“Trolly Pintaflores”, el espectáculo educativo para identificar emociones, cautiva Jaén
LA ENTREVISTA
El teatro infantil puede ser mucho más que entretenimiento. Puede convertirse en una herramienta educativa capaz de ayudar a los más pequeños a comprender el mundo que les rodea y, sobre todo, a entenderse a sí mismos. Esa es la filosofía que impulsa “Trolly Pintaflores”, un espectáculo de teatro educativo e interactivo que acerca la educación emocional a niños y niñas a través del juego, los colores y la participación directa. Detrás de esta propuesta, que pasó ayer por Jaén en una parada en SalaLaPaca, se encuentran Paco G. Melero, y Desirée Manzano, creadores de una obra que lleva años recorriendo escenarios y festivales de toda España. En ella, un simpático troll ayuda a los niños a identificar emociones como la alegría, la tristeza, el miedo o la ira, utilizando una colorida puesta en escena y una gran dosis de interacción con el público.
—¿Cómo nace la idea de crear “Trolly Pintaflores”?
—La idea surgió de mi interés por el teatro educativo y por acercar las emociones a los niños de una manera sencilla y visual. Nos basamos en estudios relacionados con la psicología del color, que asocian determinadas emociones con distintos colores. A partir de ahí construimos una historia que ayuda a los pequeños a identificar y comprender lo que sienten.
—¿A qué edades va dirigido el espectáculo?
—Aunque hemos tenido espectadores de todas las edades, es una propuesta especialmente pensada para niños de entre cero y seis años. Es en esas primeras etapas cuando comienzan a desarrollar el reconocimiento de sus emociones y creemos que es el momento ideal para trabajar estas herramientas.
—¿Quién es Trolly y qué representa para los niños?
—Es un troll que vive en un jardín muy especial. Aunque tradicionalmente los trolls suelen asociarse a personajes negativos, nosotros le damos la vuelta a esa idea. Trolly ayuda a todos los que llegan a su jardín a descubrir qué les ocurre y qué están sintiendo. Lo hace mediante una regadera mágica que hace crecer flores de distintos colores, cada una relacionada con una emoción. La obra tiene una clara intención pedagógica.
—¿Qué valores pretende transmitir a los niños?
—Queremos enseñar que todas las emociones son válidas y necesarias. Por ejemplo, la ira o el enfado suelen verse como algo negativo, pero forman parte de nuestra vida y es importante aprender a reconocerlos y gestionarlos. Trabajamos valores como la empatía, el autocontrol, la expresión emocional y el respeto hacia los sentimientos propios y ajenos. La participación del público es uno de los aspectos más destacados.
—¿Cómo interactúan los niños durante la representación de la función?
—Los niños participan desde el principio hasta el final. Subimos y bajamos del escenario, utilizamos materiales que ellos manipulan y realizamos juegos relacionados con las emociones. Además, contamos con recursos audiovisuales y efectos especiales como burbujas, nieve humo y canciones que convierten la experiencia en algo muy inmersivo. La respuesta es maravillosa porque participan de forma activa.
—¿Y qué valoración reciben por parte de los padres y educadores?
—Siempre hemos tenido muy buena acogida. Los padres suelen agradecer que el espectáculo no se limite a entretener, sino que aporte herramientas que pueden utilizar después en casa. Muchas veces los niños aprenden, pero los adultos también descubren nuevas formas de acompañar emocio- nalmente a sus hijos, y creo que es importante.