Erik Domínguez: “Hay circunstancias históricas que tenemos que corregir en Jaén”

El presidente provincial del Partido Popular da el salto desde el poder legislativo al ejecutivo como máximo representante del Ejecutivo de Juanma Moreno en la provincia, una tierra que reconoce que parte de una situación de desventaja y con la que se compromete a ser reivindicativo con todas las administraciones públicas
Erik Domínguez, presidente provincial del Partido Popular y delegado del Gobierno de la Junta de Andalucía en Jaén durante una entrevista realizada por la periodista Manuela Rosa Jaenes. / Fotografías: Agustín Muñoz / Diario JAÉN.
Manuela Rosa Jaenes

LA ENTREVISTA

La política exige resistencia, administración del esfuerzo y capacidad para seguir adelante cuando fallan las fuerzas. Erik Domínguez Guerola (Motrico, Guipúzcoa, 1983) es un corredor de fondo que suma kilómetros en la calle y responsabilidades en los despachos. Presidente provincial del Partido Popular, asume con la deportividad que lleva innata el encargo de representar a la Junta de Andalucía en Jaén, una tierra que conoce como la palma de su mano y que pretende teñir de azul con un estilo muy particular.

—Dejó usted Jaén para irse a Sevilla y deja ahora Sevilla para regresar a Jaén. ¿Cómo explica el cambio a la ciudadanía?

—Cuando me marché a Sevilla, en la época en la que estaba en el Ayuntamiento, es verdad que dije que estaba a disposición de lo que mi presidente me demandara. No es menor que te designen presidente de la Comisión de Presidencia, a la postre con Salud y Emergencias incorporadas, y tras esta etapa legislativa en el Parlamento, recibo de nuevo su llamada para proponerme como delegado del Gobierno andaluz. Primero, es difícil decir que no y, segundo, me apetece mucho pasar del poder legislativo al ejecutivo. Llega un momento en el que he aprendido y disfrutado mucho en el Parlamento, ha sido una etapa ilusionante, pero es cierto que también estamos en un momento idóneo para dar este salto.

—¿Por qué usted y no, por ejemplo, Soledad Aranda para cuadrar el mapa de la paridad?

—Primero porque yo creo que hay un binomio que está funcionando muy bien en algunas provincias, que es el de presidente provincial con delegado del Gobierno. Segundo, porque tiene más sentido en una provincia como Jaén tan peculiar, con el Partido Socialista en la capital, en el Gobierno y en la Diputación. Tercero, es lógico que la persona de máxima confianza del presidente sea quien represente a las provincias en esa punta de lanza que es la Delegación del Gobierno. Todo esto suma y, en un cóctel, da lugar a mi nombre. Podía haber sido Soledad Aranda perfectamente, una mujer gestora impecable, pero entiendo que, igual que en Málaga, Córdoba o Sevilla, ese modelo puede funcionar en Jaén.

—¿Su nombramiento responde más a una estrategia política que a un perfil de gestión?

—Yo creo que es todo. Hay que tener en cuenta que mi perfil es de gestión, porque vengo de estar cinco años al frente de una Tenencia de Alcaldía en el Ayuntamiento de Guarromán, con todas las competencias habidas y por haber, lo mismo que en el ámbito legislativo del Parlamento, donde empecé como portavoz de Empleo, de Agricultura y presidente de la comisión más importante, por lo que la mochila de gestión es importante. Yo creo que, en la madurez política, ha llegado el momento en el que han confluido ambos caminos, incluida la confianza depositada por el presidente, Juanma Moreno.

—Hay quienes dicen que busca visibilidad para conquistar la Diputación Provincial...

—Quien diga eso es porque no me conoce, porque yo podía haber sido delegado del Gobierno hace cuatro años o, al menos, haber levantado la mano. Creo que siempre he sabido estar donde tenía que estar y, después, nunca he sido persona de meter codos en una foto ni pelear. Vengo de una aldea y, humildemente, nunca me he tenido que batir el cobre para llegar al lugar al que he llegado.

