La irrepetible exhibición de Ricky Rubio en el Europeo sub-16 ante Rusia en Linares

Hace dos décadas, un joven base catalán deslumbró con 51 puntos, 24 rebotes y un triple milagroso para conquistar un oro histórico que cambió para siempre el baloncesto español
Ricky Rubio durante la final del torneo. / Archivo histórico de Diario JAÉN.
Gilberto Moreno

Precocidad y calidad, denominación de origen. De hecho, en 2005 debutó en la Liga ACB con el Joventut de Badalona el 15 de octubre de 2005, en la pista del CB Granada, con 14 años, 11 meses y 24 días, bajo la dirección de Aíto García Reneses en el equipo verdinegro, con el que renovó este julio hasta 2027. Ricard Rubio Vives, Ricky Rubio, dejó su sello en la provincia justo hace dos décadas, en un Campeonato de Europa sub-16 que todavía se recuerda en Linares, Martos y Andújar.

Fue una competición que llegó bajo el paraguas del Plan Activa y que convirtió durante varios días a la provincia de Jaén en uno de los grandes focos del baloncesto de formación europeo. El 20 de agosto de 2006, Ricard Rubio Vives ofreció una lección magistral en la final del Campeonato de Europa sub-16. Aún no era conocido mundialmente como Ricky Rubio, pero su demostración en el Pabellón Julián Jiménez de Linares traspasó las fronteras. El jugador, que por entonces militaba en el Joventut de Badalona, fue determinante para que España conquistara el título frente a Rusia en un partido que terminó 110-106 después de dos prórrogas. La primera de ellas fue forzada por el propio Rubio con un triple convertido desde el centro de la pista en el último instante. La segunda también tuvo su sello, ya que el base catalán provocó la prórroga con dos tiros libres. El desenlace desató el delirio entre los aficionados que llenaron las gradas del Julián Jiménez. La expectación fue de tal dimensión que se cerraron las puertas del pabellón y más de 200 personas se quedaron sin poder acceder por motivos de seguridad.

Rubio completó una actuación prácticamente irrepetible: 51 puntos, 24 rebotes, 12 asistencias y siete recuperaciones. Una hoja estadística que todavía sorprende dos décadas después y que convirtió aquella final en uno de los partidos más recordados de la historia de las categorías inferiores del baloncesto español. Hasta ese momento, el Europeo había sido perfecto para España, con ocho victorias en ocho encuentros, pero la final frente a Rusia elevó el torneo a otra dimensión. Rubio ya había dejado su tarjeta de presentación en las semifinales contra Croacia, donde logró un espectacular cuádruple-doble con 19 puntos, 10 rebotes, 13 asistencias y 11 recuperaciones. El máximo anotador español en aquel encuentro fue Alberto Jódar, con 33 puntos. En la final, sin embargo, todos los focos apuntaron hacia el dorsal número 9. Así las cosas, Rubio fue el gran protagonista de una selección dirigida por Jota Cuspinera que consiguió un oro histórico. Junto al base catalán participaron Iñaki Amuchástegui, Dani Pérez, Julio Sosa, David Guardia, Alberto Jódar, Armand Solé, Alejandro Hernández, Antoni Vicens, José Pérez, Ignacio Esteban y Jorge Santana.

Rubio terminó el campeonato como mejor jugador del Europeo y dominó las principales estadísticas de España. Anotó 186 de los 736 puntos del equipo, capturó 102 rebotes y repartió 57 asistencias. Su rendimiento le permitió formar parte del quinteto ideal del torneo junto a los aleros Dino Muric, de Eslovenia, y Alexander Karpuhin, de Rusia, y los pívots Luca Campani, de Italia, y Branislav Djekic, de Serbia. “El mérito es de todos. Este oro hay que agradecérselo a todo el equipo. Hemos disfrutado de este campeonato como un fabuloso grupo de amigos”, aseguró Rubio a pie de pista después de conquistar el campeonato. Una declaración que reflejaba ya una de las señas de identidad que posteriormente acompañarían su carrera: el protagonismo individual al servicio del colectivo.

Aquel verano de 2006, Linares, Martos y Andújar fueron testigos privilegiados del nacimiento de una estrella. Rubio todavía era un adolescente, pero su talento, visión de juego y capacidad para competir contra jugadores de su misma edad ya anunciaban una trayectoria diferente. Un año antes había debutado en la máxima categoría española con apenas 14 años y poco después comenzaría a convertirse en una de las grandes figuras del baloncesto nacional e internacional. Su carrera posterior confirmó aquellas primeras sensaciones. Rubio llegó a la NBA, disputó temporadas con Minnesota Timberwolves, Utah Jazz, Phoenix Suns y Cleveland Cavaliers, y se convirtió en una pieza fundamental de la selección española. Con España conquistó el Mundial de 2019, en el que fue elegido mejor jugador, además de lograr medallas olímpicas y europeas. Pero antes de todos esos éxitos estuvo Linares. Hace veinte años, el Julián Jiménez asistió a una noche que todavía permanece en la memoria del baloncesto jiennense. Dos prórrogas, 110-106 ante Rusia, un triple desde el centro de la pista y unos números imposibles para un jugador de apenas 15 años. Fue la noche en la que Ricky Rubio dejó de ser una promesa para comenzar a convertirse en una estrella.