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URGENTE

“Mi plan es valiente”

Es un joven empresario de la ciudad que proyecta la construcción de un complejo turístico ubicado entre los parques naturales de Talassemtane
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12/02/2017

Está enclavado en un entorno natural único, entre los parques naturales de Talassemtane y Bouhache, un lugar idílico situado en el extrarradio de Chefchaouen. Es un proyecto ambicioso, una apuesta turística arriesgada que dirige un joven marroquí. Se trata de un conocido constructor en el sector, El Aouni Mohamed Azhar. Acostumbrado a viajar por todo el mundo y a conocer experiencias nuevas para el visitante, decidió solicitar permiso para construir un complejo que todavía no tiene nombre. “Quizás podamos llamarlo Jaén”, ironiza. Es necesario viajar en un coche preparado para el campo para llegar hasta el lugar. La carretera no está asfaltada y, a tenor de las previsiones, difícil será conseguirlo por el momento. Ese también es el encanto. “La idea es que el cliente que venga aquí esté en pleno contacto con la naturaleza y se olvide de la civilización”, comenta. El objetivo es crear un paquete turístico de tres o cuatro noches con rutas a caballo, paseos en quads y elaboración de platos de cocina con productos recién obtenidos de la huerta que ya se cultiva en el entorno. Todo lo que en este proyecto se encuentra es cien por cien natural. Un arquitecto suizo ha creado para la ocasión la primera chimenea ecológica y sostenible. Gastará dos kilos de madera al día, lo suficiente para surtir de energía a todo el complejo hotelero. “Queremos, en un plazo más lejano, exportar esta idea a las casas de Chaouen”, explica. Sobre el terreno, Mohamed Azhar subraya que su idea es inaugurar su iniciativa después del Ramadán. Se trata de cuarenta apartamentos, restaurante, gimnasio y dos piscinas de lujo. Es el primer gran complejo hotelero de toda la provincia. La inversión no se atreve ni a decirla. Generará cuarenta y cinco puestos de trabajo, que atenderán de manera exquisita a las más de cien personas que pueden llegar a alojarse en este original lugar.

Muy importante: “En el restaurante se podrá servir alcohol”. Actualmente, es complicado encontrar una cerveza en la ciudad. Solo el antiguo parador, convertido hoy en hotel, tiene autorización para servirla. Más de tres euros cuesta una botella más pequeña que un quinto. Caro, si se tiene en cuenta que un refresco cuesta alrededor de setenta céntimos de euro.

El proyecto de Mohamed Azhar tendrá también las dos primeras piscinas de Chaouen, una climatizada y otra exterior. Además, ya está construida una casa, de varias plantas, para alojar a los trabajadores. Los apartamentos, que ya están prácticamente terminados, tendrán capacidad para dos o cuatro personas. Todos tienen la misma orientación. “Mi proyecto es valiente”, sonríe.

Es difícil en Chaouen conseguir una entrevista con representantes políticos o responsables de colectivos sociales. Guardan cierto recelo con los periodistas y no se atreven, en la mayoría de las ocasiones, a contar las verdades de una tierra que está necesitada de libertad. Sin embargo, una vez que conocen a la persona y que saben que nada oscuro esconde en sus pretensiones, son capaces de abrir las puertas de su casa y, sobre todo, invitar a comer al contertuliano. Porque, eso sí, en Chefchaouen nadie se acuesta sin comer. Dicen que ni siquiera los mendigos que deambulan por las calles pasan hambre. Siempre hay una mano amiga dispuesta a brindar un plato de tayín. Algo parecido le ocurrió a la expedición jiennense con Mohammed Guendil.

Acudimos a un restaurante en el que resulta habitual que los cocineros frían el pescado que el cliente lleva recién comprado del mercado. Teníamos previsto vernos con un empresario de la zona, El Aouni Mohamed Azhar, a quien conocimos el día anterior gracias a un periodista del diario digital Chaouen Press. En la mesa se sentó un señor con barba blanca, a quien estrechamos la mano sin conocer su identidad. El almuerzo, agradable y abundante, terminó. Y, antes de levantarnos de la mesa, Mohammed Guendil, que no nos quitó el ojo durante la comida, se brindó para esta entrevista.

Es el presidente de la Asociación de Desarrollo Económico de Chefchaouen y el coordinador general del Consejo Participativo, Medio Ambiente, Energía, Clima y Desarrollo Sostenible. Su principal labor consiste en dar asistencia a las empresa, es decir, asesoramiento formativo y burocrático en todos los sectores. Conoce a la perfección el tejido empresarial y sabe de sus virtudes y sus defectos. Destaca la bonanza de las empresas turísticas desde que el Rey de Marruecos visitó la ciudad. “Pasó aquí una semana y, desde entonces, todo el mundo quiere venir”, expresa. Lo mismo ocurrió con la esposa del Príncipe de Qatar, quien llegó a Chefchaouen a comprar dulces y, sin querer, promocionó la zona como nunca.

Ahora bien, Mohammed Guendil alude a la necesidad de infraestructuras públicas que tienen las compañías privadas para ser más competitivas. “Hacen falta mejores comunicaciones”, comenta. El representante empresarial es reivindicativo: “Necesitamos una bajada de impuestos para traer la mercancía de la construcción. El IVA está al veinte por ciento, es decir, pagamos lo mismo que en Casablanca, y hay otros impuestos más añadidos que son variables”. En este sentido, indica que, a pesar de los obstáculos, los empresarios demuestran su “amor” por la ciudad y apuestan firmemente por ella.

Entre las estrategias que enumera para intentar reflotar Chaouen, subraya las encaminadas al respeto al medio ambiente. “Queremos cambiar la iluminación pública de las calles por energía limpia, pedimos que todo sea ya tipo led en las construcciones, necesitamos hacer viviendas que sean más accesibles e instalar energía solar”, indica. Guendil asegura que el proyecto de desarrollo caerá, próximamente, en manos del Ayuntamiento, con quien el Consejo que preside trabaja de forma coordinada. Ideas hay. Solo falta materializarlas.