El Día Mundial del Medio Ambiente, celebrado recientemente, no puede pasar desapercibido en una provincia eminentemente agrícola, el máximo sumidero de Dióxido de Carbono y un ejemplo de buenas prácticas en esos casi sesenta y siete millones de olivos que peinan el paisaje jiennense. En un momento en el que el cambio climático se evidencia con periodos de sequía y ciclones meteorológicos preocupantes, las administraciones públicas están obligadas a poner el foco en políticas de transición ecológica que supongan un compromiso real con la protección de los recursos naturales y la biodiversidad. Hay que pasar de las promesas a la acción en una de las comunidades autónomas más vulnerables a los efectos de las crisis relacionadas con el tiempo, porque la falta de agua prolongada, el aumento de las temperaturas, la pérdida de biodiversidad, la degradación de los ecosistemas y la creciente presión sobre los recursos hídricos son ya una realidad que afecta a la ciudadanía, al sector agrario y al conjunto de la economía. Empezar la casa por los cimientos será un ejemplo para la concienciación ciudadana, con una buena planificación que se aleje de la propaganda y de los intereses especulativos y se acerque a proyectos de generación empleo de calidad que garanticen el bienestar de las generaciones presentes y futuras. Hacen falta iniciativas encaminadas a apostar por las energías renovables bajo criterios de ordenación territorial y participación social y medidas eficaces para la adaptación al cambio climático que supongan, en definitiva, un cambio de rumbo en el que están implicadas las instituciones, los empresarios y los ciudadanos.