Motivos para una renovación profunda

    18 feb 2026 / 11:10 H.
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    Toca hacer propósito de enmienda y transformación honda. El mundo está siendo atravesado por un creciente número de conflictos; que, en lugar de cesar, toman más fortaleza; minando el espíritu armónico y la seguridad internacionales, los derechos humanos y el desarrollo sostenible. Indudablemente, la propagación del extremismo violento ha agravado aún más la crisis humanitaria, que ya sobrepasa los límites de una determinada región. A toda esta preocupación hay que sumarle, el retorno de la rivalidad entre las grandes potencias. Menos mal que los jóvenes cuestionan cada vez más la ortodoxia nuclear y el papel tradicional de las armas nucleares como garantes de seguridad. Esto debe injertarnos esperanza y un mayor sentido de responsabilidad.

    El precio de la humanidad es el compromiso; y, el conocimiento, debe hacernos ciudadanos de bien, comprometidos para restablecer el diálogo y reducir los riesgos, pidiendo que se haga todo lo posible por avivar la concordia. Sin duda, cuanto antes, debemos poner en orden nuestros movimientos para encontrar sitio en las mentes y en los corazones, que paralicen las contiendas y se ponga fin al enjambre de tragedias en curso a través de las negociaciones, respetando el derecho internacional. Otro de los pasos a seguir, considero que debe ser, la creación de un clima de confianza entre territorios diversos, con la salvaguardia y la ejecución de la innata exigencia universal, que parece ser el único camino para la tutela de la dignidad humana en situaciones de enfrentamiento bélico. Tanto la Estrategia Global de las Naciones Unidas contra el Terrorismo, que conmemora este año su veinticinco aniversario, al igual que el Plan de Acción de las Naciones Unidas para prevenir el Extremismo violento, que también celebra su décimo aniversario, nos recuerdan que no es suficiente con reforzar las medidas de seguridad, se precisan además otras disposiciones internas, cada cual consigo mismo, para poder cambiar de aires y volver a los vientos armónicos, ampliando de este modo el espacio cívico. Desde luego, uno tiene que aprender a reprenderse para poder convivir. Resulta verdaderamente sorprendente que la humanidad se halla globalizado y que todavía no sepa vivir en paz. Quizás porque no se nos ha educado para la convivencia, más bien para la conveniencia y el interés. El sencillo arte de vivir como hermanos aún no lo cultivamos, generando una cruel atmósfera de frentes y fronteras, que nos dejan sin palabras. Por desgracia, estamos más solos que nunca.

    Esta cultura globaliza y unifica al mundo, pero divide a las personas y a las naciones, las enfrenta haciendo prevalecer los intereses individuales y debilitando la dimensión comunitaria y social de la existencia. La política ha dejado también de ser la poética de servicio, la entrega generosa para el desarrollo de todos y el bien común, convirtiéndola en un campo de batalla constante, con un juego mezquino de descalificaciones, donde la mentira suele campear a sus anchas, sin respeto alguno, ni consideración hacia nadie. Por si todo esto fuera poco, por primera vez en más de medio siglo, nos enfrentamos a un orbe sin límites vinculantes sobre los arsenales nucleares estratégicos.

    Seguramente, esa renovación íntegra deba comenzar por imaginar un nuevo control de armas, ya que las tensiones geopolíticas aumentan y el riesgo de uso de armas nucleares es el más alto en las últimas décadas. Debemos invertir el rumbo, desarmarnos por completo y armarnos de paciencia, al menos para atendernos y entendernos. Únicamente así, podremos salir de este aluvión de agresividad vertida sin pudor alguno. Sea como fuere y, a pesar de estas sombras densas que no conviene ignorar, nos queda saber conjugar el espíritu positivo hacia cosas grandes, como la verdad y la bondad o la justicia y el amor. Veremos, entonces, esclarecer.

    VÍCTOR CORCOBA HERRERO / Jaén

    Inauguración del Olivo Arena

    Decía: “¡Lo apretados que íbamos en aquel autobús! ¡Y la boina tan ridícula que llevaba un chico descarado! ¿Y qué se le ocurre nada más subir, en una parada, después de pagar su billete? ¡Le da por reñir con un hombre que lo empujaba! ¡Y luego no se le ocurre nada mejor que ir corriendo a ocupar un asiento libre, en vez de cedérselo a una señora! ¡Y dos horas más tarde me lo encuentro en una plaza abarrotada! ¡Discutía acaloradamente con un amigo! ¡Como para no creérselo!”

    ANA CACHINERO / Jaén

    El 1 de la justicia

    La historia del Concurso Oficial de Agrupaciones Carnavalescas de Cádiz (COAC) es densísima, pero el pasado viernes escribió un nuevo capítulo con el triunfo, incuestionable, de la chirigota sevillana de Antonio Álvarez “Bizcocho”. Los saeteros de “SHHH!!!”, desde preliminares, iban volando hacia el preciado primer premio. En todos sus pases, golpes de humor a cuál mejores. Hay quienes tenían el temor de que, como ha pasado, el triunfo en chirigotas no fuera para una agrupación que no fuera de Cádiz. Ahora, se abre una etapa nueva en el Falla.

    FAUSTINO LASARTE GÁRATE

    Todos somos Iker Jiménez

    Pienso que no hay nada más insípido que la obtusa uniformidad de opiniones y de que deberíamos disfrutar de la discrepancia; la libertad de expresión respetuosa, no exenta de contundencia, es la base, los cimientos sobre los que estriba una sociedad que presuma de democrática. España se encuentra más polarizada, sumida en un ambiente efervescente y enrarecido. Los gobiernos teocráticos, totalitarios y autocráticos tienen como norma señalar con nombre y apellidos a quienes no les bailan el agua, ejemplos actuales: Irán, Venezuela y Nicaragua. Hace unos días, hemos visto al presidente del Gobierno señalando explícitamente a un periodista que no comulga con su ideario y lo critica sin acritud vez tras vez; no deja de ser una “tarjeta amarilla” que en caso de repetirse lo condenaría al ostracismo por divergir con el pensamiento imperante. Falta un cierre de filas, un corporativismo entre sus colegas de profesión, quienes en un futuro pudieran verse en la misma situación. “Y esto es esclavitud: no poder decir lo que piensas”. Eurípides dixit. La libertad de expresión no debe aplicarse sólo a los serviles, gobierne quien gobierne. Debatir, disentir, esgrimir argumentos, etc., nos enriquece como sociedad; es un arco iris del que debemos enorgullecernos y no debe difuminarse. Es nuestro horizonte.

    FRANCISCO JAVIER SÁENZ MARTÍNEZ


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