El guardián de la memoria
A lo largo de los siglos, los archivos históricos han sido mucho más que simples depósitos de documentos. Son la memoria profunda de nuestras sociedades. Entre estanterías silenciosas y legajos que huelen a tiempo, se conservan decisiones que cambiaron reinos, voces que nunca llegaron a alzar la voz y testimonios de vidas que, sin ese cuidado, habrían quedado en el olvido. Hoy, en una era en la que lo digital parece borrar aquello que no se comparte al instante, la tarea del archivero adquiere una importancia vital. Nos recuerdan que toda sociedad es un palimpsesto, escrito y borrado una y otra vez y que el pasado nunca está muerto, sino que solo aguarda a que alguien lo despierte. Pero esta memoria no se conserva sola. Detrás de cada pergamino restaurado, de cada fondo organizado y de cada documento que hoy consultamos con naturalidad, hay una figura esencial: el archivero. Su labor, minuciosa, silenciosa, casi monástica, impide que el caos devore el legado de generaciones enteras. En Jaén tenemos la enorme fortuna de contar con uno de estos grandes guardianes de la memoria: don Juan del Arco Moya, quien desempeña su labor de manera magistral al frente del Archivo Histórico Provincial, preservando de esta forma encomiable la identidad y la memoria de nuestro pueblo.