Manuel Moyano relata el apocalipsis bíblico a través del humor
LA ENTREVISTA
Una historia que mezcla la diversión con la tragedia llegará a la provincia jiennense. Se trata de “El mundo acabará en viernes”, la última novela de Manuel Moyano, quien cuenta con 24 obras literarias publicadas. Así, el próximo 30 de enero estará en Linares con un acto en la librería Entre Libros a las 19:30 horas, mientras que el día 31 presentará la obra a las 12:30 horas en la librería ubetense Libros Prohibidos. Una novela que llegó recientemente a su segunda edición y donde Moyano expone sus destrezas literarias.
—¿En qué historia se adentra el lector con la novela?
—”El mundo acabará en viernes” es una novela que narra el apocalipsis que aparece en la Biblia, al final del Nuevo Testamento, como si tuviese lugar en nuestros días. Se hace mención a temas como la resurrección de los muertos, la segunda venida de Cristo o el juicio final, entre otros. Aparecen personajes anónimos inventados juntos con otros célebres, entre los que podríamos citar a Ernest Hemingway, Lady Di, Bob Dylan, Leonardo da Vinci y mucha más gente que tiene un papel importante en la novela. Y, como curiosidad humorística, el Festival de Eurovisión es el lugar donde se anuncia el apocalipsis.
—Destaca también ese tono humorístico en la narración.
—Sí. Cuando uno empieza a escribir no siempre se tiene claro qué tono tendrá la novela, pero aquí se adivina un cierto toque humorístico desde el título. Al narrar el fin del mundo y de la Humanidad, lo normal es optar por una versión trágica, pero con mi tendencia a relativizarlo todo preferí realizar una mezcla de la tragedia, el humor y la ironía. No siempre es fácil conseguir un equilibrio entre dos versiones tan extremas, pero creo que es interesante y divertida.
—¿Qué le incitó a escribir una novela como esta?
—A menudo se escribe a partir de una idea inicial que no es necesariamente reciente. Durante mucho tiempo quise escribir sobre el apocalipsis bíblico en nuestros días, y justamente sobrevino la pandemia de coronavirus. Me di cuenta de que la realidad tenía cierto parecido a una especie de apocalipsis, con las calles vacías y todo el mundo refugiado en sus casas. Creo que ese ambiente propició que materializase la idea que tenía latente. Escribí la novela en ese período, pero después borré cualquier rastro relacionado con la pandemia, ya que fue una situación que, de cierta forma, nos saturó demasiado.
—¿Qué le gustaría generar entre sus lectores?
—Me gustaría generar reflexión sobre nosotros mismos y ser capaces de afrontar el destino con cierto sentido del humor. Creo que el destino es inevitable, por lo que, como mínimo, debemos sonreír mientras se acerca. Y, por ahora, estoy contento con la acogida.