El Bar Toby cierra mañana domingo tras 34 años de historia en Santa Isabel
El tabernero es una especie en extinción. Es un hecho. Cada día que pasa es otro clavo más en el ataúd de una profesión que, por extraño que parezca, es muy diferente a la de ser camarero y la de un bar común. Jaén, y en concreto el barrio de Santa Isabel, pierde mañana un emblema del vivir y del convivir. El Bar Toby cierra sus puertas después de 34 años en los que por sus cuatro paredes han pasado miles y miles de personas buscando “la cerveza más fría y los mejores caracoles de todo Jaén”. Y es que así lo ha decidido su propietario, Cristóbal León Casto, “Toby” para todo el mundo, quien pone punto a final a esta aventura 13 días después de cumplir los 65 años. “Cogí el bar con 31 años, aunque yo llevo trabajando desde los 14 años. A mí al principio no me gustaba, pero como decía mi amigo Paco: ‘Una vez que entras, te engancha”, comenta Toby mientras va despachando por última vez a los proveedores, quienes le incitan a seguir un poco más: “Al menos este verano”.
Pero no, mañana será el último día, “uno muy duro”, indica el tabernero al que se le nota un nudo en la garganta en casi todo momento, comentando que no se siente “tan alegre como creía que me iba a sentir”. “Ahora puedo hacer lo que me venga en ganas, cosas que no he hecho a lo largo de mi vida, pero la verdad es que no es así, en el cien por cien. Me da tristeza dejar de venir por aquí. Aparte de clientes, la mayoría, por no decir el cien por cien, son amigos de muchos años”, asegura Toby. Casi 35 años en el que ha estado acompañado por sus dos hijas y su mujer, Juani, “ella ha sido el 90% de que todo esto haya salido bien”, incide Toby, quien se pone aún más emocional al pensar en ella. Tres décadas y media que mañana escriben su final, pues como explica, no quiere traspasar el negocio: “Lleva esto como local abierto 60 años, que no es mío, es de mi madre. Entonces después de tantos años no nos apetece ni traspasar ni alquilar ni nada. Cerramos y ya en un tiempo se verá que se hace”, explica.
El saber que cuando eche la persiana nada ni nadie turbará el descanso del local, hace que pueda tomarse ciertas licencias en lo que respecta al mobiliario y a su estado. En los últimos días, desde que anunció su jubilación, la “familia” que acude diariamente o más esporádicamente por el otro lado de la barra ha querido dejar su impronta y sus mejores deseos hacia Toby en los azulejos de las paredes. Como una suerte de Muro de Berlín, los mensajes pintados con rotulador negro se agolpan en la pared detrás de la larga barra, cada uno con sus particularidades, como los que piden la receta de la “carne a la suegra”, las cabrillas en salsa o el ponche, otros que lamentan el cierre y los que hacen un repaso de los grandes momentos vividos en este lugar vivo del barrio de Santa Isabel. Un maremagnum de recuerdos que, como siempre que se llega al final de algo, vuelven a brotar y que siempre hacen más difíciles las despedidas. Menos de 48 horas para que uno de los templos jaeneros con más pureza deje de “estar”, pero que siempre quedará en la memoria de aquellos que supieron disfrutarlo, aunque solo fuese una noche. Las tabernas, aunque se confundan con un bar, no lo son. Aquí el cliente no lleva la razón, ni hay porfavores ni gracias. Se sirve con “malafollá” y “si no te gusta, ahí está la puerta”, pero en pocos sitios se va a encontrar más verdad y esencia. Lugares donde nada se esconde y en los que no hay ni trampa ni cartón. Así ha sido el Bar Toby durante 34 años, un espacio en el que la hostelería ha sido la excusa para vivir una vida llena de trabajo, pero sobre todo de alegría compartida.