Paula F. Lupiañez profundiza con su nuevo poemario en la relación paterno-filial
El Premio Internacional de Poesía “Arcipreste de Hita” es uno de los certámenes literarios más consolidados del panorama español. Convocado desde el Ayuntamiento de Alcalá la Real en colaboración con la Fundación Caja Rural de Jaén, cuenta con una larga tradición reconociendo poemarios inéditos en lengua española. En su 47 edición, el certamen reunió 49 obras procedentes de seis países, resultando ganadora la poeta malagueña Paula F. Lupiáñez con su primer poemario de mirada íntima y contemporánea Pan recién horneado bajo el brazo. Informa Ana Lechuga.
—¿Qué sintió al saber que “Pan recién horneado bajo el brazo” había sido la obra ganadora?
—La llamada que recibí desde el Ayuntamiento de Alcalá la Real fue una sorpresa muy agradable. Sobre todo sorpresa. Al ser una autora tan joven, con sólo 24 años, me daba bastante respeto presentar la obra a algún certamen, y ganar fue una gran sorpresa.
—Es su primer poemario, ¿cómo nace este libro?
—Es una historia de duelo a dos voces que realmente bebe de otros poemarios de duelo como son Canal , de Javier Fernández o El desgarro de Jorge Villalobos así como otras novelas de duelo. Y aunque en toda narrativa o poesía hay parte de realidad, quería relatar una historia propia experimentando con el formato, dándole una vuelta de tuerca a este tipo de historias sobre el duelo.
—El título es curioso y sugerente, ¿qué significa para usted Pan recién horneado bajo el brazo?
—Pan recién horneado viene de un verso de un poema del propio poemario que se llama Testamento, y en ese poema trato de narrar la crudeza de un padre que escribe su testamento, y nada más salir de notaría pone ese documento debajo del brazo. Y esa es la comparación, expresa la crudeza del proceso con la cotidianeidad.
—¿Es complicado volcar esas emociones en un poema?, ¿qué temas son los más recurrentes?
—No soy una persona demasiado sentimental, y estas historias las trato con sumo cuidado, pudor y respeto. En la obra he querido centrarme en los momentos anteriores al duelo: cómo se vive el deterioro de un padre desde las dos voces en las que está escrito el poemario.
—Ha ganado un premio importante y de prestigio en el panorama poético, ¿siente la presión a partir de ahora?
—Más que presión, al principio sentí un poco el síndrome de la impostora. La escritura para mí es mi mayor hobby, aunque también la considero de manera profesional. Pero a partir de ahora voy a dedicarme a escribir lo que me divierta, lo que me nazca, lo que me haga feliz. Como lo disfruto tanto, no pienso tanto en quién lo mire, sino en sentirme bien yo misma con la obra, con lo que escribo.