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CAMBIAMOS DE PIEL, NO DE ESENCIA

La manifestación que no organizó nadie

15-05-2026 / 08:57

Yo estuve en una esquina de la gran plaza de las Cibeles y uuufff, veía seriedad y firmeza en los que me rodeaban... había mucha gente sin tirar contenedores, ni prender fuego a las papeleras y vi una familia guardarse en el bolsillo el papel de los bocadillos. ¿Quién lo organizó? Dicen no fue Feijóo, no fue Almeida, ni tampoco Isabel Ayuso... fueron los líderes de la derecha radical, dura, agresiva, cruel , fiera, la que defiende mi portero, mi frutero, el padre de mi mayoral y varios agricultores y ganaderos no terratenientes.

Los nadie, ni siquiera dieron bocadillos a los asistentes, a los que llenaban la plaza de las Cibeles, aplaudiendo a los políticos que fueron, pero sobre todo a los políticos que no asistieron , pero que además les están tocando los cataplines a muchos trabajadores serios, familiares y con problemas de llegar a fin de mes, a fin de año. Hubo rumores en una esquina de la manifestación... un grupo de izquierda rompió un contenedor, a un escaparate de una tienda le pegó fuego... y al carrillo de los helados... la viejecita heladera llorando... No eran nadie pero todos, todos con los emigrantes, todos en el paro, a favor de Maduro, Putin y Yolanda Díaz, Bildu y Ezquerra Republicana añoraban por una Cataluña libre sin comunidad europea.

La organización “nadie” triunfó, pero no la pudieron sacar a hombros porque no existían y menos en las diferentes televisiones y radios, que pasaron por allí, como un suspiro, deprisa, como dándoles miedo, despreciando lo que estaban viendo, hicieron una pregunta muy deprisa para intentar no tener respuesta... Pablo Iglesias en silencio, y el gran líder, el gran ejemplo, el summum... Pedro Sánchez chilló. “No a la guerra” y se quedó sentado. La contestación fue sincera... se vean que se solucionaba todos los problemas “queremos políticos mejores que trabajen más por nosotros, que no roben; que no se avasalle desde el gobierno a personas con buenas intenciones y que intenten mejorarse y renovarse ellos y dimitir cuando vean que no pueden solucionarnos nuestros problemas”. Si la manifestación fue un éxito, por su sinceridad, su buenas intenciones y sobre todo por la ética consumada de sus líderes que de verdad, si los analizas fríamente de verdad, no son nadie.

SANCHO DÁVILA IRIARTE

Que no vuelvan a gobernar

Gobernar es, ante todo, un ejercicio de responsabilidad y respeto a la verdad. Sin embargo, España arrastra una anomalía democrática persistente: un PP que ha convertido la tragedia en su principal activo electoral. Su hoja de ruta es tan previsible como temeraria: cuando gobiernan, la respuesta es el ocultismo, responsabilizar a otros y el desprecio a las víctimas; cuando están en la oposición, el sabotaje y el ruido.

Ejemplos sobran: la manipulación informativa tras el 11-M; el desprecio a las víctimas del metro en Valencia; los “hilillos” del Prestige; las negligencias del Madrid Arena; el boicoteo a la rendición de ETA; el escándalo de las mamografías en Andalucía; el horror del Yak-42; el abandono hasta la muerte en residencias durante la covid; las mentiras y el desdén a las víctimas de la dana o el uso del volcán de La Palma para erosionar. Hoy, con el hantavirus, repiten el guion gritando “caos” sin rigor científico alguno, sembrando desasosiego y desconcierto entre la población.

No se trata de una discrepancia ideológica, sino de una degradación ética. Basta de jugar con el miedo y mercadear con las tragedias. La democracia no debe tolerar este asalto constante a la decencia. Quienes azuzan el miedo en lugar de ayudar en las crisis, jamás deberían gobernar.
MIGUEL FERNÁNDEZ PALACIOS- GORDON / MADRID

Un nuevo umbral para la presidencia del Gobierno

En los próximos días se cumplirá un hito significativo en la historia reciente de nuestra democracia: Pedro Sánchez superará el tiempo que José María Aznar permaneció al frente del Gobierno (2.904 días). Con ello pasará a ocupar el segundo lugar en duración en el cargo desde la restauración democrática, solo por detrás de Felipe González (4.903 días).

No es un dato menor si se tiene en cuenta el contexto extraordinariamente complejo en el que ha tenido que ejercer su responsabilidad. Durante estos años España ha atravesado una pandemia devastadora, la erupción volcánica de La Palma, episodios de graves fenómenos meteorológicos como la dana, conflictos internacionales de gran alcance como las guerras de Ucrania y Gaza o la creciente tensión en Oriente Próximo, además de tragedias como el accidente ferroviario de Adamuz o la reciente crisis del hantavirus.

Gobernar en tiempos así exige capacidad de decisión, templanza y voluntad de acuerdo. Podrán discutirse medidas concretas, como ocurre en toda democracia, pero también es justo reconocer una constante apelación al diálogo, a la negociación política y a la defensa de la paz en el ámbito internacional. En un momento en que la polarización y el ascenso de la extrema derecha tensionan la vida pública en muchos países, no parece irrelevante recordar el valor de esas actitudes.

Los aniversarios no deberían servir solo para alimentar el debate partidista, sino también para invitar a una valoración serena del tiempo político que vivimos.

JOSÉ MANUEL MONTES ROMERO / JAÉN

Pantallas

Se habla con frecuencia del uso, y a veces del abuso, del móvil como instrumento para múltiples tareas. Sin embargo, la realidad más visible es otra: vivimos rodeados de pantallas. Las encontramos en los hospitales, en las estaciones, en el transporte público, en numerosos servicios de la administración, en empresas privadas y, sobre todo, en el aumento de cámaras en vías públicas y entornos privados. Esta presencia constante influye, sin duda, en el desarrollo del ser humano. El entorno moldea a las personas. No en vano, lo que en otros tiempos se consideraba progreso —como la mecanización del trabajo— hoy genera ansiedad por su ritmo inhumano, igual que ocurrió con el tabaco. La cuestión de fondo es saber mantener el equilibrio entre el contacto humano de ayer y el presente digital. El avance tecnológico nos ha llevado a escenarios que la cultura tradicional jamás pudo prever. Muchas tensiones sociales actuales nacen de esa transformación acelerada, que no siempre respeta los ritmos de la experiencia humana. ¿Estamos adaptando la tecnología a nosotros... o al revés?

PEDRO MARÍN USÓN / ZARAGOZA