Un “archivo vivo” digital lucha contra el olvido de la historia y las tradiciones de nuestros pueblos

Impulsado con apoyo del Ministerio de Cultura, el Mapa del Patrimonio Vivo combina la implicación vecinal y la tecnología para proteger el legado cultural de las comunidades
David Nieto Navarrete, coordinador del proyecto.
Adrián Claudio Bonache

LA ENTREVISTA

Existe una parte fundamental de la historia local que no suele quedar registrada en los libros ni guardada bajo la llave de los archivos oficiales. Habita en las fotografías antiguas conservadas en los hogares, en las recetas transmitidas de generación en generación, en las expresiones o en el recuerdo de oficios y tradiciones que corren el riesgo de desvanecerse. Con la vocación de salvar toda esa riqueza del olvido, nace el Mapa del Patrimonio Vivo, una plataforma digital concebida para crear un “archivo vivo” y participativo de la memoria colectiva de los municipios. Iniciado en el municipio jiennense de Albanchez de Mágina y respaldado por el Ministerio de Cultura, este proyecto combina tecnología, documentación y participación comunitaria para invitar a la ciudadanía a recuperar, digitalizar y compartir su legado cultural: recuerdos cotidianos, festividades locales y mucho más.

—¿En qué se basa el proyecto y cómo se realiza?

—Somos un equipo y nuestro objetivo es crear una plataforma digital y participativa con el interés de ayudar a los pueblos a conservar su memoria antes de que desaparezca. Nuestra idea parte de una realidad muy sencilla, y es que cada año se pierde algo que no vuelve. Por eso, en la plataforma recopilamos diferentes contenidos, como fotografías, expresiones, oficios o historias.

—¿La identidad es un aspecto troncal?

—Efectivamente. La pérdida de la memoria es algo que sucede en todos los pueblos, pero el Mapa de Patrimonio Vivo busca recoger todo lo que hace único a un municipio. Y lo hacemos a través de las propias historias contadas por la gente, que es lo verdaderamente enriquecedor. Queremos que los vecinos aporten, que abran los cajones de sus casas y busquen fotografías, que cuenten anécdotas que queden registradas para siempre.

—¿Cómo valora la participación hasta el momento?

—Desde que realizamos la presentación hemos contado con una gran participación. De hecho, diría que ha sido bestial. Cuando hemos ido a recopilar contenido, la gente nos abría los brazos, y es que me parece muy interesante que los vecinos estén tan ilusionados por poder contar, escuchar otras historias y ver fotografías del pasado. Son momentos fantásticos y muy alegres.

—¿Cómo son los “filtros” en todo este proceso?

—No solo se basa en enviar las fichas que nos hacen llegar los vecinos, sino que hay un trabajo más profundo detrás. Entre otras cosas, hay unos embajadores que validan y comprueban que existe una redacción correcta, al igual que comprueban que los contenidos no ofender o limitar. Después de llevar a cabo todos esos filtros, si todo cuadra y encaja con el patrimonio, se publica.

—¿Por qué considera importante mantener la memoria de los pueblos?

—Considero que cada pueblo es especial, y olvidar su historia es perder su esencia. No podemos dejar de ser nosotros mismos ni dejar de enseñar a nuestros hijos o nietos cómo se vivía.

—¿Se le presta la atención que merece a este mantenimiento o quedan materias pendientes?

—Por parte de los ciudadanos hay un gran interés. Hemos hablado con muchos vecinos y empresas, y puedo asegurar que el 100% ha querido colaborar para que ese patrimonio no se pierda. Creo que la gente quiere, pero faltan medios. Por eso, lo que intentamos a través del Mapa del Patrimonio Vivo es poner las cosas más fáciles, ya que la participación ciudadana se puede realizar, por ejemplo, enviando un audio o una fotografía por WhatsApp, que es algo que utiliza casi todo el mundo. Ese tipo de medios son muy necesarios.