Actualizado
lunes, 22 julio 2019
05:10
h
URGENTE

Resolver el cubo de rubik, resolver lo imposible

Ver comentarios
|
02/06/2019

Erno Rubik inventó su famoso rompecabezas, el juguete más vendido de la historia, en 1974, aunque no se popularizó hasta principios de los años ochenta. Cabe preguntarse cuál es la relación existente entre el cubo de Rubik y las Matemáticas. Si solo se entienden como Matemáticas todos aquellos contenidos que un niño aprende durante un curso (a saber, fracciones, reglas de tres, ecuaciones, vectores, funciones...), pues entonces tal vez no se halle nunca la interconexión existente. Pero las Matemáticas van mucho más allá de todo esto, y los juegos manipulativos tipo cubo de Rubik trabajan destrezas que ayudan al desarrollo intelectual del niño.

¿De qué manera puede un juego como este mejorar el desarrollo cognitivo? El cubo de Rubik estimula el proceso de pensamiento y desarrolla el enfoque y la concentración, hasta el punto de que puede utilizarse con niños con dificultades de atención. También mejora la percepción visual y espacial, la lógica y el razonamiento. Desarrolla la memoria, y en general la capacidad de pensar. Ayuda a desarrollar el gusto por aprender nuevas estrategias e incluso la necesidad de razonar estrategias propias. Mejora la paciencia, y con ello el rendimiento académico en su conjunto. Fortalece las destrezas motoras finas. Es innegable que todas estas son habilidades deseables no solo para hacer Matemáticas, sino para infinidad de situaciones importantes de la vida.

¿Pero la resolución del cubo es solo un algoritmo? ¿Lo aprendes y ya está? ¿Un mecanismo del tipo mueves la pierna izquierda, luego la derecha, luego la izquierda otra vez, y al final habrás caminado? Sí, pero no. Con esta simplificación estamos dejando de lado las tres componentes adictivas que suponen el hecho de manipular, resolver y competir. Sobre lo primero, existen teorías que afirman que los niños que juegan activamente con puzles que se pueden explorar y tocar, son mucho más dados a entender los conceptos y desarrollar sus propias teorías acerca de ellos. Acerca de resolver, decía Martin Gardner que “da tanta satisfacción resolver un problema interesante por medio del pensamiento como voltear las diez clavas de madera con una sola bola de bowling”, y os garantizo que es cierto. He dado clases de aprendizaje de cubo de Rubik durante algunos años, y la expresión de las caras de los niños (y de los adultos) tras realizar el último movimiento y ver que todos los colores han vuelto a su lugar, es sencillamente impagable. Acaban de poner orden en el caos más absoluto, acaban de resolver lo que consideraban imposible, y con ello, acaban de sentir que pueden con todo, lo cual supone un gran espaldarazo para la autoestima. Pero ellos no se conforman con resolver. Una vez resuelto, buscan entender. Y una vez entendido, se lanzan a una frenética carrera por mejorar sus algoritmos, desarrollar nuevas fórmulas, relacionarse para compartir conocimientos, e incluso por adquirir cubos modificados que añadan dificultades extra. Porque el cubo de Rubik básico, el 3x3x3 que solo tiene 43.252.003.274.489.856.000 posiciones, es solo la punta del iceberg.