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domingo, 25 agosto 2019
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Juan Espejo González

El debe con Domingo Moreno

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  • 28/11/1997. Por Domingo Moreno Medina han pasado muchas de las grandes buenas historias de Jaén de los últimos tiempos, bien por la antigua “El Alcázar”, bien por Cruzcampo y su fundación.
    28/11/1997. Por Domingo Moreno Medina han pasado muchas de las grandes buenas historias de Jaén de los últimos tiempos, bien por la antigua “El Alcázar”, bien por Cruzcampo y su fundación.

Está dividida la vida, según los cánones tradicionales, entre gente buena o gente mala y decía Óscar Wilde, que eso es absurdo porque “solo hay gente encantadora o gente aburrida”. Y entre la gente encantadora de Jaén, encantadora, inteligente, amena, irónica y divertida, puñetera y con chispa, capaz y capacitada emerge un gran hombre de los de verdad, no de pose ni de escaparate, se trata de Domingo Moreno Medina, un segureño de Beas, un jiennense del mundo con los pies siempre en el suelo y la cabeza garabateando sin soslayo con las cosas de la cultura, algo que muchos no palpan ni tan siquiera llegan a ver, siendo el mejor alimento del alma. Es Domingo Moreno un tipo muy conocido en Jaén por su cargo de director comercial de las cervezas de siempre, y ahora, ya en el júbilo de su vida, como miembro y mecenas de tantos eventos a través de la Fundación Cruzcampo. Ha sido gerente de Ferias Jaén, en sus incipientes y quebradizos inicios y por sus manos ha pasado una legión de cosas buenas para esta tierra. Dicho de otra forma, la historia más reciente del Santo Reino no sería la misma sin su intervención, mismamente la mano que ha mecido la cuna en infinidad de cuestiones públicas, fueran deportivas, fuesen culturales, acaso también como deshacedor de entuertos entre gentes ‘disparejas’, que para eso Domingo ha tenido siempre una mano de diez. Nos unió en la vida, ea, un futbolista, Uli Stielike, que en los años 80 fue el portador de la buena nueva de la cerveza de Navidad de “El Alcázar”, cuando la fábrica estaba en manos de otro prócer de Jaén, Antonio Trujillo, y al cronista no le queda otra que rendirse ante un señor muy presentable, de los que gusta tener como amigos, con los que se aprende la tira.

Domingo Moreno es un hombre bueno en el sentido machadiano de la palabra y en una tierra cainita como pocas podría afirmarse con rotundidad que en torno a su nombre la aquiescencia es generalizada, lo que demuestra una habilidad mayúscula en saber hacer, pero especialmente refleja el poso de todo lo mucho que ha hecho este hombre por su Jaén. Nunca lo hizo para recibir, pero está claro que debería recibir al menos una parte de lo mucho que dio.