—Presidente del Partido Popular y delegado del Gobierno.... ¿Cómo garantiza que confundirá su papel institucional con el de dirigente de partido?

—No soy una persona de meter ideologías en la gestión. Basta con ir a mi pueblo, dar mi nombre en cualquier establecimiento y ver cuál es el recuerdo que existe de cuándo yo gobernaba en el Ayuntamiento. Lo mismo en el Parlamento. Desde que pasé a la parte institucional, la relación era igualmente transparente, transversal y buena con todas las fuerzas políticas. Todas.

—¿Está dispuesto a renunciar a la Presidencia Provincial del Partido Popular si considera que ambos cargos pueden generar conflictos de interés?

—Estaré dispuesto a renunciar a cualquier cosa que mi presidente me pida, porque en política no venimos a ser funcionarios, sino a trabajar para servir a los demás. En el momento en el que alguien considere que eso no se está haciendo, yo me iré encantado.

—¿Funcionará el binomio en el equipo de delegados?

—Vamos a una legislatura que ya no es monocolor y, aunque actuemos como un solo cuerpo, somos dos grupos ideológicamente distintos que hemos confluido por aritmética parlamentaria en un cogobierno. Cuento con la experiencia de compañeros que conocen la casa y, a la vez, buenas personas que saben la importancia de la empatía de tener un socio y que entiendan que esto es Junta de Andalucía y que las ideologías tienen que quedar fuera de la institución. Tengo un buen equipo.

—¿Qué será lo urgente y qué será lo prioritario?

—Lo urgente es tener reuniones con las partes más inminentes para la provincia: los incendios. Ya me senté con los máximos responsables para trabajar conjuntamente en el caso desgraciado, que espero que no se produzca, de que un fuego alcance una fase peligrosa. Después, evidentemente, marcaremos las líneas de lo que queremos en los próximos cuatro años. Lo más urgente es cuidarnos entre todos.

—Diga tres proyectos irrenunciables para Jaén.

—Ciudad de la Justicia, Ciudad Sanitaria y Autovía del Olivar.

—¿Cuál es el balance de la Junta de Andalucía en la provincia?

—Muy bueno, lo digo con toda la honestidad, porque partíamos de menos uno. Jaén era la única provincia que llevaba años con promesas incumplidas y, cuando llegó el gobierno del cambio, se encontró con los cajones vacíos, en muchos casos sin expedientes. No empezamos desde el principio, sino deshaciendo lo que se había hecho mal para hacerlo bien, lo que, administrativamente, cuesta mucho. Así lo intentamos transmitir a los ciudadanos en los últimos comicios. Yo creo que la gente lo entendió, porque hoy hay más empleo en Jaén, más desarrollo... Sí es cierto que no a la velocidad que nos gustaría, pero se ven las políticas del cambio de Juanma Moreno. También es verdad que ha llegado la hora de dar un punto más y de empezar a ver el ladrillo de las cosas. Soy un fiel convencido de que en esta será la legislatura en la que veremos en pie la Ciudad de la Justicia, en la que daremos el impulso definitivo a la Ciudad Sanitaria y en la que la Autovía del Olivar quedará licitada en su completa totalidad.

—¿Será reivindicativo?

—No le quepa duda, lo he demostrado. Yo estaba de diputado en el Parlamento y de presidente provincial del Partido Popular cuando se abrió una especie de crisis con la financiación de la Universidad, y públicamente me posicioné con mi provincia. Además, trasladé al consejero la necesidad de arreglar ese acuerdo.

“He aprendido y disfrutado mucho en el Parlamento de Andalucía, ha sido una etapa ilusionante, pero es cierto que también estamos en un momento idóneo para dar este salto a la gestión pública”

—Jaén lleva años denunciando sentirse olvidada por las administraciones. ¿Qué puede prometer hoy que no hayan prometido ya sus antecesores?

