Honduras vota este domingo en pleno estado de excepción y entre acusaciones cruzadas de fraude

Rixi Moncada confía en aprovechar el impulso de estos años en los que el Gobierno logró reducir la pobreza y la tasa de homicidios
Imagen de archivo de un vendedor de banderas, en Tegucigalpa, Honduras. / Camilo Freedman / Europa Press.
Diario de Jaén

Honduras celebra este domingo unas nuevas elecciones generales marcadas, en esta ocasión, por las acusaciones de fraude electoral que se han estado lanzando durante la agitada campaña tres de los cinco candidatos con aspiraciones reales para asumir el mando en un país históricamente golpeado por la corrupción y el narcotráfico. Alrededor de seis millones de hondureños --más otros 500.000 desde el exterior-- están habilitados para elegir además de al nuevo presidente, la configuración del Congreso, cerca de 300 alcaldías, así como los veinte escaños que el país dispone en el Parlamento Centroamericano.

Las acusaciones de fraude electoral que se han venido lanzando los candidatos han elevado la tensión y existe el temor de que alguno de ellos acabe por no reconocer los resultados de unas elecciones que pueden estar en riesgo, según han alertado organismos internacionales, como la Organización de Estados Americanos (OEA) o la misión de observación electoral de la Unión Europea. El oficialismo ha sacado a relucir el contenido de una veintena de audios en el que la representante del Partido Nacional en el Consejo Nacional Electoral, Cossette López, estaría fraguando la manipulación de los resultados junto al jefe de bancada Tommy Zambrano y un miembro de las Fuerzas Armadas sin identificar.

Para el fiscal general, Johel Zelaya, estas “grabaciones demuestran plenamente la existencia de una asociación ilícita”. No obstante, la oposición sostiene que esos audios fueron manipulados y han dirigido el foco hacia la orden del Gobierno de poner a las Fuerzas Armadas a custodiar el material electoral antes, durante y después de los comicios.

La irrupción de Donald Trump

Tras 45 intensos días de campaña con acusaciones cruzadas de fraude, también con ataques personales, esta semana había regido el silencio electoral, tal y como marca la legislación, hasta que irrumpió el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, pidiendo el voto para el candidato del Partido Nacional, Nasry Asfura.

Trump agitó el más que manido fantasma del comunismo para alertar de los supuestos riesgos que corre la democracia en Honduras si el electorado se decanta por la candidata del oficialismo, Rixi Moncada, o por Salvador Nasralla, un viejo aspirante con una larga carrera en la televisión de su país y que finalmente logró el respaldo del Partido Liberal, más por pragmatismo que por convencimiento.