Eduardo Ruiz Sosa aborda la herida de la migración y la identidad en El paisaje es un grito
LA ENTREVISTA
El escritor mexicano Eduardo Ruiz Sosa visitó tierras jiennenses para presentar su última novela, El paisaje es un grito. Lo hizo en la librería El agente secreto de Úbeda, donde compartió la construcción de esta historia que sitúa a los lectores ante cuestiones como el desarraigo, las fronteras y la búsqueda de identidad a través de temas como la migración, la violencia y la transformación del territorio. Ruiz Sosa ha construido una trayectoria literaria marcada por la exploración de la memoria, las ausencias y las heridas individuales y colectivas.
—Qué supone para usted presentar El paisaje es un grito en Úbeda y encontrarse con los lectores jiennenses?
—Es una alegría. Siempre me he sentido muy bien en Úbeda, donde he presentado otros libros. El recibimiento es casi hogareño, con amigos y lectores que muestran una gran disposición.
—¿Hubo alguna experiencia o pregunta que actuara como punto de partida de la novela?
—Es un proyecto en el que he trabajado durante unos cinco años, quizá algo más, y que reúne muchas experiencias personales. Por un lado, mi etapa en Tijuana después de salir de la universidad y trabajé en una fábrica situada en la frontera, y por otro, los últimos seis años en Barcelona, donde he vivido sin documentación en un laberinto de trámites, esa perversa maquinaria que aleja a las personas de un status legal.
—La migración y las fronteras atraviesan la narración...
—Me interesaba abordar la dimensión más íntima de la migración: las razones por las que alguien se marcha, la posibilidad de regresar, los vínculos que establece y la relación con el lugar de origen y el de destino. La migración transforma nuestra manera de estar en el mundo y también la forma en que nos relacionamos con los demás.
—¿Diría que la memoria es uno de los grandes temas que atraviesan su literatura?
—La memoria y el olvido son fundamentales en todos mis libros, y en esta novela también me pregunto cómo la migración y el desarraigo influyen en la construcción de la identidad: ¿Quién soy cuando estoy lejos?, ¿quién soy en el lugar al que quiero llegar?. A esto se suman cuestiones como la violencia, el tráfico de personas y las pérdidas, tanto emocionales y simbólicas como físicas.
—¿Qué le gustaría que permaneciera en el lector después de cerrar El paisaje es un grito?
—Quiero que el libro provoque una sacudida emocional e intelectual; que el lector se implique en la vida de los personajes y reflexione sobre la migración y sus consecuencias. También sobre cómo el trabajo puede ser una actividad alienante, un ejercicio de poder o en una forma de aniquilar al individuo y a la colectividad.