—Cumplir con la palabra dada. Lo dije en campaña, que lo que pedimos a la gente es un préstamo de cuatro años y, si no cumplimos, no tendrán que echar la papeleta en otro lado, sino que me iré yo. Ese compromiso pocos políticos lo habrán puesto encima de la mesa. Igual que seré reivindicativo, en lo que le corresponde a Jaén, con otras administraciones, lo voy a ser con la mía. Nada me impedirá seguir haciendo en los ámbitos en los que sea justo, pero es verdad que hay circunstancias históricas que corregir que tampoco son competencia de la Junta, como el tema ferroviario, que es un clamor. El desarrollo se limita sin avión y sin tren, un caballo de batalla en el que vamos de la mano con una plataforma liderada por un diputado en Cortes en el País Vasco por Izquierda Unida, lo que demuestra que trabajamos por un objetivo común, sin ideologías. Mis grupos en el Congreso y en el Senado ya tienen iniciativas en este sentido y trasladé al presidente Alberto Núñez Feijóo la necesidad de establecer un compromiso con Jaén. Necesitamos un tren en condiciones, que no merezca la pena coger el coche para ir a Madrid.

—¿Comparte usted el diagnóstico de sindicatos y plataformas ciudadanas sobre la sanidad?

—No. Yo comparto que hay problemas, que hay que mejorar en muchas áreas, que hay necesidades... Sin complejos ni pudor. Sin embargo, lo que no puedo compartir es esa foto que a veces nos hacen pensar que esto se cae a pedazos. No es verdad. Soy usuario de la sanidad pública, mi hospital de referencia es el de Linares y sí es cierto que a veces tengo que esperar en Urgencias más tiempo del debido, pero es difícil que yo salga sin agradecer el trabajo de los sanitarios, un trato ejemplar y, evidentemente, unas instalaciones que han pegado un cambiazo de la noche al día. Le voy a confesar que estamos en un proceso de salud con mi padre muy delicado y yo no hubiera podido ver cómo va si no tuviéramos un PET-TAC, una innovación que está aquí gracias al gobierno del cambio. Tendemos mucho a pasar esa línea fina entre la reivindicación y la denostación de la sanidad.

—Habla del ferrocarril. ¿Qué pasa con el tranvía y con las autovías que no llegan?

—El tranvía es la parte de la pregunta más fácil de responder, porque ya es público que este año, definitivamente, funcionará. Otra cuestión es que ha tardado demasiado, algo que nos tiene que llevar a una reflexión a todos. Sin embargo, este medio de transporte no soluciona el problema principal que tiene esta provincia, que son las comunicaciones. Quiero un AVE, un aeropuerto, un barco..., pero tengo que ser realista, ver de dónde parto y lo que ha pasado en otras provincias. Lo que necesito, realmente, es un tren en condiciones, una infraestructura de calidad cuya inversión puede costar los quinientos millones de euros y, sin embargo, un AVE, miles de millones, una utopía. Respecto a las autovías, hice un vídeo, que se hizo viral, porque no se pueden pegar más saltos de Jaén a Sevilla. Creo que hay que cuidar los servicios que ya existen, algo que es impensable en Alemania o en Francia y, después, empezar a exigir. Quiero conexión con Córdoba, con El Levante... Jaén tiene que estar a la altura.

—¿Qué tuvo que ver Erik Domínguez en la elección de Isabel Azañón como candidata a la Alcaldía de la capital?

—Quiero pensar que mucho. Isabel Azañón es amiga mía, fue de las primeras personas con las que tuve relación cuando entré en política a través de Javier Márquez y sé el valor humano y profesional que tiene. Después de una legislatura muy compleja, por muchas razones que no son ni una ni dos, concluimos todas las partes que necesitábamos un cambio, y fue entonces cuando trasladé su nombre a los dos presidentes, Juanma Moreno y Alberto Núñez Feijóo. Empezamos un proceso de conocimiento y valoración y cada vez que se daba un paso más nos dábamos cuenta de que estábamos en la decisión correcta, lo que nos llevó hasta su elección.

—¿Y Agustín González?

