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martes, 18 junio 2019
21:35
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URGENTE
Imagen MIGUEL LECHUGA
Miguel Lechuga

Y tú, ¿para qué vives?

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En estas fechas los colegios, institutos y universidades celebran sus fiestas de graduación para aquellos alumnos que dejan el centro al cumplir una etapa educativa. Para mi gusto, alguna que otra graduación sobra. He disfrutado mucho con las de mis hijos y las seguiré disfrutando. Pero no me gusta que estos actos se queden en un mero recordatorio fotográfico de momentos vividos y una serie de declaraciones de buenas intenciones. Me gusta que haya algo más que el buen deseo de que se cumplan los sueños de los estudiantes. Me gustan los mensajes claros, sencillos, motivadores y realistas. Así es el que he podido ver, a través de internet, de José María Rodríguez Olaizola, dirigido a una promoción de estudiantes universitarios, y que bien nos puede servir a cada uno de nosotros para encontrarle sentido a la vida, quejarnos menos, ver el vaso medio lleno y ser más agradecidos. Su discurso no llega a doce minutos pero de él se pueden extraer unas cuantas enseñanzas. Comparto aquí que el mundo no es mío, ni de nadie, es un lugar común que ojalá lo deje un poco mejor que lo he encontrado. Que mis talentos, capacidades y logros son herramientas que puedo usar para bien o para mal; que pueden ser fecundas o estériles; que puedo construir con ellas jaulas de oro o puedo contribuir al bien común; y depende de mí dejar una buena huella en esta parte del mundo que me ha tocado vivir. Que no voy a vivir mejor porque disfrute de muchos momentos intensos, emocionantes y únicos; voy a vivir mejor si aprendo a amar los días grises, a disfrutar del ritmo cotidiano, a encontrar el valor de lo ordinario. Que es importante preguntarme para qué vivo, qué quiero, qué busco, que me ayude a encontrar ese sentido, esa pasión que tire de mí el resto de mi vida, y que pueda compartirla con otros con los que pueda establecer vínculos profundos en medio de este mundo de relaciones frágiles y virtuales. Que hay que pensar bien lo que se elige y la gente con la que compartir el camino, apostar por ello y luchar por conservarlo. Me seduce una vida con raíces en personas, lugares y compromisos cotidianos.