José Melgares. Un gran hombre.

—¿Qué alcalde de Jaén, en su opinión, ha hecho más por Jaén?

—Antonio Rodríguez Acosta. Fue alcalde en la época del franquismo. Era fiscal en la vida civil y nada tenía que ver con lo que ha habido en las últimas décadas.

—¿Qué es lo que más valora usted de la provincia de Jaén?

—Que es un pueblo que está harto de callar. Antes la gente hablaba más y ahora se reivindica menos. Jaén ha sido una provincia que históricamente ha sido menospreciada por las instituciones. Sus habitantes no merecen el menosprecio que sufren. Hacen falta muchas inversiones en cuanto a infraestructuras. Y también para adecuar zonas industriales, con el fin de que lleguen empresas y se genere riqueza. No puede ser que seamos ciudadanos de una categoría inferior respecto a otras provincias.

—Un mensaje a los lectores.

—Solamente que me siento muy orgulloso de la vida profesional que he llevado a cabo. Entre otras cosas porque en mi camino profesional se ha cruzado gente buena, honrada y honesta. A esa misma gente le estoy agradecido porque ha contribuido a que sea una mejor persona. Hay que ser agradecido con las personas que aportan en la vida.