—Formará parte del equipo de la Junta de Andalucía en Sevilla gracias a un puesto atribuido por Juanma Moreno, porque todos entendemos y valoramos su trabajo en estos tres años de legislatura y lo que ha sufrido. Merece nuestro reconocimiento.

“La Ciudad de la Justicia, la Ciudad Sanitaria y la Autovía del Olivar son tres proyectos irrenunciables... Necesitamos un tren en condiciones, que no merezca la pena coger el coche para viajar hasta Madrid”

—¿Qué encaje político cree que tendrá Catalina García?

—Ahora mismo es diputada. El presidente acertó con situar a los cabezas de lista como consejeros y, por lo tanto, tiene su buen sitio en el Parlamento, porque a ella la han votado como primera provincia de Andalucía, así que la responsabilizo de forma positiva. Ella ha tenido una posición de hegemonía política, es un baluarte y un perfil cercano a Juanma Moreno, por lo que estará muy cuidada y bien. También es verdad que, si en algún momento alguien va por el Parlamento y no se siente honrado, es el momento para abandonar, porque representar a los jiennenses en tal alta instancia es un alto honor.

—¿Qué ganarán los jiennenses en el hipotético caso de que el Partido Popular alcance la Diputación Provincial?

—Todo. Lo primero, empezar a gobernar para todos, porque es muy triste que el Partido Popular tiene que acudir a la Justicia para dirimir lo que es un clamor en la calle, porque en cualquier proceso de contratación hay nombres relacionados con el Partido Socialista. Esto nos recuerda a otras épocas y la sociedad está cansada. Lo mismo pasa con las subvenciones, que se reparten y aparecen seis del PP y setenta del PSOE. ¿Es que tenemos diferentes valías en función de donde militemos? Cuando lleguemos a la Diputación haremos lo que yo hice en Guarromán con Alberto Rubio como alcalde: gobernar para todo el mundo, sin preguntar a quién vota, porque las necesidades no entienden de color ni de ideología. Estoy muy contento y orgulloso de haber tenido llamadas de mis alcaldes y, a la par, de socialistas, incluido el presidente, Juan Latorre.

—¿Cómo serán las relaciones institucionales?

—Las mejores posibles. Mi mano está siempre abierta y tendida, lo mismo que mi teléfono, 24-7. Aprovecho para decir al resto de administraciones que la Junta y este delegado estará al servicio común de los jiennenses y apartaré toda ideología para trabajar por los intereses de esta tierra.

—¿Teme tener que tomar decisiones impopulares?

—Las tomaremos, seguro, porque al final no salen las cosas como a uno le gustaría. Me enseñaron desde pequeño que una amenaza es una oportunidad y trabajaré siempre con este objetivo.

—En el deporte hay un cronómetro y un resultado. ¿Le desespera la diferencia con la política?

—Es verdad que soy corredor de fondo, no velocista, por lo que no suelo angustiarme por algo que no pasa mañana, soy más bien de apartar el árbol y ver el bosque... Como dice la Benemérita, paso corto y vistas largas. Intento salir de la angustia que la política nos da, por la rueda de la inmediatez de la propia sociedad, templar, tener mucha comunicación y encontrar una solución.

—¿Qué le cuesta más, perder una carrera o asumir un error de origen político?

—Un error político, sin duda, aunque están muy conmutados, porque cuando uno tiene una derrota en el deporte, aprende más que cuando gana. Yo no he aprendido todavía de una sola victoria y, sin embargo, de las derrotas aprendo todos los días, que son las que te preparan para cuando llegue la victoria, que es escasa y difícil de conseguir. Es entonces cuando aprendes otra lección, que es que nunca llegas solo, sino que es fruto del trabajo de mucha gente que empuja para que tú llegues hasta el podio. Lo que ocurre es que, en política, los errores repercuten en personas y esa es la parte que llevo peor, pero mi máxima es actuar siempre con el corazón, que prevalezca la honestidad y la buena fe, por delante de la ideología.

