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CAMBIAMOS DE PIEL, NO DE ESENCIA

¿Y si es viable?

24-05-2026 / 08:56

Un mundo distinto al del pasado se está consolidando en nuestra sociedad. Desde nuevos modelos de producción más eficientes hasta un acusado descenso de la natalidad, todo apunta a que el futuro no se parecerá a lo que hemos conocido. Sin nuevas generaciones que recojan el testigo, se abren interrogantes sobre cómo organizaremos la vida, el trabajo y la sostenibilidad de nuestro sistema social.

Fomentar la maternidad y la paternidad tiene sentido, pero no es solo una cuestión moral o demográfica. Una parte de los jóvenes no desea tener hijos, y esa decisión debe respetarse. Sin embargo, existe otra parte, igualmente relevante, que sí quiere formar una familia y percibe que las condiciones materiales lo dificultan o incluso lo hacen inviable.

Las políticas actuales, como los permisos de maternidad y paternidad, son necesarias pero insuficientes. Reducir la jornada implica a menudo una merma salarial en un momento de alta presión económica: hipotecas largas, encarecimiento de la vida y escasa estabilidad laboral. En este contexto, no resulta extraño que la decisión de tener hijos pierda atractivo.

Quizá el problema no sea solo de ayudas, sino de organización del trabajo. ¿Y si determinadas empresas, especialmente en sectores donde no es posible el teletrabajo, habilitaran pequeños espacios para el cuidado puntual de los recién nacidos? Lugares donde los progenitores pudieran atender a sus hijos en momentos concretos de la jornada, sin necesidad de reducir su tiempo de trabajo ni sus ingresos. No se trataría de generalizar guarderías, sino de introducir soluciones flexibles y adaptadas a realidades específicas, siempre garantizando la seguridad y las condiciones laborales.

Este tipo de medidas no resolvería por sí solo el problema de la natalidad, pero sí representaría un cambio de enfoque: adaptar el entorno laboral a las necesidades reales de quienes desean formar una familia, en lugar de obligarles a elegir entre empleo y crianza.

Los poderes públicos, acostumbrados a repetir fórmulas ya conocidas, podrían impulsar y financiar iniciativas piloto de este tipo, evaluando su viabilidad en distintos sectores. Un mundo nuevo exige mentalidades distintas. La cuestión no es solo si estas ideas son perfectas, sino si estamos dispuestos a explorar alternativas.

Porque sin relevo generacional, tampoco habrá tejido económico que sostener en el futuro.

PEDRO MARÍN / ZARAGOZA

¡Cuánto daño habéis hecho!

Habéis traicionado a la izquierda los Koldo, Ábalos, Zapatero... La izquierda trabaja por lograr un mundo mejor donde exista la justicia social, la coherencia y la defensa del interés común... pero no para una red de privilegios, influencias y discursos vacíos. Quizá algunas conductas sean legales; eso tendrán que decidirlo los tribunales. Pero hay algo políticamente insoportable: sostener en público una cosa mientras en privado se ejecuta exactamente lo contrario. Los lobbies imponen un modelo que socializa pérdidas y privatiza beneficios con el dinero de todos, mientras quienes prometieron combatirlo terminan parasitando de él y sirviéndole. Y ahí es donde nace la mayor decepción: no la del error, sino la de la hipocresía. Cuando la izquierda renuncia a sus principios para lograr riqueza propia, deja de representar a los ciudadanos y se integra en el sistema que prometió transformar. Y eso no es una simple contradicción: es una traición política y moral que causa un daño irreparable. A pesar de los palos, sostengo que ese mundo mejor es posible.

MIGUEL FERNÁNDEZ-PALACIOS GORDON / MADRID