José Antonio Rivas: Pinceladas de memoria

El artista convierte la cerámica en retratos de figuras históricas
José Antonio Rivas.
Nuria Fernández Luque

La azulejería clásica continúa siendo una de las formas de expresión artística más valoradas. En Jaén, esta técnica se encuentra en pleno auge gracias a artistas como José Antonio Rivas, afincado en Bailén, cuyo trabajo ha logrado fusionar el legado histórico de la cerámica con un estilo propio, personal y profundamente arraigado en la cultura local. Su obra, distribuida por diversas iglesias, monumentos y espacios públicos, se caracteriza por una mirada contemporánea sobre una disciplina ancestral, lo que le ha valido el reconocimiento de expertos, aficionados y coleccionistas. Con una trayectoria que abarca desde representaciones de importantes figuras hasta una serie de trabajos en iglesias y edificios de gran valor histórico, su legado artístico está marcado por la singularidad de su técnica, la precisión en los detalles y el respeto por la tradición.

—Ha dedicado su vida a la cerámica. ¿Cómo comenzó su relación con este arte?

—Desde que tengo uso de razón quise ser pintor y escultor. Nací en Málaga y mi pasión por el arte me llevó a Valencia, donde tuve la suerte de formarme en la Escuela de Cerámica de Manises, que en aquel entonces era la mejor de Europa. Allí aprendí de auténticos estudiosos del oficio. Sin embargo, pronto me dijeron: “Tú eres un creador, aquí trabajamos la cerámica repetitiva, pero lo tuyo es otra cosa”. Así que regresé a Andalucía y con 20 años me establecí en Andújar para trabajar en una fábrica de azulejería. Desde entonces, llevo dedicando gran parte de mi vida al arte de la cerámica.

—¿Cómo definiría el estilo que posee su azulejería?

—Mi obra tiene un estilo propio y personal. Una vez que ves una de mis piezas, puedes reconocer que es mía. Esto se debe, en gran parte, a que fabrico mis propios colores. Hoy en día, en la mayoría de los talleres se compran los esmaltes ya preparados, pero yo sigo la tradición de los grandes maestros y elaboro mis propios tonos, lo que hace que mi cerámica siempre sea única.

—Su trabajo abarca desde la restauración hasta la escultura en relieve. ¿Qué otras facetas desarrolla dentro del arte cerámico?

—Además de la azulejería, me dedico a la escultura en barro y al bajorrelieve. He realizado retratos en cerámica de figuras como Juan Pablo II, Juan XXIII o Teresa de Calcuta. Me gusta lograr un realismo impactante, algo poco común en el mundo de la cerámica. También he trabajado en la restauración de diversas imágenes religiosas, una labor que requiere un conocimiento profundo.

—¿En qué proyectos está trabajando actualmente?

—Ahora mismo me estoy dedicando a restauraciones para una cofradía amiga, que tiene piezas de mucho valor, y también a mi faceta como guitarrista, que siempre ha sido otra de mis pasiones. También estoy organizando y catalogando toda mi obra, porque a lo largo de todos estos años he acumulado una gran cantidad de piezas importantes que nunca he vendido. Tengo un taller lleno de obras personales que quiero empezar a mover y mostrar al público.

—¿Hay algún patrón típico de la azulejería clásica andaluza que utilice frecuentemente en sus obras?

—Mi obra no sigue un único patrón, aunque tengo un profundo conocimiento de los estilos clásicos. Me inspiro en la tradición, pero siempre aporto mi sello personal. A lo largo de los años he trabajado en iglesias, monumentos históricos y encargos particulares, adaptándome a cada proyecto. También he realizado diversos murales históricos. Creo que cada obra tiene su propio lenguaje, pero siempre dentro de una identidad propia que me distingue.