Antonio Navas “Tonini” trae la magia y el humor a Jaén con “Encartado”
LA ENTREVISTA
La magia y el humor se unirán el próximo 13 de marzo, a las 20:00 horas, en el Club La Vieja Escuela con el espectáculo “Encartado” de Antonio Navas Molina, conocido como “Tonini”. Su interés por el mundo de la magia comenzó desde pequeño, por lo que, con el paso del tiempo, se nutrió de conocimientos para profundizar en los juegos y trucos de cartas. Realizó espectáculos para el público infantil en cumpleaños, comuniones y oenegés. Ahora, una vez jubilado, retoma su pasión y mayor hobbie: la cartomagia, que es, según contó, la poesía a través de la magia.
—¿Qué le gustaría generar en el público asistente?
—Quiero que afloren distintas emociones: risa, sorpresa o, para algunos, quizás miedo. Pero lo más importante es que, al acabar el espectáculo, todos se lo hayan pasado bien. Aunque a mí me encante la magia y saber dónde está el truco, considero que todo esto es cosa de dos, es decir, la magia tiene sentido cuando se le muestra a otra persona.
—¿Cómo consigue mezclar la magia con el humor?
—No soy humorista, pero siempre quiero que mis espectáculos tengan una pizca de humor. Hay gente que va a los garitos sin esperar el espectáculo, y quizá coincidan con una temática que no les interesa. Por eso intento que, a través del humor, nadie se quede fuera. Me meto con unos y con otros, pero siempre desde el respeto. Soy el primero que me rio de mí mismo, y el espectáculo empieza de esta manera. Las sonrisas nos muestran que no hay que tomarse las cosas tan en serio.
—¿Qué es más complejo?
—El humor con muchísima diferencia. La magia consiste en unas técnicas que se aprenden y, cuando consigues aplicarlas, sale el juego. No es necesario tener una habilidad especial en las manos, por lo que es accesible para todo el mundo. Sin embargo, el ámbito del humor me parece mucho más complejo y, quienes se dediquen exclusivamente a ello, deben tener una buena formación.
—¿Cómo surgió su interés por el mundo de la magia?
—Mi padre tenía un bar obrero en Andújar, y allí la gente hacía cosas muy extrañas. Había un hombre cojo que hacía el pino en dos sillas para que le invitasen, otro que hacía juegos de cartas y muchas cosas más. Aquello era como el Got Talent de los pobres, pero de la década de los 70, y siempre pensé que también podía hacer esas cosas, aunque más que magia parecía un circo. Me fijé especialmente en los juegos de cartas y me regalaron un libro con el que aluciné. Después, cuando aprobé las oposiciones y me fui a Madrid, acudí a un estudio de magia, donde me dieron más libros que me abrieron un mundo. Con el tiempo conocí a José Blas Aranda, un enfermero de Jaén que era mago y aprendí muchísimo de sus conocimientos.