Soy corredor de fondo, por lo que no suelo angustiarme por algo que no pasa mañana, soy más bien de apartar el árbol y ver el bosque... Como dice la Benemérita, paso corto y vistas largas”

—¿El poder cambia a las personas o las muestra como son?

—Ambas. Conozco personas que se transforman y, de cierta forma, también las muestra como son. Nadie está preparado para esto. Yo entré con treinta y tantos años, aldeano y, de pronto, me monté en un tsunami que me pasó por encima, por lo que tuve que aprender, a veces, a golpes y de forma dolorosa. Alguien dijo que la política es nadar en una piscina llena de tiburones donde no está permitido sangrar. Es así.

—¿Cómo medirá su éxito?

—A través del éxito de los demás. Si, cuando abra las puertas de mi casa y salga a recorrer Jaén, me encuentro una provincia mejor, habrá sido nuestro éxito. Si me encuentro lo contrario, fracaso.

—¿Es usted más Domínguez o más Guerola?

—Más Guerola, aunque se enfade mi padre. Tenemos motes, los Domínguez, que vienen de Extremadura, son Los Pajaritos, y luego los Guerola, que somos muy tercos. Supongo que será por la influencia de mi abuelo.

—¿Y la influencia socialista?

—Esa influencia la he tenido, y es muy buena, porque hay muchas cosas del socialismo que me gustan mucho, no del sanchismo... No me tengo que esconder, porque haberme criado en una familia socialista demuestra que tengo ideas propias y, además, que somos respetuosos sin que haya merma alguna en las relaciones personales.

—¿Seguirá viviendo en El Altico?

—Por supuesto. Es mi centro. El hecho de arrancar por las mañanas corriendo por mi entorno, desayunar en el bar de siempre, donde toco la puerta y no tengo que decir nada, porque con mirarme saben si quiero café o tostada con aceite y queso, sin tomate... Eso no tiene precio, además de saludar con el nombre a cada vecino. Da igual el puesto que ocupe, porque seguiré siendo siempre Erik, el nieto de Guerola.

—Como Guerola que es, ¿continuará firme en el empeño de cambiar la sede de su partido?

—No, pero me está costando la misma vida. Cierto que soy Guerola, muy cabezón. No es fácil. Tengo el dinero, pero no me puedo mudar, porque tienen que confluir diferentes criterios: de espacio, de lugar y de coherencia. Somos un partido permeable y humilde, por lo que no nos podemos ir a un edificio de tres plantas, también quiero mantenerme en el centro, cerca de las instituciones, y luego tiene unos filtros, fundamentalmente Génova, que ya ha tenido experiencias difíciles con estos cambios. Entiendo las precauciones que hay que tener. Creo que es la única promesa que no voy a poder cumplir. Renuevo aquí la promesa con usted.

—Doy por hecho que continuará como presidente provincial...

—Esto es un partido abierto, se puede presentar quien quiera, pero mi intención es presentarme de nuevo, si cuento con el beneplácito de mis dos presidentes. Considero que necesitamos, al menos, una legislatura más.

—¿De qué se siente orgulloso como presidente del PP?

—De coser un partido que estaba a medio ilusionar, porque veníamos de unas guerras internas completas y heridas que sangraban. Aprovecho para reconocer el trabajo de Juan Diego Requena. Ilusionar implicaba un desgaste enorme, porque no sé ni los años que no pasaba por Villarrodrigo un presidente provincial, por ejemplo. No me queda un punto sin peinar en la provincia, me conocen las estructuras, todos me pueden llamar de lunes a domingo y, por lo tanto, ese sentimiento patrio de volver a sentirse orgulloso del PP puedo contarlo gracias al trabajo de todos los que empujan conmigo.

—¿Algo que añadir?

—Para todo el que sea jiennense, y si milita en el PP más, creo que nos espera lo mejor en el horizonte, un 2027 ilusionante donde vamos a completar el círculo, con Alberto Núñez Feijóo en la Moncloa y el Partido Popular tiñendo de azul nuestra provincia.