A 20 minutos de mi casa

En medio del caos, hubo un halo de esperanza: La enorme solidaridad de los vecinos de Adamuz
Estado del Iryo tras el accidente ferroviario en Adamuz.
Francisco Gaitán

Era un domingo aparentemente tranquilo. Estaba en mi piso, en esa ciudad que me ha acogido desde hace casi seis años que es Jaén —a la que por cierto no llegué llorando— y con la satisfacción de haber estado, uno año más, en una Carrera Urbana Internacional Noche de San Antón de la que aún mantengo mi fe en correrla.

Pero sobre las 20:00 empiezo a mirar el móvil, decenas de mensajes y primeras noticias sobre un choque de trenes en Adamuz. Lo primero que pensé: por favor que no haya nadie conocido y cercano. Empiezo a preguntar y, más allá de algunos familiares que debieron cambiar su ruta de vuelta del estadio El Arcángel, nada. Aunque, pasaban las horas e iba subiendo el conteo de víctimas, la sensación de dolor, tristeza y pensar en todas aquellas familias que ya sabían que en esta tragedia había un ser querido que jamás volvería a ver con vida o que tenían alguien desaparecido y no sabían nada de él, se propagó en un servidor.

Las banderas del Ayuntamiento de El Carpio a media asta.

Cuando los medios de comunicación informan sobre catástrofes que se producen en cualquier lugar del mundo, como los atentados de París o, más reciente, la dana de Valencia, hay quien tiende a pensar que algún hecho con muchas víctimas mortales no te va a pillar. Pero esta vez fue a 20 minutos de mi pueblo, El Carpio, dentro de la comarca a la que pertenezco, el Alto Guadalquivir —misma denominación que la que engloba a Santo Tomé, Chilluévar, Peal de Becerro, Cazorla, La Iruela, Quesada, Hinojares, Pozo Alcón y Huesa—. Esa sensación de que ha pasado tan cerca, tan próximo, es difícil de describir, pero el pensamiento no se puede quitar todavía de la cabeza.

Testigos directos de la tragedia describieron aquello como “el infierno”, o “lo peor de la vida se encontraba allí”. Pero, en medio de la catástrofe y la oscuridad, aparece un halo de esperanza. Como sucedió con la tragedia de Valencia, esa esperanza en forma de solidaridad la representaron los vecinos de Adamuz, que se volcaron en todo momento para ayudar a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado hasta donde pudieron: ya sea llevando mantas a la Caseta Municipal, tratando de evacuar a heridos con sus coches o incluso con un quad. “¡Qué pedazo de vecinos tenemos!”. Un pensamiento que pueden tener Villafranca de Córdoba, El Carpio, Pedro Abad, Montoro, Bujalance, Cañete de las Torres y Villa del Río, así como Algallarín, Morente, Maruanas y San Antonio.

Minuto de silencio en la Plaza de Santa María, en Jaén, a 19 de enero. / Ayuntamiento de Jaén.

Un apoyo determinante que, unido a la coordinación de todas las fuerzas del orden, entre ellas voluntarios de Protección Civil como los de Andújar, sanitarios y psicólogos están haciendo un trabajo fundamental a la hora de ayudar a todos los afectados. Ola de solidaridad y respeto que, por supuesto, también sentí en mi provincia de adopción y por el trabajo de mis actuales compañeros de Diario JAÉN.

Tras pensar en los míos, mi pensamiento también se fue a todos aquellos que en su día fueron compañeros, que están haciendo, todos, una labor encomiable de vocación de servicio de público. Pero, en especial, a la que fue mi antigua casa durante cinco años, Diario Córdoba, cuya labor está siendo increíble para informar y acercar la verdad más certera a todos, sobre todo a los cordobeses —¡Consulten siempre medios oficiales!—. Son días en los que el alma se encoge y no hay ganas de celebrar nada. Ni Don Carnal quería entrar en escena y el Gran Teatro Falla no encendió sus focos ni alzó el telón.

Toda esta reflexión es un pensamiento que, solamente, quería soltarlo. No sé si será la mejor forma de expresarlo. Podría quizás utilizar otras palabras, pero son sensaciones que deseaba manifestar. Y, por último, parece un tópico pero hay que recordarlo: no se olviden, especialmente de esas familias ahora rotas por el dolor.