El Congreso de Agricultura y Biodiversidad llama a acelerar la transición hacia un modelo agrario sostenible

El congreso también abordó las condiciones estructurales y de política pública necesarias para facilitar el cambio de prácticas
Clausura del I Congreso Internacional de Agricultura y Biodiversidad. / Europa Press.
Diario de Jaén

El I Congreso Internacional de Agricultura y Biodiversidad ha concluido este viernes en Jaén con un llamamiento para acelerar la transición hacia un modelo agrario sostenible. Organizado por SEO/BirdLife en el marco del proyecto Life Olivares Vivos +, ha reunido durante tres días a más de un centenar de expertos, investigadores, responsables públicos, organizaciones agrarias, empresas y productores. Con 63 pósteres científicos, 23 comunicaciones orales, cuatro ponencias marco, cuatro mesas redondas y una conferencia inaugural a cargo de María Helena Semedo, exsubdirectora general de la FAO, ha sido “un espacio de referencia internacional para analizar cómo integrar la biodiversidad en la agricultura desde la ciencia, las políticas públicas, el mercado y la práctica agraria”, según ha informado SEO/BirdLife.

En el congreso, se han puesto de manifiesto tres claves principales: el papel estratégico de la biodiversidad para la resiliencia y la productividad de los cultivos, la importancia de que la ciencia llegue al campo y la necesidad de que el mercado y las políticas acompañen en el proceso de transición a modelos productivos sostenibles. “Es un absoluto éxito que, después de un proyecto demostrativo como Olivares Vivos, lleguemos a este primer congreso en el que se han adquirido compromisos claros para poner en marcha un nuevo modelo agrario que tenga en cuenta la biodiversidad. Compromisos que van, desde los sindicatos agrarios hasta las cooperativas e incluso las instituciones públicas a todos los niveles”, ha afirmado la directora ejecutiva de SEO/BirdLife, Asunción Ruiz.

Así, entre las principales conclusiones que se han desgranado entre todas las ponencias presentadas, se observa cómo la biodiversidad continúa ocupando un lugar secundario en el debate sobre sostenibilidad, pese a ser el motor fundamental de los ecosistemas y de los servicios que sostienen la producción agraria. La evidencia científica presentada confirma que la pérdida de flora y fauna en los cultivos incrementa la dependencia de insumos externos y, con ello, la vulnerabilidad económica y geopolítica del sistema agrario. Por ello, los expertos coincidieron en que la agricultura debe convertirse en un actor central en la recuperación de la biodiversidad, y que las políticas públicas deben avanzar hacia instrumentos claros, medibles y orientados a resultados, sustentados en indicadores robustos y coherentes con los objetivos del Plan Estratégico de la PAC.

Asimismo, el análisis científico presentado en el congreso puso de relieve la complejidad ecológica de los sistemas agrarios y la necesidad de enfoques contextuales. Los efectos de la biodiversidad no son universales: dependen del paisaje, del clima, del manejo y de las características de cada territorio; por lo que, identificar qué prácticas funcionan mejor en cada contexto es esencial para diseñar políticas eficaces y escalables. Uno de los consensos más repetidos fue la persistente brecha entre el conocimiento científico y su aplicación en el campo. A pesar de los avances en agroecología y biodiversidad, la ciencia no llega con suficiente claridad ni operatividad a las explotaciones.

Para cerrar esta distancia, los especialistas insistieron en la necesidad de traducir la evidencia en medidas simples, tangibles y verificables, acompañadas de información clara sobre dónde funcionan, cuánto cuestan y cómo se monitorizan. La formación práctica y adaptada al perfil real de los agricultores se identificó como una herramienta clave para escalar la adopción, junto con los proyectos demostrativos y el intercambio entre agricultores, que se revelan como mecanismos especialmente eficaces para acelerar la innovación en el territorio.

El congreso también abordó las condiciones estructurales y de política pública necesarias para facilitar el cambio de prácticas. La transición hacia modelos agrarios que integren biodiversidad requiere estabilidad institucional, marcos de apoyo duraderos e incentivos bien definidos. Sin embargo, las inercias del sistema agrario, la percepción de que la biodiversidad implica costes adicionales y la falta de maquinaria o financiación adecuada dificultan la adopción. Por ello, se destacó la importancia de avanzar hacia pagos basados en resultados, capaces de reconocer el esfuerzo real de los agricultores y de reducir la incertidumbre asociada a los procesos de cambio.