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domingo, 18 agosto 2019
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Juan Espejo González

Otro efecto corrector, y queda uno

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Ha habido elecciones y esta vez las encuestas cogieron la ‘música’ del electorado, la única sorpresa ha sido, pues, el no ‘sorpasso’ de la ultraderecha, que se vaticinaba como rún, rún en bares y en calles. Y todo pese a la tremenda caída del PP, que le aleja ostensiblemente del PSOE, en todo el gran triunfador, quien, además, ha sabido leer los tiempos y establecer una estrategia que en un año le coloca primero en votos en el Congreso, a gran diferencia del segundo (123 a 66) y con mayoría absoluta en el Senado, la clave para todo lo que tenga que ver con Cataluña. Las derechas, la cobarde, la valiente y la nueva derecha antes centrista clamaban por elecciones en Colón apenas hace unos meses y la suma de las tres no da para el Gobierno, tremenda realidad que abre unos tiempos distintos. Ha sido el efecto corrector del 2D.

Andalucía votó la salida del PSOE en las autonómicas de diciembre después de cuatro décadas, especialmente porque la tropa socialista no las tenía todas consigo con la labor de Pedro Sánchez en Cataluña (téngase en cuenta la emigración andaluza), lo que unido al atisbo de continuismo en las políticas de Díaz, provocó el gran descosido y la irrupción de Vox como clave de Gobierno (ya tienen el listado de los trabajadores en las políticas de mujer, un tremendo fracaso de la democracia y la dignidad de las personas). El 28A ha supuesto el primer efecto corrector y el pueblo sabio ha vuelto a dictar sentencia: No quiere extremismos controlando, imponiendo y secuestrando la labor de la mayoría, o sea, ha votado masivamente no a un Gobierno, como en Andalucía. Además, dice apostar por la vía del diálogo de Sánchez con respecto al problema catalán, tras oírlo proclamar repetidamente en campaña que no habrá referéndum, que no habrá independencia, que todo lo que haga lo hará con la Constitución en la mano, cuestión nada baladí que se dejó en el tintero en la campaña de Díaz para desesperanza de tantos emigrantes jiennenses en la Cataluña excluyente e incluso xenófoba de Torra y compañía. Cualquier análisis reposado de las elecciones del pasado domingo nos lleva a pensar que el aura tremendista de Vox ha arrastrado a PP y a Ciudadanos a un discurso extremista con el que han bajado en votos, aunque Rivera sale triunfante al acercarse a Casado tras el peor resultado jamás conocido (y eso que tenía toda la artillería detrás, Aznar incluido) lo que demuestra claramente a la tropa popular que Rajoy no era tan malo como ahora lo pintan. De aquí al último domingo de mayo queda un mundo y ya se están dando los primeros movimientos estratégicos de cara a las elecciones municipales, donde llegará un nuevo efecto corrector a lo que ha pasado el 28A y donde es clave la persona, el candidato. Si el PSOE no saca 95 alcaldes (solo ha dejado de ser la lista más votada en Aldeaquemada y en Iznatoraf) hay tres explicaciones posibles: a) que ha elegido de forma errónea a sus cabezas de lista; b) que los candidatos contrarios merecen la confianza de seguir gobernando y c) que Sánchez es Sánchez y Madrid es Madrid y ahora se vota otra cosa completamente distinta. La batalla por algunos pueblos se adivina por ello especialmente cruenta, con la capital como banco de pruebas para el bipartidismo reinante que aspira a sumar ‘satélites’ a su menguantes listas.