El adiós a lo grande de Etnosur, un festival con hondas raíces
Alcalá la Real retoma la rutina veraniega después de una edición de Etnosur, la vigésimo novena, marcada por un programa de primer nivel y por la ausencia de incidentes. El festival se prolongó unas horas por la retransmisión de la final del Mundial. La programación cultural del domingo estuvo circunscrita a la mañana y a la sobremesa. El protagonismo de los talleres, repartidos por varios espacios de la ciudad, fue casi total. Las propuestas que se sucedieron, entre las diez de la mañana y las doce y media del mediodía fueron Viaje por los 4 elementos a través del yoga & vibración, nendo dango, construcción de instrumentos con caña, caligrafía, muñecas abayomi, serigrafía —a cargo de la organización ecologista Greenpeace—, circo, ritmos latinos, Mini-hotel de insectos; Explosión de colores, crea tus calcetines Tie Dye; moda y sostenibilidad —de la joven diseñadora alcalaína María Jesús Pérez—, y moral en el arte urbano. Las materias variadas permitieron a un público intergeneracional aprender con fundamento durante los cuatro días de Etnosur.
En el colofón del festival todavía quedaba una propuesta cultural de nivel. Se trataba de un encuentro, en el teatro Martínez Montañés, con el escrito Benjamín Prado y el músico Shuarma. A las dos de la tarde, todavía quedaban ganas para disfrutar del Etnochill del Paseo de los Álamos. La sesión, en la que pincharon Nûra y Pierrot, congregó a los más incondicionales en una convocatoria en la que se dan la mano los vecinos del municipio de La Mota con visitantes procedentes de la provincia y otros puntos de España.