La cicatriz del Brexit obliga a Reino Unido a mirar a Europa diez años después

La población busca una mejora de las relaciones con la UE a medida que crecen las voces críticas con el referéndum
Imagen de archvo de un manifestante contra el Brexit en Reino Unido.
Diario de Jaén

Diez años después de que la población británica se dirigiera a las urnas para votar en el marco del referéndum sobre la salida del país de la Unión Europea, el país hace frente a una crisis institucional que ha vuelto a materializarse con la dimisión este mismo lunes del primer ministro, Keir Starmer, quien ha acabado cediendo a las presiones internas del Partido Laborista en medio de una crisis de liderazgo. Tras una década del histórico referendum, la mayoría de los análisis sobre el Brexit coinciden en una cosa: la salida de Reino Unido del bloque comunitario ha frenado el crecimiento de la economía británica en un país que ha pasado por siete primeros ministros en tan solo una década. Este devenir se ha vuelto sintomático de una situación de desgobierno que deja en manos del próximo primer ministro la ardua tarea de hallar soluciones. La crisis económica y el rechazo a los migrantes extendieron entonces la idea de que había que “recuperar el control” del país para redefinir su relación con Europa y sus aliados siguiendo sus propios términos. Un punto que resulta paradójico, habida cuenta de que ninguna de estas cuestiones han acabado por resolverse después de diez años. “Esta ha sido una de las grandes paradojas del Brexit y la demostración más clara de la ambigüedad de mensajes sobre los que se construyó el argumentario a favor del Leave’”, ha señalado Carme Colomina, investigadora del Cidob, en declaraciones a Europa Press. “El referéndum no ha conseguido solucionar ninguno de los problemas que se adjudicaban a la UE: inseguridad económica, globalización desigual, disminución de la confianza en las élites políticas y la percepción de que la toma de decisiones democráticas se ha alejado cada vez más de los ciudadanos”, ha apuntado.

Así, la mayoría de los expertos consideran que ese supuesto reajuste, incluso si se llevara a cabo por completo, dejaría sin resolver gran parte de las pérdidas comerciales que ha sufrido el territorio británico desde el divorcio con Bruselas. El voto antisistema que propició el apoyo a la campaña del “Leave” ha seguido debilitando al Ejecutivo y permite a partidos como Reform UK, de Nigel Farage, capitalizar el descontento ciudadano. Aquella campaña estuvo liderada por el propio Farage y obtuvo el 51,9% de los votos frente al “Remain”, que abogaba por permanecer en el seno de la UE y se hizo con el 48,1% de los votos. El referéndum de aquel 23 de junio de 2016 le costó el puesto al entonces primer ministro David Cameron. En su lugar fue nombrada Theresa May, que inició las negociaciones y estuvo tres años en Downing Street para acabar también entre la espada y la pared. Según datos oficiales, los efectos del Brexit han supuesto una reducción del PIB británico de hasta un 8%, un descenso del comercio de cerca del 15% y una caída del 18% de las inversiones. Estas cifras coinciden con un momento de creciente proteccionismo e inestabilidad geopolítica global que han profundizado, todavía más, la erosión en la competitividad que ya sufría Reino Unido.

Las encuestas apuntan a que si mañana hubiera un nuevo referéndum, el 63% de los británicos apoyaría reincorporarse a la UE. Todo esto ha llevado a Londres a trazar un plan de acercamiento con el bloque que, si bien a todas luces dista de ser ideológico, busca salvar los problemas económicos a los que hace frente Londres y rebajar así las tensiones internas. Los estudios muestran un mayor deseo de lograr relaciones más cercanas con el bloque comunitario, y los votantes de los principales partidos políticos se muestran cada vez menos reticentes a aceptar los errores del pasado. “Las heridas del Brexit todavía escuecen a ambos lados del canal de la Mancha. Por eso, desde Downing Street insisten en que este acercamiento con Bruselas no es una apuesta ideológica sino una estrategia únicamente en favor de los intereses económicos de los británicos”, ha explicado Colomina. “El problema es cómo dejar atrás el trauma del Brexit, también en las instituciones europeas. Bruselas es incapaz de superar la desconfianza que provoca el panorama electoral en Reino Unido porque, aunque haya una hipotética mayoría partidaria de la reincorporación a la UE, las encuestas de intención de voto impulsan hoy a Reform UK hasta la ventajosa posición de primera fuerza en la Cámara de los Comunes”, ha manifestado. No obstante, la experta descarta un nuevo referéndum de cara al futuro cercano dado que, “a pesar de la sensación de error, las encuestas también demuestran que el euroescepticismo sigue bien presente y los miedos que agitaron el Brexit también”. Esta situación ha provocado a su vez una nueva fragmentación en la política. En 2019, los dos partidos gobernantes tradicionales obtuvieron el 76% del voto popular; esta cifra cayó al 58% en las elecciones de 2024, y todos los procesos electorales posteriores sugieren que ha disminuido aún más con el ascenso de Reform UK y los Verdes. A esto se suma la aparición de un nuevo partido, escisión del propio Reform UK y llamado Restore Britain, creado a partir de la salida de Rupert Lowe.

Lograr finalmente el acuerdo del Brexit fue un duro proceso que no quedó exento de consecuencias: tras ganar las elecciones de 2019 con la promesa de sacar adelante el proceso, el conservador Boris Johnson afirmó que esta salida se materializaría por completo a pesar de que la frontera regulatoria estuviera en el mar de Irlanda. Esta cuestión fue especialmente dura a la hora de negociar la salida debido a los problemas que suponía pactar la retirada sin crear una frontera física en Irlanda del Norte que vulnerara los acuerdos establecidos, que pusieron fin a 30 años de conflicto en la región. Su gobierno negoció un rápido acuerdo de libre comercio con la UE, anunciado a finales de 2020 y aprobado en plena pandemia, un proceso que dejó graves cicatrices en la política británica, tanto interior como exterior. “En estos últimos tiempos, cada nueva amenaza geopolítica ha servido para acercar un poco más Reino Unido a la Unión Europea, y especialmente en el último año, vemos cómo Londres y Bruselas se encuentran en un proceso de reconexión acelerada y silenciosa”, ha afirmado Colomina. En este sentido, ha asegurado que “la invasión rusa de Ucrania abrió las puertas a la colaboración en materia de defensa, y la disrupción que ha supuesto el retorno de Donald Trump, agrandada por la inestabilidad económica y energética que generó la guerra en Irán, ha aumentado todavía más la necesidad de un entendimiento económico y comercial” entre las partes. “La llegada de Starmer al cargo buscaba restablecer las relaciones entre Reino Unido y la UE, pero con “líneas rojas muy concretas”, como “no volver a la unión aduanera, no devolver al mercado único y no volver a la libertad de movimiento”. “Una de las razones que el gobierno británico da para mantener estos límites es que no quiere renunciar a las ventajas de los acuerdos de libre comercio que ha negociado por su cuenta”, ha sostenido. Este reajuste, incluso si se implementara por completo, dejaría sin resolver la gran mayoría de las pérdidas comerciales que ha sufrido el Reino Unido por el Brexit”, tal y como ha argumentado Colomina, que ha aseverado que existe un “cambio de rumbo” en el debate sobre las relaciones entre Reino Unido y la UE ante la creciente “inestabilidad política” en una nueva época trumpista.