El gran “escaparate” para un fruto con mucho corazón

Castillo de Locubín celebra ya su trigésima sexta Feria de la Cereza

15 jun 2019 / 11:31 H.

Son, como explica su alcalde, Cristóbal Rodríguez, los primeros productores de Andalucía, con unos 2 millones de kilos por campaña. Pero la cereza va mucho más allá de ser solo un fruto que dan sus fértiles huertas a orillas del Río San Juan. Es símbolo de identidad de los castilleros. Así, estos días, todo este municipio de la Sierra Sur se convierte en el mejor escaparate para su producto estrella y también para sus gentes, sus tradiciones y su idiosincrasia.

Vestida de un rojo intenso y con forma de corazón, la cereza es el producto que hace diferentes a los pueblos de la comarca de la Sierra Sur y la provincia. Y en estos días se muestra todo su potencial, desde el gastronómico al industrial. Sus treinta y seis años de historia la hacen ser mucho más que una fiesta agrícola, sino una forma excelente de demostrar que están orgullosos de su pueblo, su forma de vida y su producto estrella. El Paseo, la arteria en torno a la que bulle esta celebración, acogió al mediodía de ayer la inauguración institucional, antes los más pequeños ya habían comenzado la fiesta con una olimpiada infantil. Allí, el alcalde —que hoy deja de ser en funciones para revalidad su cargo en la constitución de la nueva Corporación con una gran mayoría—arropado por numerosos vecinos, compañeros del equipo de Gobierno y, como no, el simpático Cerecito, la mascota de la feria, abrió oficialmente la celebración, con el corte de la cinta y una invitación para que no solo todo el municipio y la comarca, sino la provincia entera, se sume a la fiesta y los visite a lo largo de las próximas horas. Allí, artesanía, deporte, cultura y gastronomía les ofrecerán argumentos más que suficientes para que no se arrepientan. De hecho, en los últimos años, las visitas se han multiplicado y han llegado a superar las 4.000. Para este, Castillo se fijaba un nuevo reto: alcanzar las 8.000.

Parte imprescindible para que cada año la Feria de la Cereza crezca y sume nuevas actividades sin perder su esencia es la implicación de colectivos y empresarios locales. Especial mención requieren las asociaciones de mujeres “Encina Hermosa”; la de amas de casa “La Villeta” y la agrupación local de la Asociación Española Contra el Cáncer.

En la primera mañana de feria, día que, desde 2015, es festivo local en Castillo para que todos sus vecinos puedan sumarse a la feria, además de las actividades infantiles, numerosos puestos que conforman el gran mercado de la Feria ultimaban detalles a la espera de los visitantes. Entre tanto, Cerecito, la mascota de la fiesta, no dejaba de posar con todo aquel que se lo pedía, y no fueron pocos. En cuanto a los establecimientos participantes en la feria, destacan, especialmente, los dedicados a la gastronomía, como los de venta de cerezas —imprescindibles—, los de embutidos y quesos de la zona, panaderías y de productos de repostería, como el de los Chachepó, un dulce típico de Linares que quiere abriese camino en la Sierra Sur, o el chocolate con aceite de oliva, de Artechoc, de Baeza. También está otro de los habituales, la cerámica con decoración de cerezas que cada año llega desde La Rambla de Córdoba. Pero sin duda no pueden faltar los de las asociaciones de mujeres, que, cada año, le dan una vuelta de tuerca a sus productos, desde los tradicionales licor, mermelada y pasteles con la cereza como protagonista, a todo tipo de artesanías con bordados con este rojo fruto como emblema y bisutería. Como novedad, para cuidar el medio ambiente, han creado bolsas reutilizables para la compra, como no podía ser de otra forma, con dos cerezas impresas.

Al mismo tiempo, “Encinas Hermosas” ofrecía un fresco “rojo-blanco” ajoblanco con cereza.

Ya durante la primera tarde de la Feria de la Cereza, se celebró el maratón de fútbol sala y, por la noche, uno de los momentos más esperados, que supone el verdadero pistoletazo de salida. Fue el pregón, que, en su vigésima edición, fue pronunciado por Valentín Castillo Olmo, muy vinculado a Castillo y con una gran entrega a la promoción del deporte. También se entregaron las Cerezas de Oro, en esta ocasión, a la empresa Elayotecnica, al castillero Federico Castillo Extremera —un reconocimiento a título póstumo a este arquitecto, músico, dramaturgo, diputado y presidente de la Diputación Provincial—; las dos primeras mujeres que fueron concejales en Castillo, Severiana Peinado Navas —a título póstumo— y Patrocinio Cano García, con motivo de los 40 años de ayuntamientos democráticos; la deportista Silvia Lara Diéguez, y Antonia Alba Hidalgo y Cristóbal Rueda García, personas mayores del municipio por sus trayectorias vitales. Ya al cierre de esta edición, la fiesta continuaba con la verbena.

Entre sus actividades, destaca también la exposición Artlocubín, instalada en el Centro de Participación Activa, una muestra pictórica de cerca de una veintena de artistas locales. Pero la creación artística, en esta edición, tiene un nombre propio muy significativo. Y este es Pablo Rueda, el ilustre ceramista de Castillo de Locubín, que ya tiene un museo con su nombre en su tierra de nacimiento, en el que se organizan visitas guiadas estos días. También, una de sus obras, ilustra el cartel de la Fiesta de la Cereza, un llamativo diseño con una mujer y el emblemático fruto y sus flores, como protagonistas.

Hoy y mañana esperan dos jornadas muy intensas de actividades para todas las edades. Destacan especialmente la carrera popular de 10KM Fiesta de la Cereza, una ruta guiada en autobús, los concursos gastronómicos y de productores, las degustaciones y showcooking. Por la noche, será protagonista la manta castillera y su licro de cereza, a los que se invitará a los asistentes, para coger fuerzas para una larga madrugada de verbena. Para mañana, hay rutas de senderismo “entre cerezos” y una intensa mañana deportiva, además de la destacada final del IV Concurso de Alta Cocina, antes del fin de fiesta de la noche.